La bendición del rey en la Catedral de Trondheim – Nidarosdomen
Transmisión de una tradición milenaria de Noruega
La bendición del rey, tal y como se celebra actualmente en la Catedral de Trondheim, la antigua , remonta sus raíces a un milenio atrás. En este artículo intentaremos seguir el curso de esta tradición, desde el siglo X hasta nuestros días.
Por Rolf Grankvist
La ceremonia de bendición del rey tal y como se lleva a cabo actualmente en Nidarosdomen tiene un antecedente doble: en primer lugar, las aclamaciones de los reyes de Noruega en la asamblea del Øyrating, Trondheim, cuyo orígen lo hallamos probablemente en el siglo X; en segundo lugar, las coronaciones de los reyes noruegos, la primera de las cuales tuvo lugar en Bergen en el año 1163.
I. Aclamación del rey
La aclamación del rey, kongehylling o konungstekja – literalmente "tomar por rey" en la lengua antigua de Escandinavia – es una costumbre de raigambre germánica, que remonta sus orígenes a los tiempos en que Noruega se dividía en una serie de pequeños reinos. Constituía la expresión popular del hecho de aceptar a un hombre por rey y la declaración de lealtad hacia su persona. La realeza era por entonces una especie de monarquía hereditaria por elección, teniendo todos los hijos varones del rey igual derecho a sucederle en el trono.
Cuenta la Saga que un cacique proclamaba soberano al que resultase elegido entre los diferentes pretendientes, mientras los campesinos libres aclamaban al nuevo rey y golpeaban sus escudos. Durante el proceso de unificación de Noruega, en el periodo que va desde el año 900 al 1030, los muchos pretendientes al trono pertenecientes a la dinastía "de Hermosos Cabellos"comprendieron la necesidad de establecer una asamblea para aclamar al rey. Snorri Sturluson escribe en la saga Heimskringla (Historia de los Reyes de Noruega, obra de 1230 aproximadamente) que Harald el de Hermosos Cabellos fue ya aclamado rey de toda Noruega en asamblea celebrada en Trøndelag. Esta afirmación tiene tan poco fundamento que ningún historiador que se precie de serlo le ha dado el menor crédito. Cierto es también que Snorri menciona este episodio de pasada y una sola vez. Resulta más veraz, por el contrario, su afirmación de que Haakon I el Bueno fue el primer rey noruego aclamado por una asamblea. La aclamación de Haakon I tuvo lugar en asamblea celebrada en Trøndelag el año 935. Haakon I recibió el apoyo de Sigurd Jarl, que por aquel tiempo ejercía el poder en lo que hoy llamaríamos "la Noruega situada al norte de las montañas de Dovre". Por lo que respecta al emplazamiento de la asamblea de 935, escribió Anders Daae en 1906: "Con ser cierto que no se menciona en la saga, hay razón fundada para creer que esta asamblea se celebró en los bancos de arena (Øyra en la lengua antigua de Escandinavia) próximos a Nidaros."
Investigaciones recientes parecen, entretanto, indicar que la asamblea del Frostating precede cronológicamente a la del Øyrating, subsidiaria y establecida por el rey. Esto hace más que probable que la aclamación de Haakon I, de estar en lo cierto Snorre, haya tenido lugar en Frosta. El historiador P. A. Munch sostiene que el primer Øyrating de Nidaros fue convocado para aclamar a Olav Tryggvason como rey de todo el país en 995.
Sobre esta konungstekja escribe Snorre: "Olav Tryggvason fue aclamado rey de Noruega en asamblea general (allmannating) celebrada en Trondheim, como lo había sido Harald el de Hermosos Cabellos. En esta ocasión, se pusieron de pie los hombres del pueblo y sólo querían oir que se iba tomar por rey a Olav Tryggvason". De esta manera fue Olav "aclamado al puesto vacante de rey de Noruega", según escribe Grethe Authén Blom en "Hellig Olavs by" ("La ciudad del Santo Rey Olav"), obra publicada en 1997.
En cualquier caso, al narrar la aclamación de Olav Tryggvason en la saga, Snorri no menciona el Øyrating, ni tampoco lo hace en el pasaje de la aclamación de Olav II Haraldsson en Trondheim.
