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Sigrid Undset

Sigrid Undset (1882-1949) es el miembro más reciente del trío de autores noruegos que han recibido el premio Nobel de literatura. Los otros dos son Bjørnstjerne Bjørnson, el poeta nacional, en 1903, y Knut Hamsun en 1920. Undset recibió el Nobel en 1928 por sus vívidas descripciones de la vida durante la Edad Media en Escandinavia, según señaló el Comité Literario del Nobel, de Suecia, en aquella ocasión. Se referían a sus dos largas novelas seriadas cuyo escenario es la Noruega medieval del siglo XIII, los tres volúmenes de Kristina Lavransdatter, y los cuatro volúmenes de Olav Audunssønn.

Por Gidske Anderson

Estas dos novelas que tratan de la Edad Media, de forma singular "Kristina Lavransdatter", se convirtieron en éxitos de ventas internacionales en el momento. De conformidad con la voluntad expresada por Alfred Nobel, el premio de literatura debe concederse al autor que haya escrito "la obra más notable de tendencia idealista", y por ello los libros de Undset quedaron incluidos en esta categoría un tanto elástica. Pero fue el talento de Sigrid Undset como gran narradora, más que la tendencia idealista, lo que fascinó a sus lectores de todo el mundo. Sus libros se habían traducido a los idiomas más importantes ya antes de que recibiera este galardón. A partir de 1928 se publicaron prácticamente en todos los idiomas principales. Ahora, al cabo de setenta años, las nuevas generaciones de lectores de todo el mundo continúan leyendo sus novelas.

Fuera de Noruega su fama ha estado limitada prácticamente a "Kristina Lavransdatter", algo que no ha ocurrido en el país. Ya mencioné esta cuestión en relación con mi biografía de Sigrid Undset, publicada en 1989. He recibido cartas de hombres y mujeres, de jóvenes y de ancianos de todos los rincones de Noruega, unas cartas que demuestran que aún se la lee, que la lee un número de personas cada vez mayor en esta época nuestra de la televisión.

Los libros de Undset se leen, y no me refiero sólo a sus novelas sobre la Edad Media. Escribió treinta y seis libros, de los que las novelas medievales son sólo una parte. Otra parte son sus novelas contemporáneas acerca de Cristiania (hoy Oslo) y sobre Oslo desde finales de siglo hasta los años 30. La tercera parte son sus ensayos literarios y sus artículos. Su obra tiene un amplio ámbito y un considerable fundamento. Y, obviamente, hay una nueva generación de lectores noruegos que lo ha descubierto.

Ninguno de los libros de Sigrid Undset deja indiferente al lector. Es una excepcional narradora, con un conocimiento profundo y realista de los laberintos de la mente humana, en todos los tiempos y en todos los lugares. Con su dominio literario e histórico, adquirido de primera mano, su gran conocimiento de la naturaleza y su forma de comprender lo que significa para todos nosotros, Sigrid Undset posee una enorme riqueza emocional e intelectual en la que busca su inspiración.

¿Quién fue Sigrid Undset? Tal vez merezca la pena mencionar que Sigrid Undset nació el mismo año que Virginia Woolf y James Joyce y tres años antes que D. H. Lawrence y Blixen. Desde el punto de vista literario, ninguna de estas figuras tuvieron importancia para ella personalmente, excepción hecha de D. H. Lawrence, cuya obra despertó en ella gran interés durante la década de 1930. Pero todos pertenecían a la misma generación: son contemporáneos, cada cual en su propio rincón de Europa. Es cierto que sus respectivas obras se desarrollaron siguiendo líneas muy distintas, pero tienen una cosa en común: son hijos de una crisis europea y son enormemente conscientes de ello.

Los temas de Sigrid Undset son claramente noruegos, pero también son europeos en igual medida, del mismo modo que los temas de James Joyce son intensa y exclusivamente irlandeses.

