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Vecinos del Mar Glacial

Después de la revolución rusa de 1917 y subsiguiente guerra civil, la frontera ruso-noruega estuvo prácticamente cerrada durante 70 años. Hasta la toma de poder por Mijail Gorbachov, en 1985, no se reanudarían, poco a poco, las antiguas relaciones entre rusos y noruegos del Norte, y hay razón para creer que estos contactos serán, en el futuro, de importancia vital para las regiones boreales de Rusia y Noruega.

Por Jens Petter Nielsen

Lo que está ocurriendo en nuestros días puede muy bien denominarse normalización de unas relaciones que, en otros tiempos, se basaban en un amplio intercambio económico y cultural entre los habitantes del norte de Noruega y de Rusia. Hoy día, el estudio de la historia anterior a 1917 puede ser fuente de inspiración para forzar los obstáculos que siguen impidiendo una cooperación adecuada en la región de Barents.

El comercio pomor

El pilar fundamental de las antiguas relaciones ruso-noruegas era el comercio pomor, que tuvo su apogeo en el siglo XIX. (El término "pomor" proviene del ruso pomorje, "tierra costera".) La importancia del comercio pomor, para la provincia de Finnmark y otras comarcas de Noruega septentrional, difícilmente puede exagerarse. No obstante, los contactos ruso-noruegos de aquel entonces eran variados, ocasionando, naturalmente, conflictos también.

El criterio usual de las fuentes escritas es que el comercio pomor empezó con la pesca rusa en la costa de Finnmark, que se menciona por primera vez hacia 1740. Esta actividad aumentó considerablemente en los años siguientes, y hacia fines del siglo XVIII, los pescadores rusos llegaron, por el oeste, hasta Sørøya, en la Finnmark occidental. Probablemente, los rusos comenzaron vendiendo parte de sus víveres a los pobladores lapones y noruegos afincados a lo largo del litoral de Finnmark. La población local se interesaba especialmente por el harina de centeno, y su comercio resultó tan provechoso para los rusos, que éstos acabaron concentrándose en él, pasando a comprar pescado de los pescadores de Finnmark. Es probable que el comercio pomor se originara de esa manera, pero su datación es incierta, aunque hay razón para creer que fuera anterior a 1740. En la Finnmark oriental se comerciaba con los rusos ya en las postrimerías del siglo XVII, y a principios del XVIII también recalaban naves procedentes del país vecino en la zona occidental de la provincia.

Estrictamente hablando, el comercio con los rusos era ilegal, ya que los mercaderes de Bergen ostentaban el monopolio mercantil del Norte. En el siglo XVIII los comerciantes de Copenhague se hicieron cargo del comercio de Finnmark, pero sin lograr que prosperase. Durante la mayor parte del siglo XVIII la economía de la provincia experimentó estancamiento y recesión, y las autoridades eran indulgentes con los traficantes rusos, ya que éstos contribuían a solucionar un grave problema de aprovisionamiento, a saber: abastecer de cereales a la población de Finnmark. El comercio ruso era también muy favorable porque se realizaba en el verano. En la estación cálida, el pescado no podía dejarse colgado porque criaba gusanos. Los rusos, empero, compraban el pescado fresco y lo salaban a bordo de sus embarcaciones. Así pues, los pescadores noruegos del Norte podían vender su pescado incluso en la "epoca de los gusanos" (de mediados de julio a mediados de agosto).

Liberalización del comercio de Finnmark

Con el tiempo, las autoridades de Copenhague acabaron dándose cuenta de que la política mercantilista había fracasado y, en 1787, decidieron liberalizar el comercio de Finnmark, lo que implicaba que, por vez primera, el comercio pomor era legal. Se fundaron establecimientos comerciales en Hammerfest y Vardø, y los traficantes pomor adquirieron el derecho a comerciar con los mercaderes de las ciudades y los negociantes de los mercadillos del interior de los fiordos. A partir de 1796 también pudieron traficar directamente con el pueblo llano, sin el concurso de los mercaderes, pero sólo en la "época de los gusanos". Poco a poco, también este tráfico se fue prolongando más allá del plazo propiamente dicho, y de ese modo el comercio pomor fue imponiéndose por su propio peso. Resultaba mucho más natural que la población de la región boreal se abasteciera de harinas del norte de Rusia que de Copenhague. Además, los rusos podían suministrar, a una provincia pobre en bosques como Finnmark, maderos para la construcción, planchas serradas y cortezas de abedul. Otros artículos eran cáñamo y cordaje, telas, lonas y objetos de hierro.

