La cooperación nórdica
La cooperación nórdica constituye, en primer lugar, una comunidad extraoficial de dirigentes de los Estados nórdicos. Si un político, o un alto funcionario danés, tiene dudas acerca de una resolución noruega, llamará por teléfono a su colega noruego, que le aclarará el asunto sin necesidad de mediar de oficio el Ministerio de Asuntos Exteriores. Otro tanto ocurre cuando en Noruega no se entiende el contenido de una resolución danesa, finlandesa, sueca o islandesa. La pertenencia a la misma región, la afinidad de los idiomas y la amplitud de las relaciones mantenidas entre los altos funcionarios, personalidades políticas y oficiales nórdicos han dado lugar a un procedimiento menos burocrático y más personal. La cooperación nórdica constituye una amplia red de contactos de índole no formal, con frecuencia mucho más firmes que las jerarquías formalmente establecidas.
Por Ola Tunander
Este sistema se ha desarrollado dentro del Consejo Nórdico, pero las condiciones necesarias han sido puestas, ante todo, por el Consejo Nórdico a través de sus numerosos grupos de trabajo y comités y por medio de una serie de decisiones que fomentan la movilidad y las relaciones entre los países miembros: el establecimiento de un mercado laboral común, la unión nórdica de pasaportes, la armonización legislativa y la convención nórdica de seguridad social, que garantiza a los ciudadanos escandinavos el derecho a percibir en los países vecinos prestaciones por enfermedad, ayuda individual asistencial, subsidio de desempleo y pensiones. Ningún ministro nórdico podrá tomar una decisión que afecte directamente a los otros países nórdicos sin informar previamente a los ministros de los países implicados y discutir con ellos el asunto. En el Norden [unidad territorial que se compone de los cinco países nórdicos: Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia y Finlandia, así como también por los territorios autónomos de las Islas Faroe, Groenlandia y la Isla de Åland] las decisiones interestatales en materia de política económica, laboral y social no incumben en primer lugar al ministerio de Asuntos Exteriores, sino al ministerio específico en cada uno de los países, como si el Norden, en ciertos aspectos, fuera un Estado de estructura suelta.
El nacimiento del sistema nórdico
Voltaire describió a Carl XII de Suecia y a Pedro el Grande de Rusia como príncipes nórdicos, y nosotros mismos hemos bautizado con el nombre de "la gran guerra nórdica" a la que tuvo lugar entre ellos. Hasta principios del siglo XVIII, no existía ningún territorio nórdico claramente definido. Éste se consideraba compuesto por Dinamarca, Suecia y Rusia, inclusive las provincias noruegas, finlandesas y bálticas. En otras palabras,"el Norden" o "los países del norte" comprendía fundamentalmente el territorio marítimo situado al norte de Alemania y Polonia. El concepto actual de Norden no cristalizó sino mucho tiempo después. Su creación data de comienzos del siglo XX, pero remonta sus raíces a la orientación pro nórdica de la literatura del siglo XVIII y al Escandinavismo, movimiento cultural de mediados del siglo XIX. Ambos pretendían unir a los enemigos de siempre para defenderse ante una amenaza exterior.
En una fase posterior, el Escandinavismo tenía por ambición la "refundación" nacional sobre las bases de una lengua común y un pasado histórico con frecuencia compartido. La lucha por la unidad escandinava coincidió cronológicamente con la lucha de Alemania e Italia por conseguir la unidad nacional. En comparación con los dos países mencionados, existía en Escandinavia una notable uniformidad lingüística, religiosa y política. Sin embargo, al contrario que los proyectos de unificación nacional de Alemania e Italia, el Escandinavismo fue un fracaso. La hegemonía sueca intranquilizaba a Noruega, al tiempo que Suecia (a diferencia de Prusia y de su papel en la unificación de Alemania) era demasiado débil para garantizar la seguridad de Dinamarca. Pero el intento de acercar a estos países de extensión reducida e idiomas tan afines continuó con el "Nordismo" de finales del siglo XIX y principios del XX, y ello, particularmente, porque el Nordismo brindó a daneses y suecos la oportunidad de tratar su decepción. Las perdidas territoriales sufridas por Dinamarca y Suecia fueron acontecimientos traumáticos a los que se hizo frente, entre otras cosas, con la creación del "Norden" –entidad que incluía a las soberanas Noruega (1905) y Finlandia (1917) y a la autónoma Islandia (1918)–, una especie de "reconquista simbólica de las provincias perdidas". La asociación Föreningen Norden fue creada en 1919 por iniciativa sueca. En el himno nacional de Suecia se dice "Quiero vivir y morir en el Norden", y no en Suecia, como si la grandeza de Suecia se hallara fuera de sus confines: en el Norden.