En el caso de Undset es algo que tiene que ver con su adolescencia. El entorno en el que creció fue europeo: en Noruega, en Escandinavia. Su padre, Ingvald Undset, era un arqueólogo de reconocimiento internacional, especializado en la Edad del Hierro en Europa, y también dedicado a la prehistoria en Noruega y Europa en general. Su profesión hizo que viajara mucho por Europa para sus investigaciones arqueológicas. Su madre, Charlotte Undset, era danesa. Colaboró mucho en los trabajos de su marido, hablaba alemán y francés y tenía grandes conocimientos de la cultura noruega y europea.

Sigrid Undset nació el 20 de mayo de 1882, en Kalundborg, Dinamarca, en la preciosa casa donde su madre pasó su infancia, cerca del mercado de aquella pequeña ciudad. Sigrid era la mayor de las tres hijas de la pareja. Llegó a Noruega a los dos años, cuando sus padres se trasladaron por causa de la enfermedad del padre, que le obligó a abandonar sus viajes científicos por Europa.

Creció en Cristiania, la capital (que recuperaría su nombre de Oslo en 1925). Los once primeros años de su vida estuvieron muy marcados por la grave enfermedad de su padre y también por los profundos conocimientos históricos de éste. A una temprana edad, Sigrid no sólo conocía los secretos de la arqueología sino también los misterios de las sagas noruegas y de las canciones populares escandinavas.

Su padre murió a los cuarenta años, cuando ella tenía once. Su madre se quedó sola con sus tres hijas de corta edad y con escasos medios económicos. Esta tragedia familiar dejó una marca en la infancia y la adolescencia de Sigrid Undset. Tuvo que abandonar su deseo de recibir formación universitaria. Tras aprobar el examen final de la enseñanza media (Middelskole), hizo un año de secretariado y, con dieciséis años, consiguió trabajo como secretaria en una importante empresa de ingeniería de propiedad alemana que había en Cristiania. ¿Servía para aquellas tareas? Era algo que apenas tenía importancia: tenía que ganar dinero para ayudar a su madre y a sus hermanas pequeñas. Trabajó en la misma empresa durante diez años en su puesto de secretaria y poco a poco fue ascendiendo. En ocasiones odiaba el trabajo de la oficina y sentía que estaba perdiendo el tiempo y dejando escapar su juventud. Pero al mismo tiempo estaba conociendo los entresijos de una importante empresa industrial, estaba aprendiendo a trabajar de forma sistemática y se convertía en una experta mecanógrafa. Más adelante demostró su considerable talento organizativo, tanto como ama de casa como, más adelante, en su papel de presidenta de la Sociedad de Autores Noruegos. Por otra parte, el trabajo rutinario de la oficina sin duda le enseñó mucho sobre cómo elaborar grandes trabajos literarios tales como sus novelas seriadas.

Pero diez años de trabajo burocrático fueron un tormento para Sigrid Undset. De madrugada y durante los fines de semana y las vacaciones buscaba un momento para escribir. Sigrid tenía sólo dieciséis años cuando hizo su primer y dubitativo intento de escribir una novela que se desarrollaba en la Edad Media nórdica. Durante varios años luchó con aquel tema. Al mismo tiempo leía incansablemente y adquirió así un profundo conocimiento de la literatura nórdica y extranjera, de la inglesa de modo especial.

Se sintió profundamente conmovida por Shakespeare, se entusiasmó con Chaucer, se dejó atraer por las leyendas del rey Arturo, pero también se perdió en las obras de escritores escandinavos como Ibsen, Strindberg o Brandes y en la de escritores ingleses como las hermanas Brontë y Jane Austen. Por iniciativa personal y durante su tiempo libre adquirió con todo ello un firme conocimiento del arte de la escritura y se preparó para lo que, desde muy temprana edad, consideraba su destino en la vida.