La primera aclamación de un rey noruego puesta por las sagas en directa relación con el Øyrating es la aclamación de Magnus I el Bueno en 1035. Snorri escribe: "Magnus Olavsson acudió con su ejército a la ciudad mercantil, donde fue bien recibido. Convocó el Øyrating, y, los campesinos reunidos en la asamblea, aclamaron a Magnus rey de Noruega, como lo había aconsejado su padre, el Rey Olav". Al citar esta fuente, no obstante, se debe hacer notar que Snorri Sturluson escribió sus sagas entre 1220 y 1235, es decir, unos 200 años más tarde. Obvia decir que este hecho resta importancia a la narración de Snorri, por tratar un evento del siglo XI.
Hay, de todas maneras, indicios de que las conclusiones de Snorri están basadas en un hecho histórico. Cabe pensar, como sostenía el profesor Gustav Storm a finales del siglo XIX, que el Øyrating lo hubiera establecido el mismo Olav I Tryggvason con el carácter de asamblea para aclamar al soberano del Reino de Noruega, teoría que refuerza la investigación llevada a cabo por el profesor Sandnes sobre las relaciones entre el Frostating y el Øyrating. Este último fue probablemente fundado al establecerse Nidaros y Trondheim como sede real y eclesiástica del país, lo que hoy llamamos capital y en la saga se denomina"cabeza de Noruega".
Mil años más tarde conviene dejar sentado que Trøndelag (región a la que pertenece la ciudad de Trondheim) gozó de preeminencia sobre otras regiones del país por hallarse allí el Øyrating, lugar de la elección y aclamación del rey de Noruega. La aclamación en el Øyrating ganó pronto importancia respecto de las efectuadas en otros ting del país. Con ello no se quiere decir que le correspondiera a título exclusivo la potestad de aclamar al monarca. Los pretendientes al trono podían ser aclamados en asambleas provinciales y disputarse más tarde la aclamación en el Øyrating. Así le ocurrió a Olav II Haraldsson, que fue aclamado Rey de Noruega conforme a la ley vigente en la región de Oppland y confirmado en la dignidad real en Trøndelag.
En el siglo XII, mientras duraron las luchas intestinas que jalonan este capítulo de la historia de Noruega, la aclamación de rey en el Øyrating llegó a ser elemento permanente de la lucha por el trono. El carácter "nacional" de la ciudad mercantil de Nidaros (Trondheim) resalta en vista del enterramiento de muchos de los reyes del período en su catedral. Los restos mortales de los que fueron reyes de Noruega hasta el año 1123 inclusive, sin importar la duración de su reinado ni el lugar de fallecimiento, reposan en la Ciudad del Rey Olav el Santo, a excepción de Magnus Barfot (el Descalzo), que fue muerto en Irlanda y allí sepultado, y de Sigurd Jordsalfare (el Peregrino de Jerusalén), fallecido en 1130. Este último está enterrado detrás de uno de los muros del coro de la iglesia de San Hallvard, Oslo, hacia donde el Rey iba en camino cuando le sobrevino la muerte. Según Grethe Authén Blom, este enterramiento constituye la primera señal de que Trondheim "no habría de seguir siendo por mucho tiempo primera ciudad real".
La Ley de Sucesión al Trono de l163 establecía el Øyrating como asamblea nacional investida de la potestad de aclamar al Rey de Noruega. Esta ley nunca llegó a estar en vigor, pero las leyes de sucesión al trono que se promulgaron a lo largo del siglo XIII ratificaron el contenido de una de sus disposiciones, en virtud de la cual, se constituye la asamblea que aclamará al rey de Noruega. Esta disposición legal coincide, a su vez, con la que recoge la contemporánea Saga de Sverre, en la cual se narra la aclamación del Rey Sverre en el Øyrating, en 1177. Sverre Sigurdsson parece ser el último monarca que intencionadamente asocia la proclamación del rey a la "vieja ley nacional", tal y como ésta aparece en el relato de la saga.
