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La literatura femenina noruega

En 1854-55 se publica la primera novela moderna de la literatura noruega, Las hijas del Gobernador ("Amtmannens døtre"), obra muy adelantada a au tiempo. Hasta que, a principios del decenio de 1870, el crítico danés Georg Brandes preconizara que la creación literaria ha de ser capaz de someter los problemas a debate, no aparecen obras verdaderamente realistas y contestarias. Las hijas del Gobernador se publica con autor anónimo, aunque apenas fuera un secreto que había sido escrita por una mujer: Camilla Collett (1813-1895), viuda y con dos hijos, perteneciente a la clase social del alto funcionariado, hermana del poeta más talentoso y discutido de Noruega.

Por Irene Engelstad y Janneken Øverland

Ante todo, la novela de Camilla Collett reivindica la liberación emotiva y espiritual de la mujer, y aunque la autora no exija reforma práctica alguna que estimule la emancipación de la mujer, la obra es considerada como el anuncio del feminismo en Noruega. La propia Camilla Collett fue gran inspiradora del grupo que fundó, en 1884, la primera asociación feminista en Noruega. Según la autora, su novela bien podría haberse titulado Hijas de una nación ("Et Lands Døtre"), contribución, de corte nacional, a una "Historia del corazón femenino". Por aquellos tiempos, el destino, la finalidad de la existencia mujer era casarse, ser mantenida y consagrarse a la vida familiar. Pero, cuando esa misión no estaba basada en la libre elección de marido –y casi nunca lo estaba, según Camilla Collett– la vida adulta de la mujer tenía que ser una tragedia. Lo radical en la reivindicación del derecho de la mujer a elegir por sí misma que plantea Camilla Collett, era que ello tendría como consecuencia que la mujer fuera tratada como individuo independiente y "mayor de edad". Lo que no era por aquel entonces.

Algunos ejemplos sacados del sistema legal pueden ilustrar lo precedente. Hasta 1863 no consiguieron las mujeres solteras y mayores de 25 años la misma potestad que los varones adultos, en particular el derecho a disponer de su propio patrimonio u otros medios económicos. La mujer casada carecía de derechos y estuvo sometida a la autoridad del cónyuge hasta el año 1888, y no fue plenamente equiparada al marido en asuntos económicos hasta la nueva legislación de 1918 y 1922. Hasta 1913, año en que se introdujo el sufragio universal para la población masculina y femenina, la mujer estuvo incapacitada políticamente. Durante todo el siglo XIX, el manifestarse una mujer públicamente era algo casi inaudito y, en todo caso, considerado como impropio y nada femenino. El que Camilla Collett se atreviera a ello, sirvió de acicate a la generación femenina siguiente. Una mujer de esa generación escribió, en 1879, la reseña de una colección de ensayos de Camilla Collett, Contra la corriente ("Mod Strømmen"), caracterizando a la autora de "protesta personificada" contra la opresión de la mujer en la sociedad. La reseña era obra de Amalie Müller, divorciada y con dos hijos que mantener, que volvió a contraer matrimonio posteriormente y sería conocida con el nombre de Amalie Skram (1846-1905).

Amalie Skram, que procedía de una capa social inferior a la de Camilla Collett, no tuvo ocasión, como ésta, de asistir a una escuela de señoritas en el extranjero y aprender idiomas y literatura clásica. Amalie Skram carecía de preparación escolar. Cuando aún no había cumplido 18 años, el padre abandonó el hogar y se fue a América. Poco después, Amalie contraería matrimonio para procurarse el sustento.

La mayoría de las profesiones y las instituciones docentes estuvieron vedadas a la mujer hasta finales del siglo pasado. El primer título de bachiller femenino se concedió en 1882. Dos años más tarde, en 1884, se permitió a la población femenina el acceso a la totalidad de los exámenes universitarios, pero la oposición fue enconada, y es evidente que muy pocas mujeres tuvieron oportunidad de aprovechar estas posibilidades educativas. Con el tiempo, algunas profesiones (profesora, telegrafista, oficinista) llegaron a considerarse apropiadas para la mujer, pero la remuneración de ésta era sólo de un tercio a la mitad de la del varón. Muchas de las mujeres que trabajaban también se vieron obligadas a contraer matrimonio para procurarse sustento.

En su primera novela, Constance Ring (1885), la heroína, al quedarse viuda, se ve confrontada a la expectativa de tener que buscarse un empleo. Constance, sin embargo, no considera esto una posibilidad de acción realista; en parte porque un trabajo en la industria supondría una degradación social, pero también porque, de hecho, muchas profesiones estaban vedadas a la mujer.