El manuscrito de la primera novela de Undset estaba terminado cuando cumplió los veintidós años. Era el resultado de muchas noches en vela durante muchos años. Se trataba de una novela histórica cuyo marco era la Dinamarca de la Edad Media, de un estilo claramente romántico. El manuscrito fue rechazado por las editoriales, algo que para ella fue un golpe desalentador. No obstante, dos años más tarde había terminado otro manuscrito, esta vez mucho menos voluminoso: sólo ochenta páginas. Dejó a un lado la Edad Media y creó una descripción realista de una mujer de procedencia burguesa en la Cristiania contemporánea. El título era Fru Marta Aulie y su primera frase escandalizó a los lectores: "He sido infiel a mi marido": Éstas eran las palabras que pronunciaba la protagonista del libro. Esta obra también fue rechazada en un primer momento, pero gracias a la intervención de un conocido escritor de la época finalmente la aceptaron.

Así, con veinticinco años, Sigrid Undset hacía su debú literario con una novela corta y realista sobre el adulterio en un ambiente contemporáneo. Hubo un gran revuelo y Sigrid se vio tratada como joven promesa de Noruega. Durante los años anteriores a 1919, Undset publicó varias novelas que se desarrollaban en la Cristiania de la época. Los diez años pasados en la oficina habían sido solitarios y difíciles, pero le habían dado un lugar en el mundo de la gente sin importancia y corriente, de quienes con valor, incluso con heroísmo, luchan por hallar la felicidad en la vida. Undset era una muchacha tímida y más bien introvertida a la que costaba trabajo hacer amigos. Pero tenía unos ojos siempre atentos con los que veía a través de las personas. Su forma de escapar de su soledad era dar largos paseos por Cristiania, por todos sus rincones, y así llego a conocer la ciudad a la perfección. Sus novelas contemporáneas de 1907-1968 hablan de todo ello: de la ciudad y de sus anodinos habitantes, de la monótona existencia de las secretarias en las pensiones de aquel sombrío lugar, de su ansia de calor y amor y de su decidida, a veces heroica, lucha contra la miseria. Son historias de gentes trabajadoras, de los destinos triviales de las familias, de la relación entre los padres y los hijos, escritas con ternura pero sobriamente y sin ningún sentimentalismo. Sus temas principales son las mujeres y su amor o, como ella misma dijo con su habitual estilo brusco e irónico, "la forma inmoral" (del amor).

Este período realista culminó con las novelas "Jenny" en 1911 y "Vaaren" (Primavera) en 1914. La primera trata de una pintora que, debido a sus crisis románticas, empieza a pensar que está desperdiciando su vida y finalmente se suicida. En la otra nos habla de una mujer que consigue salvarse ella misma y salvar su amor de una gran crisis matrimonial y al final logra una familia unida. Estos libros alejaron relativamente a Undset del incipiente movimiento de liberación de la mujer que surgió en Europa. Tal vez no la colocó en contra del mismo, aunque sí en un plano absolutamente distinto.

Los libros de Undset se vendieron bien desde el principio y, tras la publicación de su tercera obra, dejó el trabajo de la oficina y se dispuso a vivir de sus ingresos como escritora. Cuando consiguió una beca para escribir, emprendió un largo viaje por Europa. Tras breves estancias en Dinamarca y Alemania prosiguió rumbo a Italia. Llegó a Roma en diciembre de 1909 y se quedó allí nueve meses.

Los padres de Undset habían mantenido una estrecha relación con Roma. De hecho, Sigrid podría haber nacido en Roma, ya que sus padres vivieron allí en 1882. Pero justo antes de su nacimiento, su padre enfermó súbita y gravemente, por lo que el matrimonio emprendió apresuradamente viaje hacia el norte, hacia la casa de la madre en Kalundborg, donde nacería Sigrid. Sin embargo, es muy probable que la propia Undset considerara que su auténtico lugar de nacimiento era Roma, y durante su estancia allí en 1909 siguió las huellas de sus padres.