Desde la perspectiva histórica, es interesante constatar que muchos de los antiguos reyes noruegos, una vez aclamados en la de Trondheim, se trasladaban a las diferentes asambleas provinciales. El viaje de coronación del monarca para recibir el homenaje de sus súbditos puede insertarse también en el marco de esta tradición milenaria. La tradición noruega nos recuerda a la Eriksgatan (la vía del rey) de Suecia, que tenía lugar entre la aclamación y la ceremonia de coronación, celebrada en la ciudad de Uppsala.
II. Coronación del rey y aclamación
El Rey Sverre Sigurdsson fue aclamado según la vieja tradición en el Øyrating el año1177. La nueva costumbre de la consagración del rey, es decir, la coronación del rey en el transcurso de una ceremonia religiosa, había sido introducida ya en nuestro país. Esto ocurrió en 1163, con la coronación y unción de Magnus Erligsson en la ciudad de Bergen. De esta manera arraigó en Noruega una costumbre, en principio, ajena a los pueblos germanos.
La coronación es costumbre iniciada en Europa por los emperadores romanos de Oriente y Occidente, transformada en ritual sacro al convertirse el Cristianismo en religión oficial. La unción, que formaba parte de los rituales de coronación propios de la Europa cristiana, es una costumbre de orígen oriental. En el Antiguo Testamento se habla de la unción de David, Saul y otros personajes reales. La costumbre de coronar y ungir a los pretendientes al trono fue adoptada por los Francos a mediados del siglo V.
Magnus Erlingsson no era de sangre real por línea paterna. A la edad de cinco años había sido aclamado en el Øyrating, sin que asistieran muchos a la asamblea. Consta la participación activa del arzobispo en la asamblea, lo que podría indicar que se llevó a cabo una ceremonia de bendición del rey niño Magnus.
La aclamación de Magnus, nieto de Sigurd el Peregrino de Jerusalén nacido de su hija Cristina, supuso la ruptura con la antigua costumbre de la herencia al trono por línea paterna. Esto contravenía de forma grave las normas legales establecidas y hacía necesario reforzar la legitimidad de la aclamación por una alianza entre la Iglesia y el rey. Magnus Erlingsson fue ungido y coronado – es decir, consagrado – como supremo representante temporal de Dios en la tierra, en una ceremonia eclesiástica minuciosamente oficiada y común para todos los países católicos de Europa. En el transcurso de la primera ceremonia de coronación de Noruega, el Rey Magnus juró fidelidad y prometió ser leal al Papa. Por carta de privilegios otorgada al mismo tiempo, se convirtió, además, en vasallo de Olav el Santo. La ceremonia simbolizaba que la función real es de derecho divino y que se accede a ella por medio de la consagración. En prueba de sumisión por siempre al Eterno Rey de Noruega, ratifica en el documento el rey niño Magnus:"la corona real, la mía, que doy en ofrenda al santo altar de reliquias, y la de todos mis sucesores, la entrego a esta iglesia", es decir, a la Iglesia de Cristo – Kristkirken – de Nidaros.
En su libro "Hellig Olavs by", que se menciona más arriba, Grethe Authén Blom, tras haber estudiado a fondo la carta de privilegios, afirma que hay indicios de una coronación secreta, celebrada en Nidaros antes de la ceremonia oficial de Bergen. No nos detendremos, sin embargo, en tema tan complejo. Lo que sí hay que subrayar en un artículo que trata precisamente la consagración del rey es que la coronación real de Bergen reforzó el poder de la Iglesia de Noruega. Importa hacer resaltar que, por medio de esta ceremonia religiosa, el arzobispo Eystein transformó el antiguo culto a Olav el Santo. Todos los reyes hasta Magnus Erlingsson pertenecían a la dinastía de Olav II Haraldsson y el Relicario de San Olav se hallaba en las iglesias construídas por los reyes con el fín de custodiar las reliquias del Rey Santo. La relación entre la propiedad real de la iglesia y el Relicario había dejado ya de existir. A finales del siglo IX, Olav III Kyrre traspasó el dominio de la Iglesia de Cristo, en la que estaban depositadas las reliquias de San Olav, al arzobispo de Nidaros. De esta manera perdió la realeza el derecho de propiedad del Relicario y de la iglesia misma. La coronación de Bergen representa pues, en cierto modo, la última fase del traspaso del "título de propiedad" de Olav el Santo.