Lo anterior, con ser verdad, no lo es del todo. La mayoría de las iniciativas nórdicas fueron puestas en marcha por Dinamarca –con el apoyo de Noruega e Islandia– haciendo alusión a los lazos culturales y al sentimiento de comunidad histórica. Las lenguas escandinavas, la religión protestante y la tradición legislativa común, la historia vikinga, la mitología precristiana y los territorios comunes aunque controvertidos, ya bajo el dominio de unos ya de otros, han creado las bases de una identidad nórdica común. La Dinamarca medieval comprendía Noruega y grandes extensiones de la actual Suecia y la región Báltica. La Unión de Calmar del siglo XV agrupaba el conjunto del espacio nórdico, mientras que la Östersjöväldet (la hegemonía báltica) sueca del siglo XVII se extendía hasta las antiguas provincias danesas de la Suecia meridional y del Báltico, al tiempo que seguía comprendiendo Finlandia y lo que actualmente constituye la región de San Petersburgo. Al reino nórdico occidental dano-noruego se oponía el reino nórdico oriental sueco, o más bien sueco-finés-báltico.
La primera característica del Norden en siglos siguientes es el traspaso de poblaciones y territorios de una potencia a la otra, además de la pérdida de poder, primero de Dinamarca y luego de Suecia, seguida de la emancipación de Noruega, Finlandia e Islandia. Los nuevos Estados se rebelaban contra sus "madres patrias", si bien su falta de experiencia administrativa les llevaba a copiar los modelos políticos y administrativos de éstas. En el siglo XX, el Norden se convirtió en un sistema de pequeños Estados dotados de características similares y desprovistos de un poder central fuerte capaz de mantenerlos unidos. Suecia, que en diversas ocasiones había apoyado militarmente a los otros Estados y que habría podido encarnar al mencionado poder central, no acudió en defensa de Dinamarca en 1864, ni de Finlandia en 1918 y en 1939, como tampoco auxilió a Noruega en 1940. Los países nórdicos más pequeños figuraban como una especie de corteza externa cuya misión era proteger al país nórdico central, Suecia, contra los ataques del exterior. Durante las negociaciones sobre el asunto de una alianza defensiva escandinava en 1948-1949, los negociadores noruegos desconfiaban del pragmatismo sueco. Al mismo tiempo, Suecia era demasiado débil como para asegurar la defensa del Atlántico Norte, inclusive sus islas, sus mares y su zona litoral. En 1949, fracasaron las negociaciones sobre el asunto de la alianza de defensa escandivava.
El Consejo Nórdico y la cooperación informal
El Consejo Nórdico y su cooperación cultural y política fueron creados en 1952. Concebido como arena común de cooperación para los parlamentos y gobiernos nórdicos, debía compensar la perdida unidad en materia de política de seguridad. El Consejo Nórdico reunía a delegados daneses, islandeses, noruegos y suecos. En 1956, Finlandia ingresó como miembro una vez estabilizada su situación a mediados de los cincuenta. En 1970, los territorios autonómos de Åland y las Islas Faroe pudieron enviar delegados propios dentro de las delegaciones de Finlandia y Dinamarca, respectivamente. En 1984, se incorporó a su vez Groenlandia, también formando parte de la delegación danesa. Desde entonces, Noruega y Suecia disponen de 20 delegados cada una, Finlandia de 18 (más 2 por Åland), Dinamarca de 16 (más 2 por las Islas Faroe y 2 por Groenlandia) e Islandia de 7. Las decisiones del Consejo no vinculan a los países miembros, pero los gobiernos nacionales respectivos optan frecuentemente por seguir sus recomendaciones. Una vez claramente definida la posición de Finlandia tras la llamada "crisis de la nota diplomática", en 1961 (Moscú mandó una nota relativa a las consultas militares con Finlandia), la cooperación nórdica se desarrolló en numerosos ámbitos: en materia de política cultural, social y económica, en asuntos jurídicos y especialmente, a través de contactos entre altos funcionarios y partidos políticos nórdicos.
