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El 17 de mayo

Fecha histórica y día de celebraciones en todo el país

La fiesta nacional de Estados Unidos es el 4 de julio, fecha en que se conmemora la declaración de independencia del país. Los franceses celebran el 14 de julio en recuerdo de la destrucción de la Bastilla y la caída del antiguo régimen. El 17 de mayo es el día nacional de Noruega. En la historia de nuestro país, el 17 de mayo de 1814 marca a un tiempo la declaración de independencia nacional y el triunfo del gobierno constitucional. Para comprender el lugar preponderante que ocupa la celebración del 17 de mayo en la conciencia nacional es preciso hacer un repaso de su trasfondo histórico.

Por el catedrático Knut Mykland

En 1319 Noruega quedó unida a Suecia tras más de cuatrocientos años como reino autónomo e independiente. En 1380 Noruega y Dinamarca fueron unificadas bajo el mismo rey, unificación que posteriormente provocaría que Noruega quedara integrada en un único estado unificado formado por ambas naciones, siendo Dinamarca la parte dominante y Copenhague la capital indiscutida del reino. Hasta el 14 de enero de 1814, fecha del Tratado de Kiel, no se disolvería la doble monarquía noruego-danesa y el rey Fredrik IV de Dinamarca se vio obligado a ceder Noruega el rey de Suecia.

Es cierto que desde mediados del siglo XVIII había existido un cierto grado de descontento en Noruega debido a que los intereses del país estaban dejándose de lado en beneficio de la capital de esta doble monarquía, Copenhague. Los noruegos solicitaron en repetidas ocasiones que el país tuviera su propia universidad y su propio banco nacional, pero hasta 1811 no se atendería finalmente su petición de contar con una universidad. La solicitud del banco continuó siendo rechazado por el temor de que la doble monarquía pudiera quedar destruida si Noruega lograba tener un sistema monetario distinto e independiente.

Cuando la unión noruego-danesa se vio arrojada a la vorágine de las guerras napoleónicas en 1807, Fredrik VI optó por una alianza con Francia y entró en guerra con Inglaterra. Su decisión estuvo influida exclusivamente por consideración hacia la parte continental de su reino, Dinamarca, y por los dos ducados de Schleswig y Holstein. Por lo que a Noruega se refería, la guerra con Inglaterra significaba el bloqueo, la crisis y el hambre. En esta situación surgieron síntomas claros de un creciente movimiento separatista en Noruega y de un descontento cada vez mayor por el régimen vigente y por la unión con Dinamarca. Algunos noruegos, entre ellos el conde Wedel Jarlsberg, llegaron incluso a defender que Noruega se separara de Dinamarca y se creara una unión con Suecia. Sin embargo, este descontento nunca adquirió proporciones tan grandes que llegaran a poner en peligro la existencia de la doble monarquía. Cuando Noruega se segregó de Dinamarca en virtud del Tratado de Kiel, el 14 de enero de 1814, no fue el resultado de la insatisfacción noruega, sino que más bien fue consecuencia de la política que el anterior mariscal de Napoleón, Jean Baptiste Bernadotte, había seguido después de ser nombrado príncipe de Suecia y, como heredero del trono sueco, adoptó el nombre de Carl Johan. Noruega fue la recompensa para el comandante vencedor, a cambio de contar con su apoyo y el de Suecia para los aliados en el enfrentamiento definitivo con Napoleón.

Desde la primavera de 1813 el joven heredero de la corona noruego-danesa, el príncipe Christian Fredrik, residió en Noruega en calidad de "Stattholder". A finales de enero, cuando recibió la noticia de que se había firmado la paz en Kiel y de que Noruega había sido cedida a Suecia, decidió impedir que se llevara a cabo la cesión del reino colocándose a la cabeza de un movimiento por la independencia de Noruega, cuya esperanza oculta era la reunificación con Dinamarca. El rey Fredrik VI de Dinamarca conocía muy bien los planes del príncipe, con los que simpatizaba, y también él respaldó el movimiento por la independencia de Noruega facilitando grandes cantidades de cereales.