Por otra parte, en el norte y nordeste de Rusia había gran necesidad de productos pesqueros, y no porque faltara pescado en el mar que rodea la península de Kola, sino porque su pesca estaba mal desarrollada. En la costa septentrional de dicha península no había ningún asentamiento fijo de población, y, durante siglos, los pomor del mar Blanco solían atravesar el territorio de Kola durante la primavera hasta llegar a la costa de Murmansk, donde practicaban la pesca de temporada. Sin embargo, los gastos de tales desplazamientos eran elevados, y la temporada de pesca en la costa de Murmansk era mucho más corta que en el norte de Noruega. En el curso del siglo XIX aumentó constantemente el número de pobladores pomor que abandonaban la pesca y, en su lugar, viajaban a Finnmark para comprar pescado, que importaban a Rusia libre de aranceles y luego vendían, con grandes beneficios, en el mercado de Arkángel. Desde allí el pescado era transportado por los ríos rusos y vendido a la población de las comarcas del interior del país, donde, particularmente en época de ayuno, la demanda era considerable.

De fuentes noruegas sabemos que, hacia 1840, llegaban 300-350 barcos pomor cada año a las provincias de Finnmark y Troms. Testimonios rusos indican que la flota pomor constaba, en 1870, de unas 400 embarcaciones de variado tamaño. No sólo en Noruega, sino también en Rusia, se hablaba positivamente del comercio pomor en los círculos oficiales. El tráfico proporcionaba ingresos y beneficios a una parte considerable de la población de la provincia de Arkángel, y se llegó a decir que las embarcaciones pomor constituían la única flota auténticamente nacional de Rusia, creada sin apoyo ni subvención del Estado. En la tradición popular y en la literatura de ambos países, han quedado grabados, más que nada, los aspectos positivos del comercio pomor y de las relaciones entre las poblaciones rusa y noruega del Norte.

Desconfianza mutua

Sin embargo, no se debe pasar por alto que, en la época pomor, también existió una buena porción de desconfianza mutua entre rusos y noruegos, y, a nivel oficial, se estudiaban con frecuencia los riesgos que, para la política de seguridad, podrían suponer los amplios contactos en las regiones sep- tentrionales. Del lado sueco-noruego se pensó si las autoridades rusas aprovecharían el comercio pomor para aumentar su influencia en el norte de Noruega y, con el tiempo, reivindicar cesiones territoriales. Abundaba, en efecto, el criterio de que Rusia, originalmente una potencia continental, sentía una fuerte atracción por los mares y, por medio de puertos libres de hielos del norte de Noruega, podría conseguir salida directa al Atlántico.

No obstante, en condiciones normales, un Estado, procura consolidar sus propias zonas fronterizas antes de sentirse preparado para emprender nuevas conquistas. El argumento más poderoso contra la creencia de que Rusia deseara apropiarse de tierra noruega es naturalmente que la potencia eslava, de hecho, ya disponía de puertos libres de hielos en sus territorios boreales; a saber, la costa septentrional de la península de Kola: el llamado litoral de Murmansk, que, por el oeste, limita con Finnmark oriental y Noruega. Si los rusos hubieran querido construir una base naval en el Norte, no necesitaban en absoluto incurrir en los gastos de conquistar territorio foráneo.

