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Globalización e identidad noruega

¿Qué quiere decir ser noruego? La pregunta ha vuelto a ponerse de actualidad en los últimos años. A lo largo de la década de los ochenta tuvo lugar un amplio debate público – cargado en parte de sentimentalismo – en torno al tema de la identidad noruega y a la definición de lo genuinamente noruego. El debate seguía en pleno vigor a comienzos de los años 90 y tiene, por varias razones, especial interés en nuestros días. Los noruegos ya no dan por descontada su singularidad cultural y se plantean sin cesar interrogantes críticos en torno a qué son – y qué no son *) – cultura e identidad noruegas.

Thomas Hylland Eriksen

No es en absoluto sólo en Noruega dónde el tema de la cultura e identidad nacionales ha cobrado acuciante actualidad, pero es evidente que el debate se hace más crucial en países pequeños como éste, en los que existe un fuerte sentimiento de vulnerabilidad frente a las influencias de lo extranjero. Quizás a este "siempre estar alerta respecto del mundo circundante" se deba el hecho de que los pueblos pequeños de Europa – los noruegos, los catalanes, los escoceses y los galeses, entre otros – parecen en gran medida tener una identidad cultural más clara, más perfilada y, en muchos aspectos, más firme que pueblos más grandes, como los alemanes, los ingleses y los italianos.

El nuevo interés por la identidad nacional se debe, en gran medida, a la realidad indiscutible de que el mundo se ha ido encogiendo a pasos acelerados durante las últimas décadas. El planeta se ha hecho más pequeño, sin más. Las retransmisiones de televisión vía satélite y los anuncios de hamburguesas americanas se han convertido en parte de la vida diaria de los noruegos, incluso en los lugares más recónditos del país. Se viaja cada vez más y con mayor frecuencia al extranjero, para hacer turismo o por motivos de trabajo; ha crecido el comercio con el exterior; en los últimos años el número de usuarios de Internet ha aumentado de manera fabulosa y es cada vez mayor la cifra de personas cuyo idioma extranjero número uno es el inglés, que goza en la actualidad del grado de universalidad correspondiente al latín en el medievo europeo, lingua franca de numerosas culturas y pueblos. Paralelamente con la expansión del inglés (de corte americano, por lo general) ha ido en retroceso la maestría del alemán y el francés que tiempos atrás poseían los noruegos.

Término aglutinante de estas tendencias y de otras similares es el de globalización de la cultura, que urge dejar claro significa otra cosa que "supranacionalidad". Al hablar de globalización nos estamos refiriendo al hecho de que los límites entre países, naciones y culturas se han borrado en ciertos aspectos. La cultura está siendo arrancada de un territorio geográfico concreto y comenzamos a vislumbrar los contornos de una cultura global. Los habitantes del planeta en su mayoría, comienzan a desarrollar una serie de rasgos culturales comunes, si bien en muchos sentidos continúan diferenciándose los unos de los otros.

Las diferencias entre el modo de vivir en Oslo y, por ejemplo, en Milán no son tan profundas como podría hacer creer la simbología nacionalista interpretada literalmente. Según su autoconcepto nacional, el pueblo noruego lo constituyen en su mayoría pescadores y campesinos, cuya existencia transcurre en plena naturaleza, que adoran la sencillez y el realismo y resultan torpes y desmañados cuando viajan por el mundo. Este autoconcepto romántico y nacionalista guarda escasa relación con la realidad, que demuestra como los noruegos en muchos aspectos tienen idéntico estilo de vida al de otros europeos. Los símbolos nacionales, aunque proporcionan a los noruegos un fuerte sentimiento de identidad nacional, describen de manera poco adecuada la cultura nacional, es decir, su "modus vivendi" real.

Muchos entienden la globalización como amenaza a los rasgos distintivos nacionales y en los últimos años ha habido muchas intervenciones por parte de las autoridades en contra de la globalización y comercialización de la cultura. No es sin embargo fácil entender de qué manera podría Noruega protegerse eficazmente contra ambas sin tener que recurrir a métodos autoritarios, como establecer la censura, prohibir la importación de cintas de vídeo, interferir las emisiones vía satélite e imponer restricciones a los viajes al extranjero.

