Noruega y la OTAN
En el período de posguerra, Noruega ha tratado de salvaguardar sus intereses de seguridad en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La adhesión a esa alianza defensiva fue en su día determinada por las experiencias de la II Guerra Mundial, la conciencia de la situación estratégica del país y su importancia, y la voluntad de estar al lado de las democracias en la palestra internacional.
Por Johan Jørgen Holst
Noruega tiene frontera común con Rusia — todavía una gran potencia — y es aliada de los Estados Unidos, poderosa superpotencia. Durante la llamada "guerra fría", sólo Estados Unidos podía brindar protección y servir de contrapeso a la supremacía potencial de la Unión Soviética en la zona. A la vez, la pauta noruega consistía en cooperar con EE.UU. en el marco de una acción conjunta multilateral para asegurar paridad y equilibrio con respecto a la potencia protectora más importante.
Debido a su emplazamiento estratégico, en la situación de Noruega influía directamente el desarrollo de las relaciones entre las dos superpotencias. Por consiguiente, se hacía hincapié en contribuir a reducir, lo más posible, la tensión en las regiones nórdicas.
La liquidación de la guerra fría ha restado importancia a la OTAN como alianza defensiva contra una amenaza evidente, pero ha hecho de ella un mecanismo de seguridad esencial ante la inestabilidad y un campo para el desarrollo e implantación de un nuevo sistema de seguridad y cooperación en Europa.
La situación a raíz de la II Guerra Mundial
En los primeros años de la posguerra, la política de seguridad noruega se basaba en la presuposición de que seguiría manteniéndose el clima de cooperación entre la URSS y las potencias occidentales. Al comprobarse que este supuesto no se cumplía, Noruega intentó desempeñar el papel de país mediador entre las grandes potencias.
El fundamento de esta política de mediación fue desapareciendo paulatinamente al compás de la creciente confrontación Este/Oeste en 1947-48.
La política de la URSS en los países de Europa oriental, el golpe de Estado de Checoslovaquia y el bloqueo de Berlín, causaron gran impresión, así como la política soviética con Finlandia. En este orden de cosas, se estimó necesario reconsiderar la política noruega de defensa y seguridad.
Intento de creación de una alianza defensiva escandinava
Teniendo en cuenta las estrechas relaciones entre los países escandinavos y su común tradición neutralista, parecía natural que Noruega buscara solución a su problema de seguridad por la vía de la cooperación defensiva con los demás países escandinavos. Son múltiples las razones de que las negociaciones no dieran resultados. En la crítica situación que atravesaba Europa occidental a la sazón, el Gobierno noruego estimó de importancia primordial que la alianza defensiva escandinava garantizara la apertura hacia las potencias occidentales. A juicio noruego, la vinculación occidental era menester también para asegurar los necesarios suministros de armamentos y, a la vez, fomentar la reconstrucción económica de la nación. Hasta no manifestarse claramente la carencia de condiciones esenciales para el establecimiento de una alianza defensiva escandinava, Noruega no optó por adherirse al Tratado del Atlántico.
Adhesión al Tratado del Atlántico
La cuestión de la adhesión al Tratado del Atlántico fue discutida a fondo por los partidos políticos, el Storting y la Prensa en febrero y marzo de 1949. Finalmente, el Parlamento acabó por decidir, por 130 votos a favor y 13 en contra, que Noruega entrara a formar parte de la Alianza Atlántica. En su calidad de Estado miembro originario, Noruega firmó el Tratado el 4 de abril de 1949.
La política de bases noruega
La Unión Soviética se había opuesto duramente a la idea de una alianza defensiva escandinava. Al darse a conocer que Noruega tenía intención de adherirse a la Alianza Atlántica, la URSS previno contra la firma del Tratado. Asimismo, los dirigentes soviéticos hicieron consultas para averigüar si Noruega pensaba poner bases aéreas y navales a disposición de sus aliados. El Gobierno daría la siguiente respuesta, que desde entonces ha sido piedra angular de la política noruega en este campo:
"Noruega nunca contribuirá a practicar una política con fines agresivos, ni permitirá jamás que su territorio sea utilizado para servir a una política de tal índole.
El Gobierno no firmará ningún pacto con otros Estados que implique la obligación, por parte de Noruega, de abrir bases a fuerzas armadas de potencias extranjeras en territorio nacional, siempre que Noruega no sea atacada o amenazada de agresión."
El Gobierno soviético propuso un pacto de no agresión entre las dos naciones. El Gobierno noruego respondió que lo consideraba superfluo, teniendo en cuenta que ambos países eran miembros de las Naciones Unidas y, por ende, estaban obligados a renunciar a la guerra ofensiva.