La siguiente coronación de un rey noruego tuvo lugar en 1194. El Rey Sverre Sigurdsson fue coronado en Bergen en circunstancias dramáticas. El arzobispo había huído del país, siendo obligado el obispo de Oslo a oficiar en su lugar la ceremonia de coronación y a ungir al nuevo rey. Estas ceremonias acrecentaron también la influencia de la Iglesia de Noruega en las aclamaciones reales. La aclamación constituía el fundamento jurídico del poder real. En la Edad Media, el tiempo de reinado de un rey se contaba a partir de su proclamación. La dignidad real no estaba pues directamente ligada a la coronación, si bien la ceremonia daba prestigio al rey y proporcionaba a la Iglesia mayor influencia en el momento de la proclamación del nuevo soberano.
Muerto el Rey Sverre Sigurdsson, se implantó un nuevo procedimiento de aclamación, en virtud del cual los campesinos libres aclamaban al rey, sin que pudiesen optar por uno de los pretendientes al trono. En realidad, la elección de rey se llevaba a cabo en reuniones aparte, a las que asistían los principales dignatarios del Estado y la Iglesia. Con ello, la aclamación del nuevo rey en el Øyrating se convirtió poco a poco en ceremonia de carácter fundamentalmente religioso.
Narrando la elección de rey que tuvo lugar en 1204, cuenta la Saga de Bagler que el Relicario de Olav el Santo fue bajado del altar mayor de la catedral Nidarosdomen y transportado al Øyrating. El arzobispo Eirik y los canónigos del capítulo lo llevaron en procesión desde Nidarosdomen hasta el Øyrating y de la asamblea de vuelta a la catedral. Esto implicaba igualmente que a la ceremonia secular de Øyrating se habían sumado la bendición eclesiástica y el acto de prestar juramento. La parte de la ceremonia de aclamación en que tiene lugar la bendición puede, de todas maneras, ser anterior a 1204. Es posible que en las primeras aclamaciones del siglo XI también hubiera habido rituales de bendición, pues los reyes cristianos tenían, como es natural, necesidad de pedir el apoyo divino para ejercer su función. De todas maneras, no se conservan fuentes anteriores al año 1204 que lo atestigüen, por lo que el supuesto se queda en mera hipotésis.
En 1217 tuvo lugar una disputa entre los prelados y las autoridades temporales con motivo de la elección de rey. Así se narra en la Saga de Haakon Haakonsson, que data de esta época: "El día mismo del Øyrating llegaron a la ciudad campesinos libres en procesión, como era la costumbre cuando se elegía rey. Conforme a la vieja costumbre, el pueblo se reunió en el lugar llamado Øyrane (los bancos de arena) con los que tocan las trompas. Luego, mandaron a buscar a los canónigos del capítulo para que trajeran a la asamblea el Relicario de Olav el Santo. Pero cuando los emisarios llegaron a la Iglesia de Cristo, la encontraron cerrada. Los sacristanes les dijeron que el capítulo excomulgaría a quienquiera que osare forzar las puertas del templo y llevarse el Relicario. Consultada la asamblea, se aconsejó nombrar rey a Haakon conforme a la vieja costumbre. El hombre que dio este consejo se llamaba Skjerbald y era de Gauldalen. Luego, dieron a Haakon tierra y súbditos, y todos los hombres de Trøndelag prometieron obedecerle y servirle de igual modo que si lo hubieran jurado y lo mismo él a ellos. Y así terminó la asamblea." De esta cita se desprende claramente que el juramento y la promesa de obediencia debían prestarse ante el Relicario de San Olav, elemento del ritual que en este caso faltaba. Concluida la ceremonia en el Øyrating , Haakon emprendió viaje para que le rindiera pleitesía el pueblo congregado en el Gulating y otras asambleas regionales del Este de Noruega.