Apenas se puede decir que realmente haya existido "la amenaza rusa" en el norte de Noruega. Invirtamos más bien el planteamiento de la cuestión: ¿Tal vez era al contrario, que Noruega representaba una amenaza para la Rusia septentrional? Mucho parece indicar, en efecto, que las autoridades rusas empezaron a preocuparse por sus propias regiones boreales al sentirse amenazadas por los intereses noruegos. A raíz de la guerra de Crimea (1853-56), la actitud hacia Noruega era unívocamente positiva. El resultado adverso de la contienda les había hecho percatarse, penosamente, a los rusos de su atraso, y en las regiones boreales se creía que podían aprender mucho de los noruegos. Después de 1840 Finnmark experimentó un rápido desarrollo: construcción de carreteras, navegación a vapor, tendido del telégrafo, etc. En bienestar y desarrollo económico, era evidente que Noruega septentrional había progresado mucho más que sus vecinos rusos del Norte.

Durante su visita a las regiones boreales, en 1858, el cónsul general ruso en Cristianía (hoy, Oslo), Mekjelin, quedó asombrado del contraste que ofrecían la Finnmark oriental, ebulliciente de vida y actividad, y la costa de Murmansk, desierta y abandonada. Sólo habían transcurrido unos treinta años desde que se fijara la frontera nacional que dividía el antiguo territorio ruso-noruego (1826), y era sorprendente que los límites entre dos países pudieran transformar lo que había sido una región común en dos mundos distintos por completo. A juicio de Mekjelin, la diferencia existente únicamente podría atribuirse a la dispar forma de actuar de uno y otro gobierno, y propuso que se fundara, en la zona rusa, una colonia de rusos emprendedores que se afincaran en la región y crearan comunidades prósperas y bien organizadas como en el lado noruego.

Inmigración noruega

Sin embargo, el gobernador de Arkángel dudaba de que la población pomor quisiera establecerse voluntariamente en la costa de Murmansk, y, por consiguiente, aconsejó que también se permitiera el establecimiento de súbditos noruegos que sirvieran de ejemplo y acicate a los rusos. En este aspecto, el gobernador fue previsor: Los primeros en solicitar permiso de las autoridades rusas para establecerse en la costa de Murmansk fueron familias noruegas, en 1859. Se otorgó autorización a condición de que los inmigrantes noruegos adquirieran la nacionalidad rusa. De esta manera, no sólo fueron ejemplo, sino también partícipes del desarrollo del litoral de Murmansk.

De año en año iba aumentando la inmigración noruega, a la que se agregó también un fuerte contingente de naturales del Gran Ducado de Finlandia. Tras la liberal política oficial de inmigración se ocultaba, indudablemente, un interés genuino en desarrollar los recursos económicos de la región. No obstante, el éxodo de noruegos y fineses a una zona fronteriza despoblada en general, fue vista con inquietud y escepticismo en amplios círculos. Se temía simplemente que Murmansk se convirtiera en una prolongación de Noruega. Inquietante también era que, en la década de 1860, los pesqueros noruegos empezaran a faenar frente a la costa de Murmansk, y que embarcaciones del norte de Noruega se adentraran hasta el mar Blanco y Nueva Zembla para cazar focas y morsas. La población pomor, que desde antiguo se había dedicado a la pesca y caza en aquellas regiones, se sentía desplazada por sus vecinos noruegos.

Los pescadores noruegos del Mar Glacial gozaban de una clara ventaja sobre la población pomor, ya que podían empezar la temporada antes. Sus embarcaciones seguían el paso, libre de hielos, a lo largo de la costa de Murmansk, llegando normalmente a las zonas de pesca hacia finales de abril o principios de mayo, mientras que los rusos tenían que esperar al deshielo del mar Blanco, lo que suponía que no llegaban a Nueva Zembla hasta fines mayo, como muy pronto. Por entonces, los noruegos ya habían ocupado los mejores caladeros y se hallaban en plena actividad. Según datos del consulado sueco-noruego en Arkángel, en 1871 tomaron parte 80-90 embarcaciones noruegas en la temporada de pesca de Nueva Zembla, frente a sólo ocho rusas, y no es exagerado afirmar que, durante los años siguientes, predominaron los pescadores noruegos en la región ártica oriental. Además de su verdadera actividad, se dedicaban también a trabajos cartográficos, y causó sensación que un patrón de pesca de Tromsø, Edvard Johannesen, fuera el primero que, en tiempos modernos, consiguiera circunnavegar el extremo septentrional de Nueza Zembla. Con todo, en los ministerios de San Petersburgo se prefería actuar con cautela para no provocar contramedidas noruegas que pudieran afectar a los derechos de la población pomor en Finnmark.