Su encuentro con el sur de Europa significó mucho para ella. Inmediatamente hizo amigos en el círculo de artistas y escritores escandinavos que vivían en Roma, su carácter se hizo más abierto y sus relaciones con otras personas se hicieron más expansivas y animadas.

En Roma conoció a Anders Castus Svarstad, un pintor noruego con quien se casó dos o tres años más tarde. Por entonces tenía treinta años, y es muy probable que fuera su primer amor. Svarstad era nueve años mayor que ella, estaba casado y su esposa y sus tres hijos vivían en Noruega. Debió de ser un amor a primera vista, pero Svarstad tardó casi tres años en conseguir el divorcio.

Se casaron en 1912 y se marcharon a Londres, donde permanecieron seis meses. Svarstad pintaba y Undset estableció firmes lazos con las artes y las letras inglesas, que habrían de ser decisivas durante el resto de su vida. De Londres volvieron a Roma, donde nació el primer hijo de Sigrid en enero de 1913. Era un niño al que pusieron el nombre de su padre.

El matrimonio y los hijos que fueron naciendo tuvieron una gran importancia para Sigrid Undset como persona y como mujer. Pero era un enorme dilema para una artista creadora. En sus años de casada, hasta 1919, tuvo tres hijos y una casa grande y llena de gente que debía atender, porque también estaban los tres hijos que Svarstad tuvo en su primer matrimonio. Fueron años difíciles para Sigrid Undset. Su segundo hijo, una niña, tenía retraso mental y también era retrasado un hijo de Svarstad, que igualmente vivía con ellos. Sigrid se ocupaba de una casa abierta y llena de actividad para su numerosa familia y para los antiguos y los nuevos amigos.

Al mismo tiempo continuaba escribiendo por las noches, cuando los demás se habían ido a dormir, y así terminó sus últimas novelas realistas y las colecciones de relatos breves. Además tomó parte en los debates públicos sobre los temas más en vigor: la emancipación de la mujer y asuntos éticos y morales. Tenía un notable don para la polémica y era enormemente crítica ante la forma en que estaba desarrollándose la emancipación y ante la decadencia moral y ética que, en su opinión, amenazaba como resultado de la Primera Guerra Mundial que seguía bramando más allá de las costas de la Noruega neutral.

En 1919, se trasladó con sus dos hijos a Lillehammer, una pequeña ciudad del valle de Gudbrandsdalen, en el sureste de Noruega. Por entonces esperaba su tercer hijo. Su idea era descansar en Lillehammer y volver a Cristiania tan pronto como Svarstad tuviera preparado el nuevo hogar de la familia. Pero esto no llegaría a ocurrir.

El matrimonio se hundía. En agosto de 1919 Sigrid Undset dio a luz a su tercer hijo en Lillehammer. Decidió seguir viviendo allí y, al cabo de dos años, estuvo terminada Bjerkebæk, su amplia y preciosa casa. Era una propiedad formada por tres grandes casas de madera, según la tradicional arquitectura noruega y un vasto jardín vallado con preciosas vistas de la ciudad y de los pueblos próximos. Su hija enferma y los niños tenían un hogar seguro y excepcionalmente hermoso. Finalmente, tras años de mudanzas y de cambios, Sigrid Undset, la escritora, tenía un lugar tranquilo en el que poder retirarse del mundo para hacer lo único en lo que ya sabía que era verdaderamente buena: escribir.

El matrimonio y la Primera Guerra Mundial provocaron un cambio en las actitudes de Undset. Durante aquellos años tan difíciles tuvo una crisis de fe, apenas perceptible al principio pero que poco a poco fue ganando en intensidad. Esta crisis le hizo pasar de un decidido escepticismo agnóstico, a través de una dolorosa inquietud por la decadencia ética de la época, hasta el cristianismo. Había crecido en un hogar tolerante de librepensadores y ella misma había sido librepensadora escéptica, aunque con la fe ciega del momento en la ciencia y en el materialismo como única mira.