El año 1339 el Øyrating fue de nuevo escena de un conflicto político. El duque Skule Bårdsson llamó a asamblea y convocó a los campesinos libres, los comerciantes y el pueblo llano al Øyrating. Decidido por fin a emprender la lucha contra Haakon, el duque Skule Bårdsson deseaba tomar nombre de rey. El arzobispo estaba en ese momento fuera de la ciudad y, en su ausencia, los canónigos del capítulo se negaron a entregarle el Relicario de San Olav para la ceremonia. El duque entonces ordenó a sus hombres, al frente de los cuales iba su propio hijo, traer el relicario a la asamblea. Se llevaron, además, el gran crucifijo de plata de la catedral de Nidaros y el hacha y la lanza de Olav. En el Øyrating, poniendo sus manos sobre el Relicario de Olav el Santo, el recien aclamado Rey Skule juró a sus súbditos mantener la ley de Olav el Santo. El nuevo monarca murió a manos de los hombres del Rey Haakon poco tiempo después. La importancia de la aclamación en el Øyrating se deduce del hecho de que, ya en abril de 1240, Haakon IV Haakonsson hizo aclamar a su hijo Haakon el Joven en esta asamblea en el transcurso de una ceremonia solemne. En presencia del arzobispo, el alto clero y la nobleza, el Rey prestó juramento poniendo sus manos sobre el Relicario.
La Ley de Sucesión al Trono de 1260 mantuvo el procedimiento de entronización establecido en la Ley del mismo nombre de 1163, en la cual se determina que el pretendiente al trono deberá convocar el Øyrating. El estatuto de la guardia real, de los años 1273 a 1277, establece legalmente una forma particular de ceremonia de aclamación, que pone de manifiesto el boato con que debió ejecutarse esta ceremonia durante largo tiempo. El estatuto se limita a establecer reglas generales para la aclamación, sin poner el acto en relación directa con el Øyrating, como lo hacen, por el contrario, las leyes de Sucesión al Trono de 1260 y 1273, respectivamente. Desde la perspectiva histórica resulta interesante resaltar que la bendición de la Iglesia formaba parte del ritual de entronización. Textualmente: "El pretendiente al trono hará cantar una misa en su honor. Tras la misa, el pretendiende se dirigirá al altar y pedirá de todo corazón piedad a Dios, por intercesión de la santísima Virgen María y de San Olav. A continuación, se arrodillará y recibirá la bendición del obispo" A excepción del sacrificio de la misa católica, la ceremonia de bendición en nuestros días transcurre íntegramente conforme a las normas del estatuto de la guardia real de Magnus Lagaböte (el Legislador), del siglo XIII. Con ello, la narración de la Saga de Bagler, de 1204, se convierte así en parte de la legislación noruega. Ya hemos dicho que la ceremonia de bendición de los reyes es probablemente más antigua, pues es natural que los reyes cristianos celebraran una misa de gracias después de ser proclamados. Sobran motivos para suponer que tal fuera el caso cuando se proclamó rey Magnus Erlingsson, ceremonia que ofició el arzobispo Eystein. Así se justifica que podamos hablar de "tradición milenaria", cuya primera fuente data de 1204.
Las Leyes de Sucesión al Trono, de 1260 y 1273 respectivamente, designaban como heredero del rey a su primogénito varón, con lo cual se ponía fin a la posibilidad de optar entre varios pretendientes. Pese a ello, la tradición de aclamar al rey de Noruega en el Øyrating continuó siendo un importante elemento jurídico de la sucesión. La ley establecía que, en el plazo de un mes a contar desde la muerte del rey, el heredero al trono viajara al norte del país, la tierra de su antepasado Olav I el Santo. Se procedía seguidamente a convocar el Øyrating , que aceptaba al pretendiente como rey y éste último juraba gobernar a sus súbditos bajo el signo de la Ley y la Justicia.
El último rey proclamado en el Øyrating según mandan la ley y las viejas costumbres fue Haakon V Magnusson. El otoño de 1299 se convocó el Øyrating para proceder a la aclamación del nuevo rey. Acabada la ceremonia en el lugar de la asamblea, los altos dignatarios eclesiásticos y temporales acudieron a Nidarosdomen, donde se ofició una misa solemne. Se desprende de las disposiciones legislativas que debió tratarse de una consagración en el transcurso de un oficio religioso, acorde con la tradición recobrada por el Rey Olav V en 1958 y que el Rey Harald V transmitió a su vez en 1991.