Por aquel tiempo, el Consejo Nórdico había puesto ya en aplicación una unión nórdica de pasaportes, un mercado laboral común y una convención de la Seguridad Social, medidas resumidas en el acuerdo de Helsinki de 1962. Estas disposiciones contribuyeron a estrechar los lazos existentes entre los Estados nórdicos. La armonización de la legislación vigente en cada país se imponía por razones practicas y era directa consecuencia de los contactos de carácter informal entre los responsables de la toma de decisiones. El proyecto de cooperación nórdica estuvo apoyado por el Banco Nórdico de Inversiones (Nordisk Investeringsbank, NIB), mientras que la actividad cultural recibió el apoyo del Fondo Nórdico para la Cultura. En 1971 se creó el Consejo de Ministros de los países nórdicos, que reúne a los ministros nórdicos según sus ámbitos de competencia respectivos. La secretaría central del Consejo de Ministros se halla en Copenhague. Las resoluciones unánimes del Consejo son vinculantes para los diferentes Gobiernos, pero reviste mayor importancia el hecho de que sus reuniones fomentan el contacto entre ministros. El Consejo Nórdico y el Consejo de Ministros Nórdicos se han ido convirtiendo poco a poco en ocasión de contactos formales, pero sobre todo extraoficiales, entre personalidades políticas nórdicas. Los contactos entre representantes de los partidos hermanos escandinavos (socialdemócratas, conservadores, centristas, etc.) se hicieron frecuentemente más estrechos que los establecidos entre los diferentes partidos de un mismo país. Lazos afines se desarrollaron entre los altos funcionarios nórdicos. Estos contactos informales constituían el núcleo de la cooperación nórdica.
En el ámbito económico, la cooperación era, en muchos sentidos, más limitada. El intento de establecer una unión nórdica de pasaportes se vio en 1959 coronado con el éxito mediante la creación, por iniciativa británica, de la Asociación de Libre Comercio (EFTA, European Free Trade Area). La EFTA estaba en principio concebida como un bloque comercial británico-nórdico frente a la CEE (Comunidad Económica Europea), más tarde CE (Comunidad Europea) y actualmente UE (Unión Europea). A finales de los años sesenta, los Estados nórdicos intentaron ampliar la cooperación económica a través de la Cooperación Económica Nórdica (NORDEK, Det nordiska ekonomiska samarbetet), pero las negociaciones fracasaron en 1970, dado que, en el marco de la NORDEK, la solicitud danesa de ingreso en la CE era incompatible con los estrechos lazos existentes entre Finlandia y la Unión Soviética. Las diferencias en materia de política de seguridad habían puesto límites al desarrollo de la cooperación económica nórdica. En 1973, después de que Gran Bretaña y Dinamarca hubieran abandonado la EFTA para integrarse en la CE, los países de la EFTA lograron un acuerdo de libre comercio con la CE que los acercó más al sistema comunitario europeo. Sin embargo, las diferencias económicas y en materia de política de seguridad dieron orígen a la aparición de fuerzas claramente centrífugas. A consecuencia de su ingreso en la CE, Dinamarca tendía hacia el sur; Finlandia, hacia el este, a causa de su creciente cooperación económica con la Unión Soviética; Noruega, hacia el oeste, como consecuencia de su arraigada identidad atlántica. Suecia, entretanto, seguía ocupando "un centro preeminente" debido a su política de neutralidad. Desde la perspectiva político-económica, los países nórdicos tendían hacia puntos cardinales opuestos, al tiempo que los lazos políticos entre ellos, el mercado laboral común y la unión nórdica de pasaportes reforzaban la unidad escandinava. La cooperación política estrecha e informal había creado un Norden relativamente unido, con soluciones políticas afines y dotado de una identidad nórdica propia, como quedaba claramente de manifiesto en la escena internacional. Los países nórdicos desempeñaron un papel importante en las Naciones Unidas con ayuda de los Secretarios Generales Tryggve Lie y Dag Hammarskjöld, noruego y sueco respectivamente. Los países que integran el Norden actuaban frecuentemente a modo de bloque y se repartían los gastos entre sí. En este sentido parecía como si ya no existiera la tradicional brecha entre el Norden oriental y el Norden occidental.