Al igual que en otros países desarrollados, la cultura de masas de Noruega es practicamente idéntica a la de los E.E. U.U.: forman parte de ella la música pop y el rock, los pantalones vaqueros y las camisetas, las películas americanas y ciertas series televisivas como "Vigilantes de la playa", las hamburguesas y la Coca-Cola.

El debate en torno a la UE y la Noruega multiétnica

Otros factores han contribuido igualmente al mayor autoescrutinio y debate crítico en torno a "lo noruego". Por lo general, empezamos a reflexionar sobre quiénes somos al estar en contacto con los otros. Las discusiones suscitadas por la posible adhesión de Noruega a la UE, que dominaron el debate público desde el comienzo de los años 90 hasta noviembre de 1994 (cuando Noruega por segunda vez votó "no" a convertirse en miembro), giraban frecuentemente en torno a temas relacionados con la preservación de la identidad e idiosincrasia noruegas. Los partidarios del ingreso en la UE mantenían que un contacto más estrecho con Europa enriquecería la cultura noruega y de vez en cuando también, que la alternativa a una identidad cultural común para toda Europa era la hegemonía cultural absoluta de los Estados Unidos de América. La oposición, por su parte, hacía resaltar aspectos únicos de la sociedad y la cultura de Noruega, tales como la política de distritos, el sistema de la Seguridad Social, el neo-noruego y la concesión de ayudas a la literatura en noruego, cuya desaparición se temía de ingresar Noruega en la UE.

El tercer factor es el crecimiento de la sociedad multiétnica en Noruega. A pesar de que el país ha acogido relativamente pocos inmigrantes y refugiados, comparado con Suecia o Francia, por ejemplo, las minorías étnicas son muy visibles en las grandes ciudades de Noruega. El cinco por ciento de los habitantes del país han nacido fuera de Noruega, la mitad de ellos fuera de Europa. Se plantea la cuestión de si éstos últimos siempre habrán de ser un elemento exótico o si por el contario cabe crear una identidad noruega de tal amplitud que permita que se considere noruegos a musulmanes de orígen asiático. De todas maneras, al tener mayor contacto con extranjeros, los noruegos han descubierto su identidad cultural y la discuten ahora de manera diferente a como lo venían haciendo.

El cuarto factor que se debe mencionar es la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno en Lillehammer en febrero de 1994. Los anfitriones declararon tener por meta la conciliación de lo nacional con lo universal en la configuración del evento. Esto en la práctica resultó dificil de realizar. Durante el lanzamiento de la mascota propuesta para los Juegos, el muchachito vikingo "Haakon", se alzaron protestas masivas diciendo que se trataba de una figura "americanizada, a la Disney", sin el menor rastro de rasgos noruegos. Para colmo, el diseñador de la mascota era un mejicano. Al final se descartó a Haakon y se encargó a un artista gráfico noruego el diseño de una alternativa, los niños vikingos Håkon y Karin, que por lo demás se parecían sospechosamente al boceto originario.

En la puesta a punto del acontecimiento quedó igualmente reflejada la complicada relación existente entre lo nacional y lo universal. El anuncio preliminar de los juegos que se distribuyó a los canales de televisión extranjeros presentaba a Noruega como un país cubierto de nieve, salvaje y bello, cuya majestuosa naturaleza sólo había sido perturbada en unos pocos sitios. Simbolizaban a Noruega un esquiador en solitario, en nikkers y anorak, una cabaña pintada de rojo en un claro del bosque, un barco de pesca y una pintoresca aldea al borde de un fiordo. Los que visitaron Noruega durante los

J.J. O.O. se llevaron, naturalmente, una impresión diferente. Nada más aterrizar en Fornebu, en las cercanías de Oslo, se percataron de que este aeropuerto era bastante común, igual a los otros, y es muy probable que el taxista que más tarde les condujo hasta el centro de Oslo – otra ciudad noruega corriente y moliente – fuera un inmigrante paquistaní.