Cuando Christian Fredrik incitó a los noruegos a que lucharan por su independencia, no tenía duda alguna de que podría contar con el apoyo de amplios sectores de la población. EL movimiento por la independencia de Noruega recibió el respaldo de muchas fuentes tradicionales distintas: la fidelidad a la antigua Casa Real, la esperanza de la reunificación con Dinamarca, los sentimientos de rechazo a los daneses, el recuerdo de otras épocas y el temor a la unión con Suecia. De todos estos sueños confusos nació en Noruega, durante el invierno y la primavera de 1814, un potente y arrollador deseo de independencia. Noruega iba a unirse una vez más a las filas de los estados independientes como nación libre y autónoma, tal y como había sido muchos siglos antes.

Había un aspecto en el que los planes políticos de Christian Fredrik tras el Tratado de Kiel se vieron frustrados por el deseo y las esperanzas de los estratos más altos de la sociedad. Cuando se recibió en Noruega la noticia del Tratado de Kiel y de la cesión del reino a Suecia, Christian Fredrik tenía la intención de subir al trono noruego en virtud de un supuesto derecho de herencia para regir los destinos del país como único monarca absoluto y legal. Pero muchas personalidades destacadas y otros ciudadanos albergaban un decidido deseo de tener una constitución libre, deseo que el príncipe habría aceptado si lograba llevar a buen fin su política de independencia. El 10 de abril de 1814 la Asamblea Nacional elegida por el pueblo se reunió en la fundición de hierro de Eidsvold, en las afueras de Christiania (Oslo) para dar al pueblo una constitución. Según describió esta asamblea uno de los representantes, "podía verse un grupo de hombres llegados de todos los rincones del reino, de todas las clases y de todos los dialectos, hombres de los círculos cortesanos y terratenientes que se habían reunido sin ningún orden para el sagrado fin de sentar las bases del renacimiento de la nación". Seis semanas más tarde, el 17 de mayo de 1814, la Asamblea Nacional había terminado su trabajo con la Constitución, y aquel mismo día concluyó sus actividades nombrando al príncipe Christian Fredrik rey de Noruega. La solemne reunión se clausuró con una breve y poderosa intervención de su presidente, Georg Sverdrup, en la que habló de la vieja Noruega libre y la Noruega que nacía en aquel momento: "Así, dentro de las fronteras de Noruega resucita la sede antigua de los reyes, distinguida por Athelstans y Sverres y desde donde, con sabiduría y poder, gobernaron la Noruega de antaño".

El hecho de que Christian Fredrik lograra unificar a los noruegos en su lucha por la independencia y de que, en colaboración con la Asamblea Nacional, lograra organizar el gobierno de la nueva nación a lo largo de algunas agitadas semanas antes del 17 de mayo se debió a la continuada actividad de Carl Johan en el continente con el grueso del ejército sueco. Pero cuando Napoleón fue obligado a abdicar, a principios de abril, el príncipe heredero de Suecia ya había cumplido sus obligaciones con sus aliados y, hacia finales de mayo de aquel año, puedo volver a Suecia con el ejército sueco. Pese a las grandilocuentes declaraciones de Noruega y pese a la frase "La muerte antes que la esclavitud", tras una corta guerra Noruega fue obligada a la unión con Suecia. Esta unión se hizo efectivo cuando el Storting (el Parlamento noruego) eligió como rey de Noruega a Carlos XIII de Suecia, el 4 de noviembre de 1814. Pero la forma constitucional del reino era en todos los aspectos principales tal y como se había establecido en la Constitución del 17 de mayo, y la unión con Suecia era tan vaga que fue posible deshacerla en 1905 sin que ninguno de los dos reinos sufriera graves consecuencias por ello.

