Noruega y la ONU:
una historia de amor
Desde 1945, no ha habido prácticamente país alguno que mayor fe tenga, tanto aporte y tanto entusiasmo general muestre hacia la Organización de las Naciones Unidas como la pequeña Noruega. La ONU ha sido siempre un instrumento importante de la política exterior de este país, independientemente de la orientación política de sus Gobiernos. Desde la elección de Trygve Lie al cargo de Secretario General de la Organización, en 1945, los responsables de la política de asuntos exteriores de Noruega son "tan pro EE. UU. como se atrevan, tan pro soviéticos como haya menester y tan pro ONU como quepa serlo".
Por Jan Egeland
En estrecha colaboración con los restantes países de la región, Noruega se ha servido de la ONU para promocionar los valores e intereses comunes de los países nórdicos en el ámbito internacional, lo cual, al mismo tiempo, nos ha permitido desempeñar un papel mucho más importante del que cabría suponer en función de la extensión geográfica. Prueba de ello es que dos de los Secretarios Generales y varias otras personas con cargos importantes en la Organización proceden de países nórdicos. No menos significativo es el nombramiento, en mayo de 1998, de Gro Harlem Brundtland como Directora General de la OMS.
Durante toda la historia de la ONU, el Norte europeo ha aportado un apoyo considerable a las operaciones de aquélla en pro del mantenimiento de la paz y la cooperación al desarrollo, e impulsado su labor para salvaguardar los derechos humanos. A pesar de que tres de los países escandinavos ostentan la condición de miembros de la UE, los dirigentes políticos del Norte de Europa han resuelto mantener el perfil nórdico en el seno de la ONU.
Críticas a las Naciones Unidas
En el debate de política exterior oímos con frecuencia diferentes tipos de críticas hacia la ONU. Se sostiene su ineficacia, se dice que es una "fábrica de resoluciones" y que su aportación a resolver de un modo práctico los problemas a que se enfrenta la comunidad internacional es muy modesta. A la luz de esto, opinan algunos observadores que la Organización ocupa demasiado lugar en la política exterior de Noruega y que ello va en detrimento de nuestra relación con las regiones vecinas y nuestra política de seguridad.
Yo rechazaré esta clase de argumentos. El trabajo en el seno de las Naciones Unidas es reflejo de una prolongada "competición de sogatira" entre sus 180 miembros, que tienen puntos de vista divergentes acerca de los problemas internacionales y, frecuentemente, conflictos de intereses. Pero no es menos cierto que en 1998, con la nueva crisis del Golfo y la reanudación de los ensayos nucleares, el organismo supranacional ha demostrado ser la única organización global capaz de desempeñar un papel principal en pro de la paz y de una mayor justicia en todo el mundo. El compromiso de los países nórdicos en general y de Noruega en particular vale por tanto, hoy como ayer, las inversiones realizadas.
Un mundo de contrastes
Nos hace falta una ONU fuerte, sobre todo en tiempos como los presentes, que marcan tendencias contradictorias. Es la "era
post guerra fría", donde los contrastes son enormes. Para expresarlo en pocas palabras, en estos tiempos hay menos amenazas, pero la inseguridad es mayor. Hoy ya no nos hallamos frente a la amenaza de una guerra mundial - la tercera y atómica esta vez - entre dos superpotencias y, sin embargo, nos mostramos tan vulnerables como antes, si no más. Somos testigos de un mayor número de catástrofes ecológicas, migraciones, guerras civiles, y más casos de limpieza étnica. Por primera vez en el transcurso de una generación, hemos asistido a guerras no sólo en Africa, Asia y América Latina, sino también en Europa, nuestra propia parte del mundo. Los contrastes y paradojas son múltiples:
• Gracias en parte a la labor de las Naciones Unidas en favor de la descolonización y los derechos humanos se incrementa el número de democracias existentes en el mundo, pero también aumenta el número de Estados débiles que propician la subida al poder de dirigentes no democráticos.
• Existe cada vez más cooperación internacional dentro y fuera de la ONU, pero hay también un nacionalismo de corte más agresivo.