Desde mediados a finales del siglo XIX, la prostitución estuvo oficialmente reconocida en las grandes ciudades. Muchas mujeres de la clase obrera tenían que vender su cuerpo para ganarse la vida, además de trabajar, a menudo, como costureras o similar. Esta situación estuvo admitida por el Poder legislativo hasta las postrimerías de los años ochenta. Por otra parte, se daba por supuesto que la mujer (la mujer burguesa, se entiende) carecía de fuerte instinto y necesidades sexuales, por lo que era idónea como "ideal de moralidad del varón". El gran adalid literario Bjørnstjerne Bjørnson tuvo que viajar a América y escuchar conferencias con base científica sobre la sexualidad femenina para convencerse de que la mujer tenía una vida sexual tan fuerte como la del hombre. Pero la noción de que la mujer carecía de capacidad para el abandono erótico acompañó también a las autoras literarias hasta bien entrado el nuevo siglo.

Lo anterior se observa también en las primeras novelas de Sigrid Undset (1882-1949), de 1907 a 1920. Esta autora pertenece a la primera generación femenina que con cierta propiedad podemos caracterizar de emancipada. Cursó estudios mercantiles y, durante muchos años, se ganó la vida como oficinista antes de viajar a Roma para realizar su sueño de ser pintora. Contrajo matrimonio con un pintor, pero, como mujer casada, sus sueños de artista quedaron relegados a segundo lugar. Al tener su primer hijo, tuvo que dejar la pintura. Luego se divorció, pero, como contrapartida, fue una escritora que alcanzó el máximo galardón que se puede otorgar a un autor: en 1928 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. La obra principal de Sigrid Undset –y una de las más leídas en Noruega– es la trilogía de ambiente medieval Kristin Lavrandsdatter. La actriz noruega Liv Ullmann ha dirigido una nueva versión cinematográfica, concebida a lo grande, de la novela, que se estrenará en 1995.

En las novelas de Sigrid Undset con ambiente de su época, hay figuras femeninas modernas que serían impensables en los tiempos de Collett y Skram. Muchas de sus heroínas ejercen una profesión, fuman, practican actividades recreativas al aire libre, como el deporte del esquí (algo nada "femenino" en la década de 1880) y, sin recato, se dejan acompañar de jóvenes varones en sus excursiones al campo o la montaña. Pero también estas mujeres, al igual que los personajes femeninos de Nini Roll Anker (1873-1942) y Cora Sandel (1880-1974), viven en una sociedad y en una época en que, como féminas, están sometidas al dominio del varón y, además, a las leyes biológicas de su propio sexo: embarazo, parto, maternidad. Cada una a su manera, estas autoras literarias se interesan por la gravidez y la maternidad no deseadas. Por aquel entonces, se abogó por la promulgación de nuevas leyes que establecieran el ámbito de responsabilidad del padre con respecto a los hijos no matrimoniales, y también por facilitar información sobre reducción de natalidad y moderar la legislación relativa al aborto provocado. La cuestión en torno a la intervención en decisiones biológicas de la mujer, como el aborto o el control de la natalidad, dividió a la población femenina en dos bandos. Singrid Undset era adversaria vehemente de tales regulaciones, mientras que Nini Roll Anker y Cora Sandel llegaban casi a la agitación en su defensa del derecho de la mujer soltera a este respecto.

Otro punto de discordia, en el decenio de 1920, era el derecho de la mujer casada al trabajo remunerado. Este problema se acentuaría durante los años treinta, época de mucho paro en que las restricciones al derecho de la mujer al trabajo fueron utilizadas como recurso para atenuar el desempleo. En su novela Colgando de un hilo (1935), Nini Roll Anker describe una huelga de trabajadoras para conservar su empleo en unos tiempos de crisis económica.

Con todo, en los medios literarios de entreguerras se deja sentir la impronta de la mujer, tan acusada que alguien ha llegado a decir que fue una época de predominio femenino. Esta situación se debía, más que nada, a que, por primera vez, una mujer, Sigrid Undset, ocupaba el cargo presidencial de la Sociedad de Autores de Noruega. Como vicepresidenta, tuvo durante algún tiempo a su amiga Nini Roll Anker.

Después de la II Guerra Mundial, las autoras literarias se han distinguido en todos los géneros cultivados y, a veces, han trazado nuevas sendas en campos como la poesía lírica, el radioteatro, la novela fantástica o la breve narración poética. A este respecto, merecen citarse, entre otros, los nombres de Solveig Christov (1918-84), Torborg Nedreaas (1906-87), Inger Hagerup (1905-85), Gunvor Hofmo (n. 1921), Bergljot Hobæk Haff (n. 1925), Bjørg Vik (n. 1935), eldrid Lunden (n. 1940), Liv Køltzow (n. 1945), y Cecilie Løveid (n. 1951).