Por todo ello existen poderosas razones para considerar que el 17 de mayo de 1814 es la fecha más importante de la historia de Noruega. Tras siglos de dependencia, Noruega volvía a contarse en las filas de los estados libres como reino independiente, y la nueva unión con Suiza resultó en último término un entreacto que careció de influencia en el desarrollo interno del país. Después de estar sometida –al menos en teoría– a una forma extrema de despotismo, el país resurgía con una constitución más liberal que la de ningún otro estado contemporáneo. Mientras que otras constituciones libres de Europa, redactadas durante las épocas revolucionarias y napoleónicas, se revocaban y eran sustituidas por regímenes más autoritarios, la constitución noruega seguía en pie.

Ya en la década de 1820 la gente comenzó a celebrar el 17 de mayo, y desde entonces este día ha sido la fiesta nacional de Noruega, el día de la liberación de Noruega, aun cuando las celebraciones han cambiado a lo largo del tiempo, tanto de carácter como de forma. La historia de las celebraciones del 17 de mayo refleja en muchos sentidos los rasgos más destacados de la historia del país desde 1814 hasta nuestros días.

Cuando Carl Johan, como vencedor de 1814, aceptó la constitución del 17 de mayo como base para el gobierno de Noruega y dentro del marco de la unión con Suecia, había muchas razones que justificaban tal política: la esperanza de poder desempeñar de nuevo un papel en la política francesa, el temor a la restauración del rey Gustavo en Suecia, el miedo a una guerra durante el invierno en Noruega, el deseo de conquistar a los noruegos a favor de la idea de la unión con Suecia a través de concesiones y una política de pacificación. Entre todos estos motivos había uno que tenía el futuro en mente: la esperanza de recuperar más adelante aquello a lo que había tenido que renunciar en 1814. Fue este último motivo lo que formó la base de la política de Carl Johan para Noruega tras su nombramiento como rey en 1818. Deliberada y sistemáticamente mantuvo una política con la buscaba limitar los poderes de que gozaba el Storting según determinaba la Constitución, ampliando al mismo tiempo el poder de la corona y creando una unión más estrecha entre Noruega y Suecia. La política noruega en la década de 1820 estuvo caracterizada por la lucha para defender lo que se había conseguido en 1814 y la defensa de la Constitución que era la piedra de toque de la independencia nacional. Estos acontecimientos también fueron el telón de fondo de las celebraciones del 17 de mayo en la década de 1820. Asumieron la forma de manifestación externa a favor de los esfuerzos de 1814 por la liberación nacional y de la voluntad de defender la Constitución y la independencia nacional. Es significativo que el lema "Protejamos la Constitución" se repitiese una y otra vez en los cartelones que se utilizaron en los primeros desfiles del 17 de mayo.

Hacia 1830 Carl Johan cambió su política para Noruega. En realidad renunció a la idea de una exhaustiva revisión de la Constitución, y sus sucesores al trono debían seguir esta misma línea de política. Así, las celebraciones del 17 de mayo adquirieron paulatinamente la forma de día de celebraciones nacionales. La defensiva actitud de vigilancia que caracterizó las primeras celebraciones del 17 de mayo se vio sustituida por otra forma de celebración caracterizada por un sentimiento de radiante optimismo, por la alegría de tener un gobierno constitucional libre, por un pueblo que trataba de afirmar su propia identidad. Es un rasgo característico de este cambio que, además del solemne desfile al que acudían los ciudadanos, se introdujera un desfile infantil que, con el tiempo, llegaría a ser el elemento más sorprendente y más colorista de las celebraciones del 17 de mayo en Noruega.