Puede dar la impresión de que Sigrid Undset tuvo una experiencia religiosa personal en algún momento durante aquellos años. En todo lo que escribió se percibe una mirada que busca el misterio último de la vida, lo que la razón y el sentido común no son capaces de explicar. En el fondo de su realismo sobrio, casi brutal, hay un atisbo de algo incontestable. Parece que este reconocimiento del misterio se tradujo en una experiencia religiosa personal. En todo caso, fue una crisis que cambió sus ideas sobre el cristianismo: ya no creía que el hombre había creado a Dios y empezó a pensar que fue Dios quien creó al hombre.

Pero no se decidió por la iglesia luterana, por la Iglesia Protestante Nacional de Noruega donde había sido bautizada. Se unió a la iglesia católica romana en noviembre de 1924 después de haber recibido una formación completa del sacerdote católico de su zona. Tenía cuarenta y dos años.

En Noruega la conversión de Sigrid Undset al catolicismo no sólo fue una sensación: también adquirió tintes de escándalo. En el extranjero tuvo igualmente repercusiones, puesto que su nombre comenzaba a hacerse conocido gracias al éxito internacional de "Kristina Lavransdatter". Hoy aquellas reacciones nos provocan una sonrisa, pero entonces apenas había católicos en Noruega, que era un país donde el protestantismo rayaba en la obsesión. El "papismo" era despreciado, incluso temido, por amplios sectores de la población, no sólo por la Iglesia, también y en igual medida por los librepensadores y por quienes en mayor o menor medida estaban relacionados con el marxismo, el leninismo y el socialismo Los ataques eran a veces malintencionados y despertaron la tendencia a la polémica en Sigrid Undset. Durante muchos años participó en los debates públicos, llegando incluso a apartarse de su camino habitual para ello, defendiendo abiertamente a la Iglesia Romana.

Pero, a fin de cuentas, cuando hablamos de Sigrid Undset no nos interesa la dueña de Bjerkebæk ni la dama católica, sino Sigrid Undset la escritora, y para ella aquél fue un período productivo.

Nada más nacer su tercer hijo y conseguir un techo seguro bajo el que cobijarse, empezó a escribir "Kristina Lavransdatter", todo un proyecto. Era un tema con el que se sentía muy cómoda, ya que había escrito antes una novela corta sobre un período de la historia noruega próximo a los tiempos paganos. También había publicado una versión noruega de las leyendas artúricas de la Edad Media británica y céltica. Había estudiado los manuscritos y los textos medievales noruegos y había investigado profundamente iglesias y monasterios medievales, tanto en el país como en el extranjero. Era toda una autoridad en el período que trataba de reflejar y era también muy distinta de la joven que con veintidós años había escrito una primera novela centrada en la Edad Media.

Lo que ocurrió entre tanto tiene que ver con algo más que la historia y la literatura: tiene que ver igualmente con su desarrollo como persona. Había conocido el amor y la pasión hasta sus extremos más amargos. Había sentido la desesperación de un mundo enfermo que agonizaba en el baño de sangre de la Primera Guerra Mundial. Cuando en 1919 empezó con "Kristina Lavransdatter", sabía bien cómo era la vida.

"Kristina Lavransdatter" es, por supuesto, una novela histórica, pero es algo más. El hecho de que sea una novela histórica ni siquiera es lo más importante. No es en modo alguno una vía de escape de la escritora que huye de la escena contemporánea con un vago deseo del pasado, sino que en estos tres volúmenes Undset traslada a un pasado remoto los sentimientos de felicidad y pesar, de éxtasis y desesperación que tan bien conocía. No desea adornarlos, aunque sin duda el hecho de que Undset eligiera la Edad Media es consecuencia de su admiración por la inquebrantable fe que caracterizó aquel período.

Traslada a sus personajes a un tiempo lejano para establecer la distancia que necesita el escritor para crear una obra de arte a partir de sus propios y firmes sentimientos y de su pensamiento estricto. Era consciente de hallarse en el umbral de algo nuevo dentro de su carrera literaria. Busca y encuentra la distancia precisa volviendo a la Edad Media. "Estoy empezando a caminar, y estoy haciéndolo sin ayuda", escribió a un amigo.