Lo más paradójico de los Juegos Olímpicos y acontecimientos similares es que con expresar identidad local o nacional, lo hacen de manera global, pues tanto la televisión, los intereses económicos implicados y la misma actividad objeto de los Juegos – el deporte de competición, soporte principal de los J.J. O.O. de invierno – son universales.

¿Qué es, entonces, lo esencialmente noruego?

La cuestión acerca de qué es lo esencialmente noruego puede a la vez ser fácil y difícil de contestar. Para facilitar las cosas, se puede responder que "el norueguismo" (término creado por analogía con el de "españolismo") consiste en haber nacido en Noruega, tener por lengua materna un dialecto noruego y ser ciudadano noruego. Pero no podemos detenernos aquí, si hemos de hacer justicia a la variedad existente. ¿Qué pasa entonces con los americanos de orígen noruego o los nacidos en Noruega de padres inmigrantes? ¿son noruegos, no lo son o lo son "un poco" nada más? ¿existen grados de norueguismo? ¿hasta qué punto son noruegos los pertenecientes a la etnia noruega, si, por ejemplo, se demuestra que muchos de los componentes de su identidad proceden de la cinematografía y la música pop estadounidenses y que sus pautas de consumo son claramente internacionales, si los espaguetis son más corrientes en las mesas noruegas que las albóndigas de pescado noruegas (fiskeboller)? ¿se han convertido los noruegos en "americanos de reserva" o en cosmopolitas desarraigados? de ser ésto verdad, ¿se debería intentar restablecer los rasgos culturales distintivos noruegos? y en tal caso ¿en qué consistirían éstos?

Estas cuestiones son de gran actualidad a la luz de las tendencias o factores que he expuesto, cuyo común denominador es la globalización. Muchos de los libros que se están publicando ultimamente reflejan el nuevo interés por la reflexión en voz alta sobre la propia identidad, la necesidad de rotular lo típicamente noruego, al mismo tiempo que crece el deseo de estudiar de manera crítica el tema de la identidad cultural.

Modo de ser noruego

Practicamente todos los que han escrito sobre el tema están de acuerdo en que cabe explicar aspectos importantes de la idiosincrasia noruega tomando como punto de partida la historia del país. Tradicionalmente, en Noruega no ha existido ni clase noble poderosa ni sólida alta burguesía urbana. Hasta los albores del siglo XX, los noruegos eran en su mayoría gente campesina y pescadores. Este rasgo les sigue caracterizando. La ideología favorable a la igualdad y reticente al centralismo, que ya Ludvig Holberg, escritor del siglo XVIII, calificaba de típicamente noruega, ha sido sin duda un factor importante de la oposición noruega al ingreso en la UE, única en el contexto europeo.

En el ensayo Norsk utakt (Descompás noruego) el sociólogo alemán Hans Magnus Enzensberger, buen conocedor del país, traza un retrato irónico pero amistoso de la singularidad noruega. La Noruega de Enzensberger es una sociedad paradójica, en muchos aspectos aún una sociedad aldeana tradicional en las postrimerías de Europa, pero al mismo tiempo una de las sociedades más avanzadas del mundo en lo que se refiere a la administración pública y al desarrollo de tecnología punta. El "diagnóstico" de Enzensberger puede resumirse así: "Noruega es hoy por hoy el mayor museo etnológico de Europa, y al mismo tiempo, un ingente laboratorio futurista". El libro despertó merecido interés nada más publicarse y sigue siendo de obligada referencia en cualquier debate sobre la identidad noruega. Muchos se sintieron caricaturizados por el alemán; en la opinión de otros, había simplificado excesivamente el tema. La mayoría, sin embargo, podía hasta cierto punto reconocerse en algunas de las descripciones del libro de Enzensberger.