Eran sobre todo los titulares del "embete", o cargos políticos superiores, quienes fueron responsables de crear la Constitución de Eidsvold. Fue este grupo el que se mantuvo en guardia ante las intromisiones de Carl Johan en la década de 1820. Fue también este grupo el que de hecho rigió el país durante las dos primeras generaciones después de 1814. A partir de la década de 1830 los agricultores comenzaron a despertar y a tomar conciencia del poder que les había sido otorgado gracias a la Constitución, y las décadas de 1870 y 1880 se caracterizaron por la feroz lucha política entre la antigua clase gobernante –los altos cargos y la burguesía– por una parte, y los granjeros y los habitantes liberales de las ciudades por otra. El conflicto se convirtió en lucha amarga y dura en el Storting, lo cual llevó una recusación, a la victoria del gobierno parlamentario y a la creación de los dos partidos políticos, los conservadores (Høyre) y los liberales (Venstre). Con esta situación, las celebraciones del 17 de mayo volvieron a modificarse. Este día dejó de entenderse como día de la unidad nacional y pasó a ser un día de lucha, cuando conservadores y liberales daban a conocer sus puntos de vista políticos en una ciudad tras otra, cada uno con sus propios oradores para el 17 de mayo y cada uno con sus propias manifestaciones del 17 de mayo.

El 7 de junio de 1905 la unión con Suecia quedó disuelta por una decisión aprobada por el Storting. Esta disolución contó con el apoyo de una población unida, tal vez más unida de lo que había estado hasta entonces y de lo que haya vuelto a estarlo jamás. Esta actitud también habría de reflejarse en las celebraciones del 17 de mayo. Las diferencias entre los partidos darían paso a una sensación de unidad. Los desfiles del 17 de mayo comenzaron a caracterizarse por una sensación de camaradería y de satisfacción porque el país por fin había logrado la plena independencia.

Pero el paso del tiempo trajo cambios. Durante las décadas de 1880 y 1890 la escena política noruega había estado marcada por la lucha entre los conservadores y los liberales, entre el viejo régimen de mandatarios por un lado y la alianza de los campesinos y los liberales de las ciudades por otro. En las décadas de 1920 y 1930 el conflicto de intereses entre la clase media y la clase trabajadora fue el principal terreno de enfrentamiento de la vida política noruega, y este estado de cosas se vio agravado por el desempleo, las huelgas y la inquietud laboral. Los partidos burgueses pusieron todo su empeño en los elementos nacionales de la política. Por lo que se refiere a la clase trabajadora, la política se centró en la unidad internacional, marcada por el lema "Trabajadores del mundo, uníos". Esta situación desbordante de conflictos también dejaría su huella en las celebraciones del 17 de mayo. Mientras que la clase media celebrara el día con grandes desfiles en las ciudades, desfiles en los que en muchas ocasiones se gritaban consignas contra el internacionalismo de los trabajadores, las clases trabajadoras evitaban totalmente las celebraciones del 17 de mayo. "La respuesta no debe buscarse en la colaboración entre las clases, sino en la lucha de clases hasta el fin amargo, tanto el 17 de mayo como todos los demás del año", escribió Martin Tranmæl, redactor del principal órgano del Partido Laborista. El Partido Laborista y los sindicatos de Oslo apoyaron la línea del partido en una declaración en la que urgían a los trabajadores a no tomar parte en "las celebraciones burguesas del 17 de mayo" y se les instaba a boicotear las actividades de la burguesía.

Durante la ocupación alemana de Noruega, desde el 9 de abril de 1940 hasta el 7 de mayo de 1945, el sentimiento de camaradería nacional fue el predominante. El régimen nazi, con su terror, la prisión y la tortura, unió a la población. Durante la ocupación alemana, las celebraciones del 17 de mayo estuvieron estrictamente prohibidas, aunque difícilmente habrá habido otra época en la que esta fecha haya ocupado un lugar más destacado en la conciencia nacional que entonces, en el período de la ocupación, tal y como lo expresa el escritor Nordahl Grieg en un poema que pronto sería patrimonio de todos los noruegos:

"No ondea la bandera

en Eidsvoll y su primavera,

pero en esta hora de soledad

sabemos lo que es la libertad."