División y unidad en materia de política de seguridad
El Norden no era unitario desde el punto de vista de la política de defensa y de seguridad. Durante la II Guerra Mundial y en los primeros años de la posguerra, Suecia –que se había librado de la guerra– desarrolló una capacidad militar considerable que con creces superaba a las fuerzas de Noruega y Dinamarca juntas. Durante los años cincuenta, Suecia con sus más de 1.000 aviones de combate (cazas, aviones de asalto y bombarderos) disponía de la fuerza aérea más importante de Europa Occidental después de la RAF británica. Noruega y Dinamarca estimaban que Suecia era demasiado fuerte para permitir un equilibrio, pero al mismo tiempo demasiado débil para defender el Atlántico Norte. Desde la óptica danesa, noruega y finlandesa, un Norden más unido militarmente no sería sino una ampliación de Suecia, que en tiempos de paz se extendería por todo el territorio nórdico, y en tiempos de conflicto se replegaría a su "territorio central", mientras que los restantes países sufrirían las consecuencias directas de la guerra.
En 1949, tras el fracaso de las negociaciones en torno al asunto de una alianza de defensa escandinava, los estados nórdicos occidentales (Dinamarca, Noruega e Islandia) solicitaron el ingreso en la OTAN, con Gran Bretaña y los EE UU como aliados más inmediatos. Estas grandes potencias poseían fuerzas navales y aéreas capaces de tener un peso decisivo en una eventual lucha por la hegemonía en las regiones marítimas del Norte de Europa. Para Suecia, que se había librado de la devastación de la II Guerra Mundial, la situación no parecía exigir una revisión radical de su política de neutralidad. Las circunstancias de Finlandia eran otras. Los finlandeses se habían salvado de la sumisión absoluta a la Unión Soviética aceptando el emplazamiento de una base militar soviética en Porkala, cerca de Helsinki y firmando, en 1948, un Tratado bilateral de Amistad, Ayuda y Cooperación (Vänskaps-, samarbets- och biståndspakt o pacto VSB), que garantizaba a la Unión Soviética la ayuda militar de Finlandia en caso de ataque aliado a través de suelo finlandés. La URRS debía abandonar la base de Porkala en 1955.
Los Estados nórdicos, occidentales y orientales, parecían ir en direcciones diferentes. A la idea de crear una alianza de defensa escandinava le sucedió un Norden completamente escindido, cuyos países integrantes occidentales eran Miembros de la OTAN y los orientales representaban diversos grados de neutralidad. Al menos así era oficialmente. En realidad, los Estados nórdicos evolucionaban en dirección a una estructura unitaria. Un argumento de peso para la neutralidad sueca era que la adhesión de Suecia a la OTAN repercutiría negativamente sobre la situación de Finlandia, que temía no poder mantener su relativa independencia por hallarse los norteamericanos inmediatamente al lado de su territorio. Un argumento similar servía para explicar la política noruega y danesa en materia de bases militares. Oponiéndose al emplazamiento, en tiempos de paz, de fuerzas americanas en suelo noruego y danés se evitaría probablemente un incremento de la tensión en el espacio nórdico. Durante toda la Guerra Fría existió extraoficialmente una comunidad nórdica en materia de política de seguridad, en virtud de la cual los Estados nórdicos no sólo tenían en cuenta sus intereses de aliados, sino también, en gran medida, intereses puramente nórdicos que parecían contradecir los primeros.
Este fenómeno de tenerse en cuenta recíprocamente los países nórdicos ha sido bautizado con el nombre de "equilibrio nórdico" por Arne Olav Brundtland, investigador noruego de relaciones internacionales. Autores finlandeses como Gustav Hägglund han preferido denominarlo "la estabilidad nórdica", mientras que en Suecia se habla en "términos neutros" sobre "el modelo nórdico". Posteriormente se ha demostrado que las negociaciones para la alianza de defensa escandinava habían conducido a un acuerdo secreto de cooperación nórdica informal en materia de defensa. En las reuniones de ministros de Asuntos Exteriores del Consejo de Ministros Nórdicos se discutía el envío de fuerzas conjuntas a varias operaciones de paz de las Naciones Unidas, pero también, de modo más discreto, la elaboración de una política de defensa integrada para los países nórdicos. A continuación, la cooperación informal pero discreta de Suecia con los EE UU parece haber sido tan amplia que la política de neutralidad es comparable con la política de bases de Noruega y Dinamarca. En secreto, las bases aéreas suecas estaban preparadas para acoger aviones norteamericanos y los altos oficiales se preparaban para garantizar la coordinación de efectivos suecos con las fuerzas de la OTAN. Las reuniones informales a las que asistían oficiales noruegos, daneses y suecos desempeñaban un papel importante. Incluso las conversaciones con oficiales extranjeros eran de importancia.