En "Kristina Lavransdatter" escribe acerca del misterio último de la vida tal como ella lo conocía por propia experiencia. Ésta es la razón de que las 1.400 páginas de esta novela, igual que las 1.200 que forman "Olav Audunssøn" sean intemporales. Sus personajes son hombres y mujeres de carne y hueso que bien podrían ser hoy nuestros vecinos. Y Undset los sitúa en un entorno natural que hoy sigue siendo el nuestro. Es la ciudad de Oslo que ella tan bien conocía, el valle de Gudbrandsdalen que tanto quiso, y la región de Trøndelag que era la de su padre.

Conocía en todos sus detalles aquellos lugares que en la actualidad se conservan tal como estaban cuando Undset escribió sobre ellos hace setenta años y como eran en el siglo XIII.

Después de que su matrimonio se terminara Sigrid Undset maduró lo suficiente para escribir su obra maestra. En los años de 1920 a 1927 publicó los tres volúmenes de "Kristina" y los cuatro de "Olav" (Audunssøn). De forma simultánea con este proceso creativo se dedicó a tratar de descubrir el significado de su vida hasta encontrar respuesta en el Dios del cristianismo. Como ella misma dijo: "Me hizo volver de un lugar lejano".

Al terminar este estallido creativo Sigrid Undset llegó a aguas más tranquilas. A partir de 1929 terminó una serie de novelas ambientadas en el Oslo contemporáneo con un marcado elemento católico. Pero también en este caso el amor es el tema principal. Publicó también diversos trabajos históricos importantes que sin duda sirvieron para situar la historia de Noruega en una perspectiva más sobria. Además tradujo varias sagas islandesas al noruego y publicó unos pocos ensayos literarios, básicamente sobre literatura inglesa, de los que cabe destacar especialmente un largo ensayo sobre las hermanas Brontë y otro sobre D. H. Lawrence. No son literatura de primer orden, pero son inspirados y poderosos.

En 1934 publicó "Once años", una obra autobiográfica. Con un mínimo de adornos cuenta la historia de la infancia de Undset en Cristiania, habla de su casa, rica en valores intelectuales y en amor , y habla de su padre enfermo. Es uno de los libros noruegos sobre una niña que más alcance han tenido y ha habido muy pocos que lo hayan superado. Sigrid Undset iba de acierto en acierto.

A finales de los años 30 empezó a trabajar en un nuevo libro, una novela histórica ambientada en el siglo XVIII en Escandinavia. En 1939 se publicó sólo el primer volumen, "Madame Dorthea". Luego estalló la Segunda Guerra Mundial, que la destrozaría como persona y como escritora. No llegó a terminar esta serie de novelas sobre el siglo XVIII. La guerra acabó con toda su fuerza.

Cuando Alemania invadió Noruega en abril de 1940 se vio obligada a huir. Desde principios de la década de 1930 se había opuesto ferozmente a Hitler y al nazismo: sus libros fueron inmediatamente prohibidos en Alemania. No quería ser rehén de los alemanes y escapó a Suecia. Su hijo mayor, Anders, murió en la batalla cuando contaba veintisiete años, a sólo unos kilómetros de su hogar en Bjerkebæk. Era oficial de la marina noruega y murió en un enfrentamiento con tropas alemanas. Su hija retrasada había muerto poco antes del inicio de la guerra. Bjerkebæk fue ocupado por el ejército alemán, que lo utilizó como cuartel durante la guerra.

En 1940, Sigrid Undset y su hijo mejor se marcharon de la Suiza neutral rumbo a Estados Unidos. Allí luchó incansablemente por la causa de su patria ocupada, escribiendo y dando conferencias. Volvió a Noruega tras la liberación, en 1945, completamente agotada. Vivió cuatro años más, pero no volvió a escribir ni una sola palabra.