Los duros conflictos que habían señalado las celebraciones del 17 de mayo en las décadas de 1920 y 1930 fue sucedido por un sentimiento de unión similar al de los años de principios de siglo, hacia 1905. Pero había una diferencia. Entonces las celebraciones del 17 de mayo se centraron en la plena independencia nacional y en la alegría popular. En el período posterior a 1945 se destacaban más los derechos democráticos, el gobierno constitucional, la libertad de la prensa, la ley y el orden, por contraste con lo que se había vivido durante los años de la guerra: violencia, terror, campos de concentración y dictadura.

El debate sobre la integración de Noruega en la CE durante 1971 y 1972 condujo una vez más a una gran división en la opinión pública. La población noruega se encontró dividida en dos grandes facciones: quienes estaban a favor de la integración y quienes se oponían. Los sentimientos de hostilidad eran tan intensos como lo fueron en las décadas de 1880 y 1930. La disensión era al mismo tiempo una lucha por los símbolos nacionales, una lucha de la pudieron verse reflejos en las celebraciones del 17 de mayo de 1972. Pero una vez que el tema de la integración se decidió mediante consulta popular el 25 de septiembre de 1972, el antagonismo fue desapareciendo gradualmente, y en los años siguientes volvió a reinar el sentimiento de unidad.

Si las celebraciones del 17 de mayo se contemplan desde una perspectiva amplia, resulta sorprendente cómo estas celebraciones anuales han ido cambiando de naturaleza y de contenido con el paso de los años. El 17 de mayo ha sido jornada de lucha y también un día en el que las gentes apoyaban la Constitución, la independencia nacional y los derechos democráticos. Si atendemos a estas circunstancias, se plantea inevitablemente una pregunta: a pesar de todo esto, ¿cómo es posible que esta fiesta nacional haya conseguido conservar su destacada posición en la conciencia pública y seguir siendo el gran días de las ceremonias noruegas? Una de las posibles respuestas se encuentra en las características físicas del país.

El 17 de mayo ha quedado como el gran festival de primavera en Noruega, un país de inviernos largos y fríos. Por esta razón el 17 de mayo ha ido adquiriendo poco a poco un carácter cada vez más marcado de festival infantil. El desfile de los niños se ha convertido en atractivo punto de mira de las celebraciones, desde los más remotos pueblos de la costa hasta la capital, donde literalmente sin miles los escolares que desfilan detrás de las bandas y los estandartes de sus respectivos colegios por delante del Palacio Real para presentar sus respetos al rey.

Otra razón de la enorme importancia que las celebraciones del 17 de mayo han tenido y siguen teniendo en Noruega debe buscarse en las relaciones con otros países. Desde 1814 hasta 1905 Noruega mantuvo una unión con Suecia, y aunque el país conservó una posición independiente en esta unión, en la conciencia noruega siempre ha supuesto un peligro potencial que ha sido capaz de despertar sentimientos de nacionalismo y ha llevado a la población a cerrar filas en torno a sus símbolos nacionales, como ocurrió en la década de 1820 y en el período inmediato a 1905.

Si damos un salto desde los tiempos de la unión hasta nuestros días y su visión global, podremos observar una tendencia similar. La ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial fue una señal del destino que podría tener un país pequeño en un mundo gobernado por las grandes potencias. La experiencia de aquella época se mantuvo viva en el recuerdo de la gente durante el período de la guerra fría, después de 1945, en el que los estados pequeños muchas veces eran tratados como meros peones en el despiadado juego de las grandes potencias. Hay aún muchos países que no han alcanzado la independencia nacional. Hay aún muchos pueblos que siguen viviendo bajo la dictadura y bajo formas de gobierno despóticas. Vistos contra tal panorama, los ideales de Eidsvoll todavía conservan su relevancia y su significado, porque representan unos valores que pueden dar a las celebraciones del 17 de mayo un significado más profundo.

El autor de este artículo, Knut Mykland, es catedrático del Instituto de Historia de la Universidad de Bergen.

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