Al contrario de lo que sostiene la versión oficial, el Norden de la Guerra Fría era relativamente homogéneo en sus opciones políticas en materia de defensa y seguridad. Desde el punto de vista de la estrategia geográfica y militar, existían ciertas divergencias entre los países nórdicos, pero no entre el este y el oeste del Norden, sino entre el norte y el sur. Las tropas de la OTAN y las de la Unión Soviética estaban sobre todo organizadas para operaciones ya en el norte ya en el sur, porque el paisaje militar lo configuran en gran medida los elementos de la geografía física, tales como la existencia de comunicación por vía terrestre o por mar. La geografía militar no tiene en cuenta las fronteras nacionales y tampoco los límites trazados por bloques ideológicos. Militarmente hablando, el Norden era más unitario de lo que las condiciones de los diferentes pactos y alianzas en principio pudieran hacer suponer.
Dentro de este sistema nórdico, Noruega comenzó poco a poco a desempeñar un papel central. Ya a principios de los años cincuenta, Washington preconizó la idea de hacer pasar la relación de Suecia con la OTAN a través de Noruega (y en parte a través de Dinamarca), al objeto de evitar que contactos tan delicados llamaran la atención. La información relativa a la Unión Soviética, así como las decisiones y estimaciones emitidas por la OTAN llegarían hasta Suecia y posiblemente también, de manera indirecta, a Finlandia, por mediación de Noruega y Dinamarca. Los dos últimos países ocupaban aparentemente la cumbre de la jerarquía informativa. Los políticos, los altos funcionarios y los oficiales suecos recibían importantes informaciones de sus colegas noruegos. Paradójicamente, Noruega aparecía como el país nórdico ubicado más al centro. Al mismo tiempo, Noruega era un poste sólido al que podían echar sus amarras los países más neutrales. De ahí que la integración de Noruega en la OTAN fuera rápidamente entendida como condición previa de la política sueca, que a su vez hacía posible la relativa libertad de Finlandia.
Al debilitarse progresivamente la defensa sueca en las décadas de los setenta y los ochenta, el centro de gravedad del sistema nórdico se desplazó desde el centro hacia la periferia. El debilitamiento de la potencia central sueca fue también el de su poder de cohesión, quedando en libertad las tradicionales fuerzas centrífugas: Finlandia se dirigió hacia el este, Dinamarca hacia el sur y Noruega hacia el oeste. A mediados de la década de los ochenta, desapareció la concepción del Norden como una "ampliación de Suecia", cuyo núcleo o potencia principal era dicho país. El debilitamiento de la capacidad militar de Suecia había creado una idea del Norden como una "zona gris" en términos de poder político, campo de maniobras de las actividades norteamericanas y soviéticas.
La caída del bloque soviético, la ampliación de la Unión Europea y el nuevo Norden
Desde fines de la década de los ochenta, los Estados nórdicos han experimentado dos procesos de cambio fundamentales: por una parte, la mayor integración en Europa y la ampliación de la Comunidad Europea, más tarde Unión Europea, que asimismo integran Suecia y Finlandia desde 1994 y 1995, respectivamente. Por otra parte, el debilitamiento y posterior caída de la Unión Soviética, que han dado lugar a una mayor unidad en el Norden, desviado el foco de interés de su región atlántica y ampliado la esfera de interés de los países nórdicos hasta la costa oriental del Mar Báltico. Estos dos procesos están interrelacionados: al derrumbarse el bloque soviético ha disminuído la alarma militar, con lo cual ha crecido automáticamente la importancia del bloque económico-político europeo por excelencia, es decir, la Unión Europea. Por consiguiente, los jefes de Estado nórdicos han intentado "subirse al tren en marcha de la UE", bien para completar su adhesión a la potencia político-militar –la OTAN– con la adhesión a la potencia político-económica –la UE–, o simplemente al objeto de vincularse con esta otra esfera de poder.