En la vida social, la mujer, oficialmente, ha alcanzado igualdad con el varón en todos los aspectos. El Gobierno de la Sra. Gro Harlem Brundtland ha seguido una consciente política de reclutamiento encaminada a ampliar la cuota de participación femenina en el Parlamento y el Gobierno. No obstante, la participación masculina sigue siendo predominante en los cargos importantes, sobre todo en el ámbito cultural. Y aunque el número de autoras literarias haya aumentado notablemente desde los tiempos de Camilla Collett, sólo una cuarta parte, aproximadamente, de los miembros de la Sociedad de Autores de Noruega son mujeres. De ahí que pueda resultar paradójico que predomine la representación femenina en el conjunto de lectores. Y que sean escritoras como Anne Karin Elstad (n. 1938) y Herbjørg Wassmo (n. 1942) quienes alcancen los mayores éxitos de ventas.

Por otra parte, tal vez ello no sea tan extraño si observamos que tanto Anne Karin Elstad como Herbjørg Wassmo han seguido los pasos de Sigrid Undset, eligiendo un marco histórico para sus creaciones literarias. La novela histórica siempre ha sido un género popular en Noruega.

En la serie de novelas sobre las gentes de Innhaug, escribe Anne Karin Elstad sobre el siglo XVIII.

Otro tanto hace Herbjørg Wassmo en las dos narraciones sobre Dina, El libro de Dina ("Dinas bok") (1994) y El hijo de la felicidad ("Lykkens sønn") (1992). Dina es una figura "nueva" en la literatura noruega, probablemente el primer personaje femenino que rebasa con creces el marco de la literatura realista. Una mujer fuerte y orgullosa como una amazona, que monta a caballo, fuma, toca el violonchelo y tiene una vida sexual... ¡En el Norte de Noruega y en la década de 1860! Para esta figura femenina, la Wassmo ha tomado rasgos de heroínas de las sagas nórdicas, de personajes bíblicos y del realismo mágico. En un tono bastante más apaciguado, describe, en tres libros, a la joven Tora, hija de madre noruega y soldado alemán, que vive su niñez y adolescencia en míseras condiciones, en el remoto Norte, finalizada la última guerra mundial.

Bjørg Vik, otra popular prosista, completó, en 1994, una trilogía de carácter autobiográfico que narra la infancia y juventud, en Oslo, de la protagonista, Elsie Lund, durante y después de la segunda conflagración mundial, hasta llegar a las puertas de una posible carrera como escritora.

La segunda mitad del decenio de 1980 y primera del de 1990 han sido testigos de la conquista de nuevas esferas de actividad por la mujer, tanto en la realidad como en la ficción literaria. En el Polo Sur, han seguido las huellas del hombre. En la literatura, las autoras noruegas van camino de conquistar una posición durarera en el campo de la novela policiaca, que tradicionalmente ha sido un bastión masculino. En 1983, Kim Småge introdujo su detective femenino y hábil nadadora en su novela Chapuzón nocturno ("Nattdykk"), a la que siguieron otras narraciones y cuentos. En la década de 1990, ha sido emulada por otras escritoras competentes, como Anne Holt y Kjersti Scheen.

La aportación capital de la mujer a la literatura noruega de los últimos años, es una nueva energía. En la década de 1970 y principios de la de 1980, las escritoras se ocupaban principalmente de documentar la situación actual de la mujer, de mostrar –para bien y para mal– el mundo visto desde la perspectiva femenina. En lo últimos años, la producción literaria femenina ha adquirido más vuelos, tanto en su modo de expresarse, como en su contenido. La mujer que escribe, por decirlo de un modo castizo, "se ha soltado la melena". Esto puede observarse, sobre todo, en los libros de autoras más jóvenes como Vigdis Hjorth, Marianne Fastvold y Sissel Lie, que presentan refrescantes y poco tradicionales figuras femeninas.

Con El corazón del león ("Løvens hjerte" (1990) y sus dos últimas novelas, Viajando por azúcar quemada ("Reise gjennom brent sukker" (1992) y Cisne rojo ("Rød svane") (1994), Sissel Lie –quizás la más poética de esas autoras- se ha aventurado, con el ropaje verbal del cuento y el mito, por un entramado de difíciles relaciones humanas: entre hombre y mujer, o entre madre e hija.