• Gracias en parte al arbitraje de las Naciones Unidas existen hoy día menos conflictos internacionales, pero se producen más guerras civiles y conflictos interétnicos sangrientos.
• Gracias en parte al ACNUR ha disminuido el número de refugiados internacionales, pero han aumentado la cantidad de desplazados en el interior del propio país, la emigración ilegal de trabajadores y el número de personas desamparadas. Gracias en parte al PNUD y a la UNESCO hay actualmente más personas instruidas y con garantía de bienestar social que antes, pero nunca como ahora se ha podido contar en cientos de millones el número de analfabetos e indigentes.
• El número de personas que disfrutan de condiciones de trabajo y sistemas de pensiones regulares es hoy mayor, gracias en parte a la labor de la OIT, pero el capital internacional no había tenido nunca tal libertad de maniobras en zonas de libre comercio y paraísos fiscales, contrariamente a los derechos sociales, colectivos y profesionales de los trabajadores.
En tiempos como éstos es de suma importancia prevenir las catástrofes, los conflictos y la pobreza para paliar con ello la inseguridad. Por esta razón, Noruega considera buena política puesta en práctica perseguir nuestros ideales a través del trabajo de las Naciones Unidas. Ello además sirve a nuestros propios intereses de seguridad.
Paz y seguridad
La idea de las Naciones Unidas partió de la alianza nacida en el transcurso de la II Guerra Mundial en lucha contra dictaduras expansionistas y de corte agresivo. Su propósito era evitar que se produjera una nueva guerra mundial, la tercera en su serie, y contribuir a la resolución regional de los conflictos. Al mismo tiempo, las Naciones Unidas contribuirían a la reconstrucción, de manera que al hambre y el caos, secuelas de la guerra, les siguiera el progreso económico y social.
Hoy podemos dejar sentado que no se ha producido desde entonces ninguna guerra universal entre superpotencias. Desde el conflicto de Corea, en los años 50, hasta la guerra de Kuwait, en la década de los 90, las Naciones Unidas han contribuído a detener y neutralizar las hostilidades. Por espacio de décadas, las tropas de la ONU han ayudado a la estabilidad del Oriente Medio y de Chipre. En Camboya, tras 13 años de guerra, la Organización estableció en 1993 su operación más compleja para la reconstrucción nacional. En Mozambique, la ONU contribuyó en los años 90 a la desmovilización de tropas dotadas de 100.000 soldados, a la instauración de elecciones democráticas y a la unificación de las fuerzas armadas.
Las Naciones Unidas han contribuído igualmente a la firma de la paz en Namibia, El Salvador, Guatemala y Angola. En Bosnia, la Organización ha desarrollado un considerable esfuerzo de ayuda humanitaria. En Irak, el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, consiguió con su intervención diplomática personal evitar una nueva guerra del Golfo. Todo lo anterior debería ser apreciado convenientemente por el Congreso de los Estados Unidos asignando a la ONU los fondos que le adeuda su nación.
Cuando se ejemplifica el fracaso de las Naciones Unidas con las dificultades encontradas para establecer la paz en Kosovo, Somalia y Ruanda se hace parcialmente en base a las falsas expectativas que creó la victoria en la guerra del Golfo. La lista de méritos de la ONU es, en realidad, extensa y hallamos en ella numerosos ejemplos de esfuerzos en pro de la paz y la estabilidad política de las naciones. Es verdad que su labor estuvo frenada por las confrontaciones ideológicas durante los años de la guerra fría; en contrapartida, la actividad de la Organización en el transcurso de los últimos siete años ha experimentado un aumento acelerado. Mientras que la Sociedad de Naciones sólo vivió dos décadas, la Organización de las Naciones Unidas lleva ya 50 años siendo el único instrumento global para la resolución internacional de los conflictos.