En el siglo XIV, la escena de las ceremonias de proclamación de los reyes se trasladó del Øyrating al claustro de Nidarosdomen, donde se erigió un trono de coronación. Sabemos que éste fue utilizado por Olav IV, en 1381, y Eirik III, en 1389. En ambas ocasiones, la Reina Margarita de Dinamarca envió a Nidaros a los pretendientes al trono, menores de edad, al objeto de asegurar la legitimidad de su reinado. Documentos de 1381 y 1389 muestran que las dos ceremonias se oficiaron conforme al estatuto de la guardia real. En 1389, la Reina obligó al poderoso canciller Haakon Jonsson a aceptar por rey a Eirik III, si bien aquél tenía, por razón de su parentesco con la vieja casa real noruega, igual derecho al trono que el pretendiente propuesto por Margarita.
Las cinco coronaciones efectuadas en Noruega antes de 1299 se celebraron en Bergen. No se conoce a ciencia cierta si Haakon V fue coronado en Nidaros o en Oslo, sin que vayamos a ocuparnos aquí de tan amplia discusión en materia de fuentes.
Si se prefirió Bergen en lugar de Trondheim como sede de la ceremonia de coronación a partir del año 1163 fue por varias razones. Entre ellas cabe mencionar la guerra civil y la rivalidad existente entre el Rey y la Iglesia. Otra razón de peso es que Bergen en el siglo XIII era el centro administrativo gubernamental y real, es decir, capital del territorio del monarca de Noruega.
A partir de 1319, Noruega fue arrastrada a la Unión con Suecia y Dinamarca y con ello desaparecieron practicamente las tradiciones genuinamente noruegas de las ceremonias de proclamación y coronación. Cristóbal de Baviera se coronó rey de Noruega en virtud de un tratado de 1442, y otro tanto hizo Cristián II en 1514. Las dos ceremonias tuvieron lugar en Oslo.
Mientras duraron los conflictos políticos del siglo XV, Trondheim volvió a ser sede de las ceremonias de aclamación, y ahora, también de las coronaciones. Esto se explica esencialmente por el hecho de que que el arzobispo primado era asimismo presidente del Consejo del Reino de Noruega.
Influyó igualmente que los pretendientes al trono aseguraban su legitimidad enlazando el derecho a la dignidad real con la venerable tradición de la aclamación, refrendada por una ceremonia religiosa en Trondheim.
Carlos VII Knutsson, de la línea de los Bonde, fué aclamado y coronado rey de Noruega bajo el nombre de Carlos I Knutsson en Trondheim en 1449. En la carta que narra el acontecimiento se dice que Carlos I fue elegido rey "en el lugar indicado por nuestra ley escrita como sitio donde los reyes legítimos han de ser elegidos y coronados". El valor histórico de la carta es escaso por lo que se refiere al tema de las coronaciones, si bien tenía importancia política dejar sentado que la sede arzobispal era el centro del país. La ceremonia de consagración estuvo a cargo del Arzobispo Aslak Bolt, que dirigía la oposición noruega contra Cristián I de Oldenburgo, a quien el Consejo del Reino de Dinamarca había elegido rey casi simultáneamente.
Al fallecer el arzobispo, Cristián I emprendió el largo viaje hacia el norte, que lleva a Nidaros, aceptando ser coronado y aclamado en Trondheim el 2 de agosto de 1450. El 20 de julio de 1483, emprendió su hijo Hans el mismo camino para ser, a su vez, aclamado y coronado en la antigua ciudad noruega , sede de las proclamaciones de los nuevos reyes. Esta sería la última ceremonia de aclamación y coronación celebrada en la ciudad de Olav el Santo hasta el año 1818.
En 1536 entramos en lo que se conoce con el nombre de "periodo de dependencia". Los reyes de Noruega y Dinamarca se coronaban en Copenhague, si bien la Casa de Oldenburgo prefirió mantener una forma de ritual de aclamación en Noruega, porque armonizaba con las tradiciones danesas de monarquía por elección. Estas proclamaciones, que marcaban solemnemente la subida al trono de un nuevo rey, se celebraban en la ciudad de Oslo, teniendo lugar la última de ellas en 1661.