Mientras tanto, en las postrimerías del siglo XIX aumentó el interés por el Ártico a nivel internacional, y otras países –como Suecia, Inglaterra y Alemania– empezaron a desarrollar actividades económicas y científicas en aguas rusas. Como consecuencia de rivalidad y conflictos con estas naciones respecto a la situación de Svalbard, la isla de los Osos y Nueva Zembla en materia de derecho internacional, los rusos se vieron obligados a ejercer una política más activa. El Gobierno tuvo que decidirse respecto a si la nación realmente deseaba conservar los territorios considerados posesiones rusas. La nueva actitud se manifestó, entre otras cosas, en un mayor interés por la exploración del Ártico y el desarrollo de la costa de Murmansk, donde, en 1899, se inauguró un nuevo centro administrativo, la ciudad de Aleksandrov (hoy, Poljevni), en el fiordo de Kola. Por otra parte, el gobernador de Arkángel trabajaba sistemáticamente con miras a colonizar Nueva Zembla; primero con pobladores samoyedos, y luego con rusos. Los nuevos colonos intentarían invernar en la isla para poner de relieve la soberanía de Rusia sobre el territorio. A fin de hacer frente a la amenaza de los pescadores y cazadores noruegos, se estacionó en la costa de Murmansk, en 1893, el primer buque de guerra ruso, que patrullaba a lo largo del litoral durante la temporada de verano, invernando en el puerto de Arkángel o San Petersburgo.

Apoyo incondicional a Noruega

Posteriormente, Rusia trataría de mejorar las relaciones con su vecina boreal apoyando incondicionalmente a Noruega en el transcurso del proceso que culminó, en 1905, con la disolución de la unión con Suecia. Rusia fue la primera potencia que reconoció a Noruega como Estado independiente, desempeñando un activo papel en las negociaciones que concluyeron con el llamado "convenio de integridad", de 1907, en virtud del cual las potencias europeas se comprometían a garantizar la integridad de Noruega como Estado independiente. Con su actuación, los rusos desmintieron diversas manifestaciones de la Prensa sueca acerca de que Rusia aprovecharía la disolución de la Unión para reivindicar reajustes fronterizos en el Norte.

Desde el punto de vista ruso, la situación fronteriza era de importancia secundaria; mucho más significativo era que Noruega se emancipara de la "germanófila" Suecia, y que Inglaterra no consiguiese ninguna posición privilegiada como garante de la integridad de Noruega. Los acontecimientos de 1905 muestran que el objetivo principal de la política rusa, con respecto a Noruega, era de carácter defensivo, y no de otro modo fue comentada, en los periódicos rusos, la firma del convenio de 1907: El hecho de que la integridad de Noruega estuviera garantizada por las potencias europeas, alejaba la posibilidad de que una tercera nación ocupara alguno de los puertos noruegos del Ártico. Buenas relaciones con Noruega constituían la mejor protección contra vecinos indeseados en las vulnerables regiones boreales rusas.

Las relaciones ruso-noruegas en el Norte no estuvieron, pues, libres de antagonismos en el período que nos ocupa. No obstante, las diferencias no eran tan profundas que no pudieran ser solucionadas sin graves conflictos; incluso de una manera que respaldaba la idea de una gran amistad inquebrantable. La explicación puede estar en cierta asimetría de la noción de "amenaza". "La amenaza rusa" contra el norte de Noruega era considerada muy en serio por la Administración central sueco-noruega. La "amenaza noruega" contra la Rusia boreal era más visible y concreta, pero no preocupaba en particular al Gobierno ruso, que evidentemente creía poder permitirse tener un flanco indefenso en el Norte. De ahí que la época, a pesar de todo, se caracterizara por su baja tensión, lo que constituiría la experiencia histórica sobre la que el Gobierno noruego basara su política en las regiones boreales a partir del año 1917.

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