El Consejo de Seguridad
Por todo lo anterior, Noruega desea contribuir a desarrollar más la ONU como órgano de seguridad colectiva. Apoyamos la ampliación y reforma del Consejo de Seguridad, de manera que su composición refleje el hecho de que la mayoría de los países del planeta pertenecen al tercer mundo y que se integre igualmente a las superpotencias Alemania y Japón. A continuación, consideramos importante la presencia de un miembro nórdico en el Consejo de Seguridad cada vez que sea posible, al objeto de asegurar continuidad a la presentación, en el plano internacional, de puntos de vista nórdicos en materia de paz y seguridad.
En las Naciones Unidas justificamos la relativamente alta participación nórdica con las extraordinarias aportaciones de nuestros países a las operaciones de la Organización para mantenimiento de la paz, sus acciones de ayuda humanitaria y proyectos de cooperación al desarrollo. Noruega ha sido miembro del Consejo de Seguridad durante tres periodos bianuales y es candidata para el periodo 2001-2002. Suecia es el actual miembro nórdico del Consejo de Seguridad, en cuyo seno realiza un trabajo óptimo.
Nos preguntamos si es argumento suficiente para justificar que Noruega sea miembro del Consejo de Seguridad la cuantía de nuestras contribuciones anuales a la Organización, del orden de 150 dólares por habitante, o lo que es igual, entre 10 y 20 veces más, por término medio, de lo que aportan los ciudadanos de otras naciones ricas. La respuesta es negativa; son nuestras concepciones de una ONU más eficaz y, al mismo tiempo, más democrática las que constituirán el mejor argumento en la campaña de Noruega para su candidatura. Podemos demostrar también que nos hacemos cargo del trabajo que nos corresponde en este campo: mediante la aportación de miles de efectivos de ayuda humanitaria e instauración de la democracia a las operaciones auspiciadas por las Naciones Unidas; a través de los sistemas noruegos de preparación para estados de emergencia (NOREPS y NORDEM) hemos contribuido, entre otras cosas, a consolidar la eficacia de la Organización antes de que surgieran situaciones de crisis graves y durante las mismas. A contar desde la primera operación de la ONU en el Sinaí, en 1956, y hasta el día de hoy, Noruega ha contribuído a las operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz con efectivos superiores a los 50.000 hombres y mujeres, es decir, con más del 1 por 100 del total de nuestra población.
Además, hemos colaborado a fomentar la formación y el entrenamiento del personal de las operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz y a la configuración de líneas directrices en este campo. También hemos contribuido a establecer un sistema en virtud del cual haya tropas permanentemente a disposición de la ONU en los países miembros y hemos tomado la iniciativa de reforzar el sistema de mando y control del organismo internacional.
Sólo a través de una revisión crítica de la Organización de las Naciones Unidas, su mandato, financiación y funcionamiento podremos ayudarla a seguir desempeñando un papel principal en el mundo complicado y lleno de tensiones del futuro. Contribuyendo de manera activa - con el fin de reforzarlo - al proceso puesto en marcha por el competente Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, Noruega, el Norte de Europa y los restantes países que apoyan a la Organización asegurarán que este organismo global único, defensor de la paz, la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos, continúe promoviendo de manera eficaz nuestros ideales e intereses al traspasar el umbral del nuevo milenio.
El autor del artículo, Jan Egeland, ha sido Secretario de Estado (1992-1997) y consejero personal (1990-1992) del titular del Ministerio de Asuntos Exteriores. Tras el cambio de Gobierno de 1997, ha sido consejero especial de la Cruz Roja Noruega y del Instituto de Investigación Internacional para la Paz, Oslo (Institutt for fredsforskning, PRIO). El Sr. Egeland ha participado igualmente en las negociaciones con vistas a la reconciliación nacional en Chipre (en colaboración con Richard Holbrooke, mediador estadounidense) y en Colombia (a través del Banco Interamericano para el Desarrollo).
En el Ministerio de Asuntos Exteriores estuvieron a cargo del Sr. Egeland, entre otros asuntos, la política noruega para la ONU, la acción de ayuda humanitaria de Noruega y la labor de mediación noruega en las negociaciones de paz para el Oriente Medio (Acuerdos de Oslo) y América Central.