III. Proclamación, coronación y consagración a partir de 1814
Por la Constitución de 1814, Noruega se convirtió en monarquía constitucional. La Asamblea Nacional, reunida en Eidsvoll, resolvió, a propuesta de Nicolai Wergeland, "que la celebración de la coronación del rey tuviera lugar en la catedral de Trondheim, al alcanzar éste la mayoría de edad, en el tiempo y por la ceremonia que él mismo decidiese". Por decirlo en las palabras de Sverre Steen, con esta resolución, la Asamblea Nacional "deseaba trabar lazos con el pasado, con los tiempos de gloria de la Edad Media y así, solemnemente, manifestar el resurgir de Noruega como nación libre".
Cuando en 1814 se tuvo que designar la iglesia en la que se celebrarían las coronaciones, el magnífico libro de Gerard Schøning sobre la catedral de Trondheim hizo sin duda una fuerte impresión. Nuestra única catedral medieval estaba, a decir verdad, en un estado lamentable. El artículo de la Constitución relativo a la Corona tuvo el efecto de hacer que este santuario de toda Noruega renaciera de sus cenizas, como el ave Fénix, para convertirse en una de las catedrales góticas más hermosas y de estilo más puro de toda Europa. También podemos decir que Nidarosdomen es y será siempre un monumento sagrado de nuestra nación.
En 1814, la idea en base a la cual se concebía la coronación estaba igualmente ligada a elementos medievales que eran la aclamación y la consagración. La tradición de celebrar las ceremonias de aclamación en la ciudad de Trondheim seguía indudablemente viva. Hay ciertos indicios que invitan a pensar que Carsten Anker y el obispo Peter Olivarius Bugge recomendaron al principe Cristián Federico que se hiciera proclamar rey de Noruega en Trondheim, en virtud de sus derechos de sucesión. La ceremonia estaba prevista a su visita a dicha ciudad en febrero de 1814.
La proclamación no llegaría nunca a celebrarse. En su lugar, se informó a Cristián Federico del contenido de un escrito en el cual se le exhortaba a convocar una asamblea que se encargara de elaborar la nueva constitución de la nación. Idénticos puntos de vista encontró el principe en la región Este del país, lo que le hizo cambiar de opinión y convocar la asamblea constituyente.
En una monarquía constitucional, la coronación carece por completo de valor jurídico. Así era también, como ya indicamos, en la Edad Media. Según la Constitución de 1814, el rey puede reinar legalmente sin necesidad de haber sido coronado. Por razones diversas, que no vamos a tratar aquí, no se coronaron ni Carlos II (rey de Noruega de 1814-1818 y rey de Suecia bajo el nombre de Carlos XIII) ni Oscar I (1844-1859).
La Constitución no contempla la ceremonia de proclamación propiamente dicha. La jura, que en la Edad Media formaba parte de la ceremonia de aclamación, pasó, a partir de 1814, a convertirse en acto solemne celebrado ante el Parlamento, el Storting. Esta jura tenía una clara función de derecho constitucional. Desde una perspectiva histórica a largo plazo, podemos decir que la ceremonia de la jura fue transferida de Nidarosdomen a la Sala del Storting de Oslo. Por lo que respecta a la consagración que seguía a la ceremonia de aclamación real en vigor durante la Edad Media, ésta no podía naturalmente traspasarse al Storting. La consagración del rey, en lo sucesivo, consistiría en la bendición por parte del obispo de las insignias de la corona, entregadas al rey a título de símbolos de la monarquía durante la ceremonia de coronación. La jura fue igualmente integrada en la ceremonia de coronación, sin que se concediera función jurídico-constitucional alguna al acto de prestar juramento.
Según la Constitución, la coronación, bendición y unción del rey en nuestro santuario nacional tendrá lugar conforme a la ceremonia que "el rey mismo determine". Esto implicaba oficiar una misa especial, acto al mismo tiempo de derecho constitucional y eclesiástico, cuyo rasgo principal era la bendición del rey por el ministro de la Iglesia. Esta consagración era aún más significativa si se tiene en cuenta que, desde la Reforma, el rey era el supremo dignatario de la Iglesia de Noruega.