El mismo año redactó Arne Martin Klausen, profesor de antropología social, Den norske væremåten (El modo de ser noruego), que también supone una importante aportación al debate sobre la identidad noruega. En este libro, varios antropólogos sociales estudian rasgos de la sociedad noruega moderna aplicando teorías y métodos que normalmente se reservan al estudio de sociedades "exóticas". Entre las colaboraciones encontramos artículos sobre los bunad (los trajes típicos noruegos repertoriados por el Consejo Nacional de trajes típicos regionales, que homologa sus patrones, motivos y accesorios), "la pertenencia local a una tribu" o los landskappsleik (competiciones a nivel nacional de danza y música folklóricas), y también sagaces análisis de la ideología socialdemócrata y la "objetividad" noruega. Este último tema lo trae a colación el argentino Eduardo Archetti, que subraya como la necesidad de consenso, la ideología igualitaria y el sentido de la justicia que rayan en lo matemático son rasgos característicos de los noruegos. Estos aspectos del modo de ser noruego los discute también Tord Larsen en su ocurrente aportación al libro que comentamos, titulada "Bønder i byen- på jakt etter den norske konfigurasjonen" (Campesinos en la ciudad - en busca de la configuración noruega). Larsen afirma que los noruegos, por carecer de cultura urbana arraigada, al urbanizarse, han trasladado los ideales del campo a la ciudad. Nos falta la flexibilidad, la tolerancia y la amplitud de miras que caracterizan a las culturas urbanas modernas, sostiene Larsen: "Podrás sacarme a mí de miValdres natal, pero no conseguirás sacar Valdres de mí".

En el mismo sentido cabe también mencionar los trabajos de Marianne Gullestad, si bien ella no siempre trata el tema de la identidad noruega como tal. Gullestad es capaz de relatar desde dentro y con gran profusión de detalles la "vida cotidiana de la gente normal y corriente", de mostrar lo que es peculiar culturalmente hablando en la vida de los habitantes de una ciudad satélite cercana a Bergen. Al igual que los autores de "El modo de ser noruego", Marianne Gullestad utiliza métodos de trabajo propios de la antropología social para esclarecer lo cotidiano y aparentemente trivial, lo que normalmente damos por sentado. También en este campo vemos la influencia de la globalización por los grandes cambios operados, pero hay también continuidad de importantes sectores. Por ejemplo, no hay el menor indicio de que los noruegos gasten ahora menos dinero en equipar sus hogares (en este terreno se hallan a la cabeza mundial) o que vayan con menor frecuencia a la montaña desde que hicieron su aparición la televisión en color, los establecimientos Mc Donald e Internet.

La nación como ideología

La literatura de carácter histórico nos da otra perspectiva de lo noruego y lo nacional. Desde hace tiempo, los historiadores vienen considerando su labor construir la nación describiendo el pasado de Noruega desde el punto de vista nacionalista. Por citar un ejemplo, la resistencia noruega contra los alemanes durante la II Guerra Mundial ha sido descrita en un número increíble de libros, en desproporción con los esfuerzos desplegados de hecho durante la ocupación alemana.

Se ha prestado gran atención a 1814 y 1905, dos importantes fechas nacionales: cuando Noruega por fín se independizó de Dinamarca y de Suecia, respectivamente. Carece en cambio de interés el contacto existente entre Noruega y el resto de Europa y la influencia que el continente y el resto del mundo hayan podido ejercer sobre el desarrollo de lo que hoy se considera exclusivamente noruego. El debate de la historia noruega en periódicos y revistas se aviva por épocas. Los autores que se muestran escépticos respecto de lo que perciben como patriotismo a ultranza imperante en la historiografía tradicional noruega, señalan que el concepto "nación noruega" presenta acentuados rasgos de mitología e ideología nacionalista. En nuestros días, nos hacen recordar, sigue siendo necesario no perder de vista las facetas destructivas del nacionalismo, puestas de manifiesto en guerras civiles y de "liberación nacional" en el mundo entero.