En la década de 1990, se han escrito muchas y buenas novelas cortas en noruego, y entre los autores más interesantes se encuentran varias mujeres. Lisbet Hiide ha destacado por su estilo audaz, de inspiración psicoanalítica; Merethe Lindstrøm escribe de modo sugestivo sobre niños, sobre nostalgia y tristeza; y Laila Stien desde la región fronteriza entre la población noruega y los aborígenes lapones del Norte del país.

La vitalidad y variación que aportan las escritoras de última hora son un buen augurio para los años postreros del milenio.

Historia de la literatura femenina noruega – una obra pionera

La primera presentación coherente de literatura de ficción escrita por mujeres noruegas se ofrece en los tres tomos de la Historia de la literatura femenina noruega. A nivel internacional, las obra fue un trabajo pionero al ser concluida hacia fines de 1990 y principios de 1991. Sus tres volúmenes fueron editados por Pax Forlag (Oslo), y en su redacción colaboraron cinco historiadoras de literatura. Los tres tomos cubren el período que abarca de 1600 al decenio de 1980. La idea de escribir la obra surgió en los centros de investigación de la mujer de las universidades de Oslo, Bergen, Trondheim y Tromsø, en parte inspirada por el movimiento feminista de la década de los setenta.

Desde que la obra empezó a planificarse hasta la publicación del último volumen habrían de pasar diez años. El proyecto recibió cierto apoyo económico de los centros oficiales de investigación del país. El Consejo de Investigaciones Científicas de Noruega (NAVF) financió un puesto de redactor durante tres años. Los otros cuatro integrantes del equipo redactor trabajaban en universidades o editoriales. Las cinco redactoras son responsables de casi la mitad de los 75 capítulos de la obra. El resto ha sido escrito por especialistas de la investigación literaria de universidades noruegas. Cinco de los colaboradores son masculinos.

El primer volumen abarca el período 1600-1900; el segundo, de 1900 a 1940; el tercero concluye con el decenio de 1980. En conjunto, la obra tiene más de 750 páginas y hace referencia a más de 700 autores. Además, el último tomo contiene una sección de consulta de 40 páginas, donde la biografía y bibliografía de las escritoras noruegas se presenta en forma de índice analítico.

El objeto de la obra es presentar a las autoras literarias y destacar su lugar y significación en la historia de la literatura noruega. A diferencia de las obras de corte tradicional, en esta historia de la literatura los autores masculinos son personajes secundarios. Se ha afirmado que este enfoque de la obra estimula un modo de pensar restrictivo. La opinión del equipo redactor, empero, es que la concentración en autores femeninos y su obra han servido de fructífero rodeo para poder ofrecer una nueva y completa visión de la historia de la literatura noruega, ya que se sigue intentando ignorar a la mujer, no sólo en el plano cotidiano, sino también en el contexto histórico y cultural.

Cuando se escribe la historia de Noruega o la historia de su literatura, cuando se trata de sacar conclusiones, se hace a menudo a costa de la mujer. Con frecuencia, solamente se citan algunas grandes escritoras, mientras que se mencionan innumerables autores masculinos de relativa poca importancia. Una historia de la literatura concentrada exclusivamente en autores femeninos da cabida a muchas más escritoras y ofrece una descripción más completa.

Después de muchos años de trabajar con el material literario y biografías, el equipo redactor aprendió mucho sobre las escritoras noruegas. Sobre todo en el caso de las autoras más antiguas, es evidente que era difícil combinar una vida normal de mujer con el cultivo de las letras. No obstante, lo consiguieron: escribiendo en la buhardilla, en la mesa de la cocina o por la noche. La historia de la literatura mundial nos enseña que esto no era un fenómeno particular noruego. En el siglo pasado, la inglesa Emily Brontë y la autora sueca Fredrika Bremer escribieron, en la intimidad de la cocina, obras que causaron sensación en sus respectivas literaturas nacionales.

Además de Camilla Collett, hubo otras escritoras en Noruega en tiempos más lejanos. Hanna Winsnes (1789-1872), esposa de pastor protestante, autora de libros de cocina y madre de siete hijos, escribía en secreto, hacia 1850, novelas góticas con el seudónimo de Hugo Schwartz. En varios aspectos, la novela era un género literario accesible a la mujer. El escribir novelas no exigía necesariamente una formación escolar, pero la experiencia de la vida podía ser una ventaja, así como el conocimiento del carácter humano. Y esto lo proporcionaba en abundancia el cometido de esposa y madre. De ahí que, en cierto modo, la escritora se sintiera inmersa en el mundo de sus novelas –en la cocina o en el salón del hogar– durante el proceso creador. Y por ello, esa íntima trabazón de vida femenina y mundo novelesco podía infundir fortaleza.