La política de bases noruega era resultado de la voluntad nacional. Los Gobiernos noruegos consideran importante que, en todo momento, sean los poderes constitucionales los que deban decidir las medidas necesarias para salvaguardar la seguridad del Reino. La política de bases es una medida unilateral destinada a inspirar confianza, no una obligación internacional derivada de un acuerdo. Es una política condicionada, ya que sólo será mantenida en tanto que Noruega no sea atacada o amenazada de agresión.
Noruega buscaba alianza para valerse del apoyo militar de países de similar disposición. Los preparativos deberían hacerse en tiempos de paz, a fin de poder contar con tal ayuda en caso de crisis o guerra. La política de bases excluye el estacionamiento de fuerzas aliadas en Noruega en tiempos de paz. Por ello, la garantía de alianza será más digna de crédito si se hacen preparativos para el desplazamiento de efectivos militares en caso de emergencia. En consecuencia, las autoridades noruegas han puesto de relieve, en diversas ocasiones, que la política de bases no es óbice para adoptar medidas que avalen el desplazamiento de fuerzas aliadas en tal situación. Lo anterior es válido tanto para maniobras aliadas conjuntas como para construcción de instalaciones capaces de acoger y servir a unidades aliadas o noruegas en caso de crisis o guerra. A la hora de concretizar la sustancia de la política de bases, los dirigentes noruegos han hecho hincapié en subrayar lo que dicha política exluye, no habiendo mostrado voluntad de precisar todo lo que permite. Se impone la necesidad de asegurar el derecho a considerar las exigencias del desarrollo de los acontecimientos.
Durante muchos años, la política de bases noruega y su aplicación fueron impugnadas por la Unión Soviética, pero, posteriormente, fue aceptada e incluso considerada como una importante contribución a la estabilidad de Europa septentrional.
La política nuclear
En el campo de las armas nucleares y químicas, Noruega también se ha impuesto obligaciones. Armas de esa índole no serán almacenadas ni estacionadas en el país. Las unidades noruegas no reciben instrucción en su empleo, los armamentos no están equipados para su utilización, ni se han construido los arsenales especiales que requieren. El plan defensivo aprobado para Noruega se basa en el empleo de fuerzas armadas convencionales.
Noruega es país signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), lo que implica que no puede fabricar o procurarse de decidan otro modo armas nucleares.
Noruega ha renunciado a firmar un convenio de cooperación con los Estados Unidos para desplazamiento de armas nucleares en caso de emergencia y para recibir la información necesaria que requieren los preparativos correspondientes.
La política nuclear noruega no es obstáculo para su participacion en la labor defensiva aliada, incluyendo la planificación relativa a armas nucleares. Noruega tampoco ha hecho salvedades con respecto a la estrategia defensiva de la Alianza que no excluye el empleo de armas nucleares. Sin embargo, es suposición común que las partes implicadas adoptarán una actitud moderada con respecto al empleo de dichas armas en las sensitivas regiones boreales, por temor a provocar una escalada. La circunstancia de que el territorio noruego, en una fase temprana, pudiera quedar involucrado en un conflicto, refuerza esta suposición.
Noruega se ha mostrado reacia a contribuir al establecimiento — como acción unilateral — de una zona desnuclearizada en los países nórdicos. A su entender, un arreglo de tal índole debiera formar parte de un sistema recíproco más amplio que implicara una reducción de la amenaza de guerra nuclear en Europa.
Arsenales en tiempos de paz
Con objeto de asegurar el desplazamiento de refuerzos aliados a su debido tiempo, Noruega ha firmado acuerdos de cooperación para el almacenamiento previo de equipos pesados, combustibles y municiones en el territorio nacional. Este asunto fue considerado de especial importancia ante el aumento gradual de la armada soviética, que podría constituir una amenaza para las líneas de aprovisionamiento sobre el Atlántico y el Mar del Norte. Los arsenales están bajo control noruego.
Maniobras aliadas conjuntas
Durante decenios, han tenido lugar maniobras aliadas conjuntas en territorio noruego. Dichas maniobras se consideran de importancia para hacer patente la cohesión aliada respecto en torno a la obligación de defender Noruega, y a fin de consolidar la capacidad de asistencia eficaz en caso necesario. Las maniobras siguen pautas fijas. Los planes de las mismas son aprobados por la Comisión de Seguridad del Gobierno. Las maniobras son anunciadas de antemano, de conformidad con los acuerdos celebrados en Helsinki y Estocolmo durante la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE). Asimismo, son invitados observadores de los países de la CSCE a presenciar las maniobras, y cualquier Estado miembro de la CSCE que sintiere inquietud por la actividad militar en territorio noruego, puede exigir una inspección avisando con poco tiempo de antelación. En total, se pueden efectuar tres inspecciones al año en Noruega. En realidad, dichas inspecciones no se hacen porque exista inquietud, sino para evidenciar el carácter franco y abierto de las operaciónes. Noruega ha desempeñado un papel impulsor en la conformación de medidas creadoras de confianza y seguridad en el seno de la CSCE.