Una de las aportaciones más destacadas al debate público de los últimos tiempos sobre la historia de la nación noruega ha sido la de Øystein Østerud, licenciado en Ciencias Políticas. En su libro Nasjonenes selvbestemmelsesrett. Søkelys på en doktrine (El derecho de autodeterminación. Investigación de una doctrina), de 1984, escribe Østerud: "Incluso cosas que consideramos noruegas de orígen y viejas como el tiempo, por ejemplo las decoraciones a base de motivos florales pintadas sobre madera, los bunad y el hardingfele (violín con cuatro o cinco cuerdas más que el violín alemán, lo que permite obtener una resonancia particular), tienen frecuentemente su orígen en otras partes de Europa". Más adelante señala que ciertos aspectos importantes de nuestra identidad nacional fueron definidos como tales por la burguesía del siglo pasado: "Fue la clase alta urbana la que calificó de noruega hasta la médula, idealizándola, la cultura propia de los campesinos montañeses. La nación no es, en otras palabras, ni don de los dioses ni realidad eternamente válida, sino producto político y cultural. En la misma línea, al describir el conflicto entre los nacionalistas noruegos y los escandinavistas del siglo pasado, Østerud concluye diciendo que "en otras circunstancias, la mitología común del nacionalismo podía haber encontrado un candidato igualmente idóneo en la nobleza rural noruega, o en Escandinavia en general". Desde la perspectiva histórica y cultural se percibe igual número de elementos en favor de un nacionalismo al que podemos llamar occidental o escandinavo que de uno noruego. Østerud afirma igualmente que al tiempo de la disolución de la Unión con Suecia, en 1905, los noruegos orientales tenían más en común con los suecos que con los noruegos occidentales.

Varios autores han ido más lejos aún que Østerud a la hora de desmitificar el nacionalismo noruego. El investigador Anders Johansen ha escrito, entre otras cosas, que de existir en Noruega una prenda de vestir nacional, en el sentido de que a todos gustara y de todos fuera usada, ésta no sería el bunad típico del romanticismo nacionalista, sino los pantalones vaqueros, a los que en Noruega se ha bautizado con el nombre de ola-bukser (Ola es un nombre típicamente noruego, tan corriente como Juan en español y sirve para designar al hombre de la calle, "a todo el mundo"). A esto se puede en fin añadir que el plato nacional por excelencia, estadísticamente hablando, es una pizza congelada con un nombre tan poco noruego como el de Pizza Grandiosa.

Identidad noruega en el umbral del año 2000

La identidad noruega no es, en otras palabras, ni eterna ni inmutable. Con ser indiscutible que los noruegos de hoy en día lo son tanto como sus antepasados, ser noruego hoy significa algo completamente distinto de lo que significaba hace tan sólo treinta años. El sentimiento de pertenenecer a Noruega es posiblemente menos acusado en nuestros días que durante la ocupación alemana y en los años que siguieron a la II Guerra Mundial. Puede haber aspectos de la identidad de cada individuo por separado que se valoren más que los relativos a la pertenencia nacional. La globalización ha desempeñado un papel primordial en este sentido y lo sigue desempeñando. Por otra parte, las tendencias nacionalistas pueden resultar reforzadas por la globalización, al dar ésta lugar al sentimiento ampliamente compartido de que peligra la identidad noruega. No existe sin embargo acuerdo respecto del contenido de dicha identidad. La inmigración de los últimos años, procedente de países no europeos, nos invita a reflexionar en este sentido. ¿Va a definirse la identidad noruega con unos límites tan estrechos que queden fuera de ella por siempre las minorías permanentes, compuestas por turcos, paquistaníes, vietnamitas, bosnios, por no hablar de los samis (lapones)?

La inmigración ha sido sin duda uno de los catalizadores del debate en torno a la identidad noruega. Al igual que veíamos ocurre con la globalización cultural, la presencia de inmigrantes refuerza el sentimiento de identidad nacional y lo debilita al mismo tiempo. Debilita lo nacional, porque Noruega se diversifica. Crecen niños que están "a caballo" entre dos culturas y se desarrollan culturas "mixtas" a las que llegan impulsos de la tradición noruega, de la cultura de masas universal y de las culturas que traen los inmigrantes. Noruegos e inmigrantes están bajo el influjo de estos encuentros interculturales. Al mismo tiempo se refuerza lo nacional, porque muchos noruegos sienten necesidad de marcar sus rasgos distintivos al enfrentarse con lo extranjero. De este modo son más conscientes de ser noruegos de lo que en otro caso hubieran sido.