Puesto que la Constitución concede al rey la potestad de decidir el contenido de la ceremonia de coronación, era natural que Carlos Juan III (Carlos Juan XIV de Suecia) se hiciese coronar rey en ceremonia al estilo sueco, celebrada en 1818. Las ceremonias de coronación suecas vigentes por entonces remontaban sus raíces a 1772, año de la coronación de Gustavo III. En su libro "Kroninger og Regalier" (Coronaciones e insignias de la Corona), de 1988, Trygve Lysaker describe la ceremonia de 1818 de la manera siguiente: "Su Majestad fue recibido a la puerta de la iglesia por Monseñor F. J. Bech de Cristianía, el obispo local, Monseñor Bugge y varios sacerdotes de la diócesis y escoltado hasta el trono, erigido en el extremo superior del coro, mientras el manto real y las insignias de la Corona eran colocadas en el altar mayor.
Después de la misa, en la cual el sermón de coronación estuvo a cargo de Monseñor Bugge, siguió la ceremonia propiamente dicha. El Ministro Fasting y Monseñor Bech bajaron el manto real del altar mayor y lo pusieron sobre los hombros del monarca. El juramento del rey lo pronunció el Primer Ministro, Peder Anker, y Su Majestad repitió la fórmula con la mano levantada. Seguidamente, Su Majestad se puso de rodillas y descubrió el pecho. A continuación, Monseñor Bech le ungió la frente, el pecho, la sien y la muñeca. Vuelto de nuevo a su puesto, el Primer Ministro y el obispo colocaron la corona en su cabeza. Las restantes insignias de la Corona fueron entregadas al rey por los ministros que las habían transportado en la procesión, acompañados del obispo, que por cada parte de la ceremonia rezaba una oración. El heraldo de armas del rey se puso entonces al frente y proclamó "El rey Carlos Juan XIV es ahora Rey del Reino de Noruega, en persona y a exclusión de cualquier otro" Un saludo de 224 cañonazos desde las fortificaciones y navíos de guerra atracados en el puerto daban simultáneamente a conocer a todo el pueblo que había sido coronado el rey."
Esta ceremonia, a excepción del juramento de fidelidad de los ministros al rey, detalle omitido en la anterior citación, fue la utilizada durante la coronación de Carlos IV (Carlos XV de Suecia) y la reina Luisa, en 1860, y la de Oscar II y la reina Sofía, en 1873.
Stiftsgården (originariamente residencia del gobernador de la provincia), actualmente residencia real en Trondheim, fue morada real en ocasión de las tres coronaciones que allí tuvieron lugar en el siglo XIX. Los tres reyes permanecieron en la ciudad durante muchos días y la procesión de coronación desde Stiftsgården hasta la catedral se fue haciendo cada vez más fastuosa. Esto da a entender el positivo desarrollo económico experimentado por la ciudad de Trondheim en el siglo XIX y, en general, también por el Estado de Noruega. La nación podía permitirse un gasto mayor por tratarse de un acontecimiento de alcance nacional. A pesar de las diferencias existentes entre Suecia y Noruega durante el siglo XIX, no nos consta que hubiera apenas oposición a festividades tan pomposas. Las coronaciones reales parecen haber sido celebraciones nacionales en homenaje a reyes que lo eran al mismo tiempo de Suecia y de Noruega.
La última consagración real acaecida en Noruega en el marco de la Unión tuvo lugar el verano de 1906, año en que se coronó el fundador de nuestra nueva casa real, Haakon VII, acompañado de su consorte, la reina Maud. El periodo de Unión con Suecia había concluído y Noruega era ahora una nación independiente y soberana, sin obligaciones como consecuencia de la Unión. Esto quedó naturalmente reflejado en la ceremonia de coronación, que en su mayor parte transcurrió de la misma manera que las precedentes. La procesión de coronación de Stiftsgården a la Catedral fue, sin embargo, suprimida y las insignias de la Corona habían sido colocadas en el altar mayor con anterioridad a la entrada del rey en Nidarosdomen. Por primera vez desde 1531 se utilizó la Catedral Nidarosdomen en toda su amplitud. Las obras de restauración emprendidas en 1869 estaban tan avanzadas en 1906, que el extremo oeste de la nave podía utilizarse como salón catedralicio provisional. Dos mil trescientas personas asistieron a la ceremonia solemne de coronación.
En 1908 se anuló el artículo 10 de la Constitución, relativo a la coronación, con sólo dos votos en contra. La Comisión de Control y de Asuntos Constitucio