Una vez solicitado el ingreso en la Comunidad Europea por Suecia (1991) y Finlandia (1992), la cooperación nórdica se presentaba ahora como una alternativa mucho más real. Un Norden compuesto por países con valores, idioma y cultura afines, actores de diálogos informales entre si y unidos por fuertes lazos geopolíticos parecía –a pesar de existir en su seno intereses contrapuestos en materia económica y de Derecho del Mar–, poder constituir un bloque dentro de la CE. Por disponer de 13 votos en contra de los 10 de Alemania, los países nórdicos habrían podido ejercer una influencia que superaría con creces lo exiguo de su extensión. Las reuniones de Ministros Nórdicos precederían a las del Consejo de Ministros Europeos. La cooperación nórdica podría adquirir una importancia nunca antes obtenida, tanto en cuestiones de política interior como de política exterior. Por vez primera desde el debate en torno al asunto de la alianza de defensa escandinava a finales de los años cuarenta, los ministros de Asuntos Exteriores nórdicos hablaban de política exterior común. La política de los años noventa parecía haber dado la vuelta por completo a las ideas heredadas de la Guerra Fría.
Los resultados del referéndum danés sobre el Tratado de Maastricht en 1992 dejaron claro que Dinamarca quedaría al márgen de la cooperación en materia de política de seguridad en el marco de la UEO y con ello, del "núcleo duro" de la UE. Después de las consultas populares sobre la entrada en la UE celebradas en Finlandia, Suecia y Noruega en 1994, los dos primeros países se incorporaron a la Unión, si bien reservándose –igual que lo había hecho Dinamarca– con respecto a la UEO (dado que ni Finlandia ni Suecia eran miembros de la OTAN), mientras que Noruega, junto con Islandia, quedó fuera de la UE, o para ser más exactos, optó por una relación más libre vía el EEE (Espacio Económico Europeo). De esta manera, el territorio nórdico parece dividirse en una región oriental o región del Báltico norte, integrada dentro de la Unión Europea, y una región occidental o región del Atlántico norte, que se queda al márgen de ella. Pero, tal y como era el caso en los tiempos de la Guerra Fría, podemos dar por hecho que la estructura real del Norden será, en realidad, mucho más homogénea que su estructura oficial. El Norden báltico ha decidido permanecer fuera del núcleo de la UE, mientras que el Norden atlántico (y en su caso Noruega) intentará vincularse con el EEE y mantener una cooperación de índole no formal con los restantes países nórdicos que la acerquen lo más posible a la UE y al Norden báltico. De igual manera que los altos funcionarios, los políticos y los oficiales suecos se dirigían antes a Noruega para obtener información sobre la OTAN, los noruegos se dirigen ahora a Suecia y a Finlandia (y naturalmente también a Dinamarca) para estar al corriente de lo que ocurre en la UE. Una vez concluida la Guerra Fría, se cree que el puesto que ocupan en la jerarquía informativa las diferentes naciones nórdicas depende en gran medida de su relación con la Unión Europea. Se estima asimismo que la adhesión de Finlandia a la Unión Monetaria Europea supone su mayor acercamiento a Bruselas y la coloca a la cima de los países nórdicos.
En los tiempos de la Guerra Fría. Suecia y Finlandia –que no eran miembros de la OTAN– se veían frecuentemente obligados a dirigirse a Noruega para obtener información adicional en materia de antecedentes o informaciones más delicadas de naturaleza política o militar sobre las que basar la toma de decisiones. La dependencia de Suecia y Finlandia con respecto a Noruega constituía una ventaja que ésta última podía utilizar en otras ocasiones. Una vez concluida la Guerra Fría, la información estrictamente de seguridad militar y política pareció pasar a un segundo plano, al tiempo que las estructuras político-económicas de poder civil adquirían mayor importancia a los ojos de los actores políticos y diplomáticos. Al atenuarse la amenaza militar y con la adhesión de Finlandia y Suecia a la Unión Europea, se le ha dado aparentemente la vuelta a la jerarquía nórdica.
Desde mediados de los años noventa, el debate en torno a la ampliación de la OTAN ha vuelto a ponerla en candelero y suscitado una mayor igualdad y dependencia recíproca entre los Estados nórdicos. Con las intervenciones de la OTAN en ex Yugoslavia, la cooperación militar nórdica ha cobrado nueva energía. Un batallón nórdico, NODRBAT I, ha sido estacionado en Macedonia y otro, NORDBAT II, en el marco de una brigada nórdico-báltico-polaca denominada NORDPOLBDE, en Bosnia. La anterior cooperación militar nórdica a las órdenes de las Naciones Unidas se ha convertido ahora en cooperación nórdica abierta para operaciones militares en Europa bajo el mando conjunto de la OTAN y la ONU. Desde 1997, los Estados nórdicos han organizado maniobras militares conjuntas, bajo el nombre de Nordic Peace, en el marco del programa Alianza para la Paz de la OTAN. Los países nórdicos han desempeñado un papel de primer orden en la formación de las FF AA de los nuevos Estados bálticos y en la creación de un batallón báltico, BALBAT, destinado a Bosnia en el marco de la brigada NORDPOLBDE.