El nuevo sistema de seguridad en Europa
Liquidada la "guerra fría", se está creando un nuevo sistema de seguridad. La posición y el lugar de Noruega en este nuevo régimen no están definidos, ya que éste depende de una estructura todavía sin terminar.
A juicio de Noruega, la OTAN va a desempeñar un importante papel en el nuevo sistema de seguridad, debiendo servir de protección y garantía contra el resurgimiento de amenazas contra la paz en Europa. La Alianza Atlántica habrá de conceder importancia primordial a la cooperacion política entre los Estados miembros y entre los países de la OTAN y las naciones de Europa central y oriental. En este orden de cosas, seguirá basándose en el informe Harmel, de 1967, que establecía la paridad de la defensa militar, por un lado, y el diálogo y las negociaciones, por otro, en la estrategia de la Alianza Atlántica ante los países del Pacto de Varsovia. Esta doble estrategia de seguridad ha gozado de intenso apoyo por parte de Noruega. Aunque el Pacto de Varsovia se ha disuelto, la OTAN sigue manteniendo el doble objetivo y atribuyendo cada vez mayor importancia a las relaciones.
La citada cooperación se desarrollará en el seno del nuevo Consejo de Cooperación del Atlántico Norte, donde participan los países de la OTAN junto con los antiguos miembros del Pacto de Varsovia y los nuevos Estados independientes surgidos de la desmembración de la Unión Soviética. Asimismo, se cooperará en el marco de la CSCE y en torno al nuevo régimen de control de armamentos de las fuerzas convencionales en Europa (CFE).
En el régimen CFE, se incluye el territorio noruego como parte integrante de la zona exterior de varias zonas concéntricas. El régimen fija límites a importantes categorías de efectivos que, en grado especial, aumentan la capacidad de efectuar ataques por sorpresa y operaciones ofensivas duraderas (carros de combate, vehículos blindados, artillería, helicópteros de combate y aviones de caza). El régimen cuenta también con severos sistemas de control.
Por otra parte, la mayoría de los países están reduciendo sus fuerzas armadas y presupuestos de defensa. En la fase siguiente, el CFE incluirá también cotas de personal militar. Asimismo, se reducirá el número de misiles de corto alcance con armas nucleares tanto en la OTAN como en Rusia.
El llamado acuerdo INF ha supuesto la retirada de tierra de todos los misiles de mediano alcance. En la nueva ronda, se retirarán las armas nucleares de tierra y los misiles de corto alcance.
La estrategia de la OTAN ha cambiado, y no puede seguir basándose en la defensa avanzada de una línea de frente inexistente ya en Europa. La nueva estrategia se apoya en unidades menores y móviles, permanentes, y en la capacidad de rápida movilización y presencia en todos los territorios de la Alianza. El acceso a armamento nuclear será restringido considerablemente. Se reducirán los efectivos militares norteamericanos, pero los arsenales de materiales, municiones y combustibles harán factible su retorno en caso necesario. En conjunto, el sistema defensivo de la Alianza Atlántica será más parecido ahora al modelo noruego que durante la guerra fría. La reestructuración permitirá precaverse contra peligros específicos antes bien que prepararse contra amenazas definidas.
Noruega es partidaria de consolidar la CSCE mediante el aumento gradual de cooperación permanente institucionalizada. En primer término, ello tendrá lugar a través de reuniones regulares de ministros, una pequeña secretaría y un centro preventivo de crisis. Este centro podrá llegar a ser el germen del desarrollo y consolidación de la cooperación en problemas de seguridad en Europa, pudiendo crear elementos para un futuro sistema de seguridad colectivo. Noruega considera a la CSCE y la OTAN como organizaciones que se complementan y suplen. Su interacción contribuirá, en alto grado, a conformar el nuevo sistema de seguridad.