Hoy encontramos muchos indicios de que las generaciones más jóvenes de noruegos están empezando a interesarse por su obra. Sigrid Undset acepta la responsabilidad moral del individuo, no sólo ante sí mismo, sino también ante toda la familia, ante la naturaleza y todas las cosas vivas que nos rodean. Personalmente, en esto encuentro la causa de que sus libros atraigan a un número de lectores cada vez mayor.

Sigrid Undset en los años 90

Por Janneken Øverland

En la década de los 90 continúa fascinando la vida y la obra de la escritora Sigrid Undset. Esta fascinación queda de manifiesto en el hecho de que sus obras–- y en especial su libro sobre Kristina Lavransdatter – se mantengan a la cabeza de los libros noruegos más vendidos y más leídos. De Kristina Lavransdatter se han realizado, además, varias versiones escénicas. Una versión teatral noruego-finesa con música del bajista Arild Andersen ha sido representada en Noruega y en el extranjero. La imagen de Sigrid Undset se hace más nítida en este momento también por otras vías, en gran parte gracias a la publicación en 1993 de una amplia biografía de la escritora titulada Menneskenes hjerter – Sigrid Undset. En livshistorie (Corazones humanos: Sigrid Undset. Historia de una vida) (editorial Aschehoug), obra de la profesora de pedagogía especial Tordis Ørjasæter.

Esta biografía complementa en muchos aspectos a la que publicó Gidske Anderson en 1989: Sigrid Undset: Et liv (Sigrid Undset: una vida) (editorial Gyldendal). El libro de Tordis Ørjasæter se basa en una cantidad ingente de material – en parte procedente de nuevas fuentes – y da una imagen bien documentada del perfil humano de Sigrid Undset, pero también de su faceta de escritora. Entre otras cosas, Tordis Ørjasæter arroja nueva luz sobre la enfermedad que sufría el padre de Sigrid Undset, probablemente patología del sistema nervioso central (esclerosis múltiple) y no sífilis, como se había creído anteriormente. La biografía relata las condiciones difíciles en que se desarrolló el trabajo de Sigrid Undset, al mismo tiempo escritora novel y madre sola, en especial,

su estrecha relación con su hija mediana, deficiente mental. Relata además, con mayor profundidad que nadie lo ha hecho hasta ahora, los motivos que la llevaron a convertirse al catolicismo. Demuestra que fueron los conocimientos de historia de la escritora y su interés por el medievo los que la impulsaron a profesar el catolicismo en la protestante Noruega e indica que esta atracción no le surgió espontáneamente a los veinte años, sino que tenía sus raices en épocas anteriores de su vida. El libro de Tordis Ørjasæter fue galardonado en 1993 con el premio literario noruego Brage, que se concede al mejor libro documental, y ha sido traducido a varios idiomas. La versión cinematográfica del primer libro de la trilogía sobre Kristina Lavransdatter, realizada por la actriz y directora de cine Liv Ullmann, ha contribuído por su parte a poner a Sigrid Undset de actualidad de nuevo en el repertorio cultural noruego. La película, que en versión original dura más de tres horas, sigue la vida de Kristina desde su infancia en la granja de su padre, Lavran. Central, sin embargo, es su historia de amor con Erlend, con quién termina casándose en contra de la voluntad paterna. La película se rodó mayormente en exteriores, en la ladera de una montaña en la cual se había construído réplica fideligna de una granja medieval noruega.

El excelente reparto de actores noruegos y la participación del fotógrafo de Ingmar Bergman, el mundialmente conocido Sven Nyquist, han contribuído a que la película tenga éxito inmediato. También se ha hecho una versión más corta, destinada al extranjero, y otra para la televisión. Hay por lo tanto muchas posibilidades de que el gran público internacional conozca al personaje literario noruego quizás más famoso después de Peer Gynt: la Kristina Lavransdatter de Sigrid Undset.

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