El Norden ha aceptado asumir "responsabilidades particulares" en relación con los Estados bálticos. La inquietud manifestada por los rusos con respecto a Alemania y a la OTAN ha conferido a los pequeños Estados nórdicos un papel particular. Por diversas razones, éstos se consideran emparentados con los Estados bálticos, lo cual ha conducido a importantes intercambios económicos y políticos. Naturalmente, el compromiso inicial de Noruega en la independencia de las repúblicas bálticas se ha transmitido en parte a los países nórdicos ribereños del Báltico, Dinamarca, Suecia y Finlandia, con sus raices históricas, sus lazos de parentesco y lingüísticos con el territorio. La proximidad geográfica de Finlandia con Estonia, la similaridad de sus idiomas nacionales y la afluencia de refugiados estonios a Suecia han hecho que los lazos informales existentes entre los países nórdicos se extiendan a un espacio más amplio, en el que ahora se incluyen también los Estados bálticos.
Esta mayor atención manifestada por los suecos, los daneses y los noruegos por el continente y el espacio báltico parece haber tenido por corolario la marginalización del Norden occidental. El espacio nórdico se amplía hacia el este, desplazándose su centro de gravedad del oeste al este, o más bien, hacia el Norden báltico, con su conexión a la dinámica continental. Como respuesta a la nueva cooperación del Mar Báltico, Noruega tomó en 1992 la iniciativa de crear la Cooperación del Mar de Barents, que comprende a los países nórdicos y a Rusia. La idea estaba basada en las extensas relaciones comerciales existentes en el Mar de Barents, el llamado Pomorhandelen que conectaba la región norte de Noruega con el noroeste ruso, con la península de Kola y Arcángel, hasta que la Revolución Rusa puso fín a los intercambios una vez concluida la I Guerra Mundial. Islandia, por su parte, ha tomado la iniciativa de compensar la prioridad cada vez más manifiesta que los países nórdicos otorgan a las regiones continentales y al Mar Báltico. La cooperación nórdica occidental incluye a Islandia, las Islas Faroe y Groenlandia. En 1994, Islandia sondeó en Gran Bretaña y Noruega la posibilidad de incluir en la cooperación a la antigua esfera marítima nórdica, inclusive el archipiélago escocés y el Vestland, las islas del oeste de Noruega. Al mismo tiempo, es obvio que una vez concluida la Guerra Fría estos archipiélagos del Atlántico han perdido su importancia política.
La década de los noventa ha ofrecido varios proyectos paralelos de Norden, de los que no hubiera cabido ni hablar en los años de la Guerra Fría. En primer lugar, un Norden más o menos homogéneo desde el punto de vista político, susceptible de ejercer un cierto poder en el seno de la Unión Europea. En segundo lugar, un Norden relativamente unitario desde la perspectiva militar, supuestamente independiente de la UE, lo que presupone seguir contando con la presencia de fuerzas navales y aéreas norteamericanas en el norte de Europa. En tercer lugar, el Norden como una comunidad histórica, cultural y económica, cuyas raices se remontan al comercio medieval en la región del Báltico y en los territorios ribereños del Mar de Barents. Esta última visión implica un Norden ampliado, que se manifiesta actualmente en la nueva Cooperación del Mar Báltico y por la independencia de los Estados bálticos y su participación en las reuniones del Consejo Nórdico en calidad de observadores.
El autor del artículo, Ola Tunander, es Doctor en Filosofía. Investigador y director del programa de política exterior y seguridad del Instituto de Oslo para la investigación sobre la Paz (conocido bajo las siglas inglesas de PRIO), el Sr. Tunander ha escrito y redactado varios libros sobre temas de geografía política, estrategia militar e identidad política. Foco de interés de sus últimos libros ha sido el espacio nórdico, la región del Mar de Barents y Europa.