En 1927, Virginia Woolf escribió su obra A Room of One's Own, y en ella hacía hincapié en que la mujer, para llegar a ser artista creador, debe tener su "propio cuarto", no sólo en la acepción material, sino también en la espiritual. A pesar de ello, todavía muchos decenios más tarde, un gran número de escritoras seguía cultivando su arte en el cuarto "de otros". Si es que no hacían como Sigrid Undset, que, allá por los años veinte, rodeada de una grey infantil, comprendió que sólo disponía de la noche. Y por la noche escribió a veces. En la cocina.

Pese a la abundacia de material recogido por el equipo redactor sobre la vida y el destino de las autoras literarias, se ha preferido escribir sobre sus obras. El aspecto literario ha prevalecido sobre el biográfico, aunque, muy frecuentemente, éste fuera fascinante, novelesco y estremecedor.

En la historia de la literatura de hechura tradicional, se suele dar importancia a la biografía y la obra del autor, que se consideran un todo. La Historia de la literatura femenina noruega ofrece un planteamiento algo distinto, proyectándose sobre las formas literarias, los diversos géneros: la novela, el drama, la poesía lírica y, paulatinamente, otros subgéneros: salmos, memorias, ensayos y nuevas formas que surgen: literatura infantil, literatura de evasión, radioteatro, etc.

La Historia de la literatura femenina noruega pone de manifiesto que la mujer ha desempeñado un importante papel en el desarrollo las diversas formas literarias, resaltando las peculiaridades de su contribución con respecto a la aportación masculina en este ámbito.

Debido a este enfoque sui géneris de la obra, el equipo de redacción ha descubierto aspectos inéditos. Por ejemplo, que, en la segunda mitad del siglo XIX, Camilla Collett tuvo innumerables sucesoras. Las autoras literarias cultivaban preferentemente la novela realista, la prosa, escribiendo novelas, cuentos y biografías. Además de Camilla Collett, otros nombres prestigiosos son los de Hanna Winsnes, Magdalene Thoresen (1819-1903) y, algo más tarde, Alvilde Prydtz (1846-1922).

En conexión con este florecimiento literario, aparecieron también obras en prosa para niños como un natural campo de creación de los autores femeninos, y en este género predominaron durante mucho tiempo. Más tarde, y siguiendo modelos foráneos, se cultivó también el subgénero del libro "para jovencitas". El equipo redactor ha descubierto, asimismo, que, en el período de posguerra, un gran número de autoras se ha dedicado al género de la novela radiofónica. Algunas modalidades literarias prevalecen a lo largo de los tres volúmenes; por ejemplo, la poesía lírica: desde la obra pionera de Dorothe Engelbretsdatter (1634-1716) entre los salmistas del siglo XVII, hasta el abrumador número de autoras que, en el marco de la modernidad, escriben poesía lírica a partir de los años sesenta. Ha sorprendido al equipo redactor que la poseía lírica tuviera tantas cultivadoras, por ejemplo, en el período de 1900 a 1940. En el capítulo dedicado a dicha época, se hace hincapié en el hecho de que, hasta entonces, la fórmula de la lírica amorosa se basara en los sentimientos del hombre hacia la mujer. Todas las imágenes literarias servían para describir la admiración y atracción del varón por la fémina.

Las primeras autoras de poesía lírica que se expresaron libremente en el siglo XX, troperazon con una especie de muralla al pretender escribir "tal y como era" para ellas. "Mejor será que se busque un novio", le espetó un editor a Halldis Moren Vesaas (n. 1907) antes de que ésta publicara su primera obra.

Además de estudiar los diversos géneros literarios y seguir su evolución, la Historia de la literatura femenina noruega contiene veinte semblanzas de escritoras. Entre ellas se encuentran figuras de renombre, como Dorothe Engelbretsdatter, Amalie Skram, Sigrid Undset y Cora Sandel, vistas desde un ángulo inédito, y otras menos conocidas, como Alvilde Prydtz, Barbra Ring (1870-1955) y Edith Øberg (1895-1968), así como escritoras contemporáneas como Ebba Haslund (n. 1917), Anne-Cath. Vestly (n. 1920) y Cecilie Løveid (n. 1951). La Historia de la literatura femenina noruega pone

de relieve algo no siempre manifiesto en la historia convencional: que, durante siglos, "la cultura literaria femenina" ha sido una viva realidad en Noruega.

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