El debate público en torno a la cultura e identidad noruegas no ha hecho sino comenzar. En los años 80 y 90 se dieron importantes pasos en esta dirección. Los noruegos se integran cada vez más en el mundo al tiempo que lo hacen la sociedad y la cultura que les son propias; pero a la vez se interesan de forma creciente por definir sus rasgos distintivos. Empiezan además a percatarse de que "la singularidad noruega" está sometida a cambios constantes, que hay poco en común entre los noruegos de los años 90 y el almirante Petter Wessel Tordenskjold (1690-1720), y no digamos el rey vikingo Harald I Hårfagre ("el de la hermosa cabellera", 850-933); que se puede tener mayor afinidad con un extranjero que con el propio vecino. Cada nueva generación debe en cierto modo crear su propia identidad, pudiéndose hablar tanto de continuidad como de cambio al compararla con la generación precedente. No podemos sino hacer conjeturas respecto del contenido de la identidad noruega en el año 2000. El panorama cambia con tanta rapidez que mucho podría ocurrir en el transcurso de pocos años. Quizás en el año 2000 asistamos a la unión de la Asociación Musulmana Noruega con la Asociación de Jóvenes Campesinos al objeto de combatir el imperialismo cultural norteamericano; puede que Noruega tenga su primer ministro noruego-paquistaní o que el idioma de Noruega sea una mezcla de noruego e inglés americano. Lo único seguro es que seguirá habiendo seres humanos en el planeta que se denominen a sí mismos noruegos y que tendrán opiniones muy firmes acerca de lo que es típicamente noruego.

Para terminar, permitánme que les cuente la anécdota siguiente: hace algunos años el popular programa radiofónico Nitimen (emitido durante más de treinta años todos los días a las 9 de la mañana, como su propio nombre indica) invitó a los radioyentes a designar "lo más noruego de lo noruego". Más de 30.000 personas dieron su opinión, siendo algunas de las propuestas más populares las manoplas de lana de Selbu (región de renombre por sus labores de punto jacquard), el cortador de queso (que permite cortar en lonchas muy finas los quesos de tipo gruyère o de tipo brunost), el gato cerval noruego, la canción Kjerringa med staven (La vieja de la vara), el gorro de lana del Gnomo de la Navidad, los fiordos, el hardingfele y, por supuesto, el 17 de mayo, Fiesta Nacional (Noruega es el único país en el que no desfilan las Fuerzas Armadas en tal solemnidad, sino que lo hacen los niños de edad escolar y los estudiantes. Los noruegos se ponen ese día sus trajes típicos regionales). Salió vencedor el brunost (existen diferentes variantes de este tipo de queso, hecho a base de leche de cabra con un poco de leche de vaca, que se carameliza para después moldearse en un bloque compacto), el cual es sin duda alguna noruego y de sabor tan peculiar que las posibilidades de su globalización son infinitesimales.

Bibliografía

* Hans Magnus Enzensberger:

Norsk utakt, traducido por Lasse Tømte.

Oslo: Universitetsforlaget 1984

(Impreso en Akk Europa,

Universitetsforlaget 1987)

*Thomas Hylland Eriksen: Typisk norsk.

Oslo: Huitfeldt 1993.

*Marianne Gullestad: Kultur og hverdagsliv.

Oslo: Universitetsforlaget 1989-

* Anders Johansen: Den store misforståelsen.

Oslo: Spartacus 1995.

*Arne Martin Klausen: Den norske væremåten.

Oslo: Cappelen 1984

* Øyvind Østerud: Nasjonenes selv-

bestemmelsesrett. Søkelys på en doktrine.

Oslo: Universitetsforlaget 1984.

Thomas Hylland Eriksen, nacido en 1962, es doctor en Antropología Social por la Universidad de Oslo y redactor de la revista especializada "Samtiden". Ha escrito una serie de libros sobre el nacionalismo, las relaciones étnicas y el cambio cultural, entre los que destacamos "Typisk norsk: Essays om kulturen i Norge" (1993).

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