Por otra parte, el sistema de seguridad europeo cambia con la integración de Europa occidental. Actualmente, la CE es el motor principal que impulsa el desarrollo de la nueva Europa. Las naciones de Europa central y oriental, así como los países neutralistas, tratan de vincularse a la Comunidad lo más estrechamente posible, preferiblemente como miembros de la misma. Los Estados comunitarios ampliarán la cooperación en el terreno político, que también incluirá cuestiones de seguridad y defensa y el empleo de la Unión Europea Occidental (UEO) a este efecto. Asimismo, la UEO llegará a ser el pilar europeo de la OTAN, y la Alianza Atlántico modificará su carácter en grado creciente, convirtiéndose en un foro de cooperación equilibrada para la CE y Estados Unidos. Estos cambios supondrán grandes pruebas para Noruega. El país tiene necesidad de un marco atlántico en torno a su política de seguridad para contrarrestar el peso del poderío militar ruso. Asimismo, precisa de un marco europeo para hacer frente a la inseguridad e incertidumbre de la situación en Rusia. La OTAN y la CE son importantes como medio de persuadir a Rusia para elegir la vía de la cooperación y el compromiso en lugar de la confrontación y el aislamiento.
La situación en las regiones boreales
La importancia estratégica de las regiones boreales queda configurada, principalmente, por dos circunstancias: (1) La evolución del central equilibrio disuasorio entre EE.UU. y Rusia; y (2): El desarrollo de las fuerzas navales de las grandes potencias y sus operaciones en aguas septentrionales.
Es de suponer que Rusia, en un futuro no lejano, seguirá siendo una importante potencia nuclear. Mediante la cooperación y las negociaciones entre EE.UU. y Rusia, se reducirá el número de armas estratégicas (negociaciones START). Mientras continúe manteniéndose el equilibrio disuasorio, Rusia tendrá estacionada una parte considerable de sus misiles de submarino en las regiones boreales y seguirá manteniendo considerables efectivos de alerta a distancia y posible interceptación de armas estratégicas en la península de Kola.
Igualmente, se supone en Noruega que Rusia continuará siendo una de las primeras potencias navales del mundo y, consecuentemente, la península de Kola seguirá albergando la mayor de sus flotas en Europa.
Las circunstancias indicadas, así como la inseguridad en torno al desarrollo político interno de Rusia, contribuyen a que Noruega siga considerando de gran importancia tanto el apoyo eficaz de sus aliados como las negociaciones sobre el desarme y el control de armamentos.
En las negociaciones CFE, Noruega ha hecho hincapié en mantener la vinculación al sistema de seguridad en Europa como una totalidad, en evitar una "regionalización" que pudiese debilitar el equilibrio y ligera tensión existentes en las regiones boreales. Asimismo, Noruega estima importantes las reglas que puedan impedir la concentración y desplazamiento de fuerzas a zonas determinadas, como, por ejemplo, las regiones boreales.
Las fuerzas navales no han sido objeto de negociación de medidas inspiradoras de confianza y de control de armamentos. Puesto que la seguridad de las regiones boreales depende, en alto grado, de la situación en el mar, Noruega se ha declarado partidaria de negociar, también para las fuerzas navales, la adopción de medidas inspiradoras de confianza. A juicio de Noruega, esto deberá efectuarse de modo que no debilite la capacidad de la OTAN para prestar apoyo ni socave de alguna manera el principio, consagrado por el uso, de la libertad de los mares. Un primer comienzo ha sido la celebración de acuerdos bilaterales entre la Rusia y varios países occidentales, entre ellos Noruega, con miras a evitar incidentes en el mar.
Conflictos fuera de Europa
La OTAN ha practicado el principio de no comprometerse militarmente – como alianza – fuera del área del Tratado. Esta práctica ha gozado del apoyo incondicional de Noruega, que también ha abogado por que la Alianza Atlántica sea una tribuna de deliberación sobre el desarrollo y las situaciones conflictivas del resto del mundo. Esto constituía el núcleo del informe de los "Tres Reyes Magos" de la OTAN — uno de ellos, Halvard Lange, ministro de Asuntos Exteriores de Noruega —, en 1956.
El punto de vista de Noruega sostiene que sólo se enviarán efectivos militares noruegos, fuera del área de la OTAN, como parte de las operaciones de la ONU y bajo el mando de esta Organización.
Durante la crisis del Golfo, en 1990, Noruega envió una embarcación auxiliar y una compañía de sanidad a aquella zona, formando parte de la fuerzas internacionales allí estacionada y autorizadas por las Naciones Unidas.
La concordia actual de las grandes potencias en el seno de la ONU puede conducir a misiones militares destinadas a llevar a cabo las decisiones del Consejo de Seguridad, en las que la OTAN o sus países miembros sean requeridos para contribuir con efectivos. Así, tanto Noruega y otros Estados de la OTAN, como naciones fuera de la Alianza Atlántica, participan en la primera gran fuerza mantenedora de paz en Europa, UNPPOFOR, estacionada en zonas de la antigua Yugoslavia.
El autor del artículo, Johan Jørgen Holst, es Ministro de Defensa de Noruega.