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Descubridores y exploradores noruegos

La costa de Noruega es larga y accidentada, con fiordos que penetran profundamente en el país, por lo que gran parte de la población habita cerca del mar. Desde el amanecer de la historia, el cultivo de la tierra ha dado escasos frutos al pueblo noruego.

Linn Ryne, Nytt fra Norge

No es de extrañar, pues, que el campesino, al labrar sus míseros campos, levantara de cuando en cuando la vista y contemplara el tentador horizonte, esparciendo la mirada por la vastedad de un mar que no sólo podía dar sustento, sino también ser la vía por donde llegar a tierras de suelo más fértil que el patrio y de clima más benigno para el hombre y el ganado.

En tiempos prehistóricos tal vez ya hubieran existido audaces viajeros en Noruega, pero no se tiene noticia de tempranos descubrimientos hasta que empiezan a escribirse narraciones de viajes.

En la Edad Media, después de la caída del Imperio Romano, era la Iglesia el único poder realmente unificador en Europa. Sin embargo, no hizo mucho por estimular el espíritu de aventura y el ansia descubridora. El concepto geográfico del mundo estaba basado en la Biblia. Los descubrimientos que pudieran conmover la cosmovisión bíblica no eran bien vistos por la Iglesia. En la Noruega pagana, empero, vivía un pueblo ávido de tierra nueva. El suelo cultivable era escaso a lo largo de los fiordos y en las riberas de los numerosos lagos circundados por parajes abruptos y escarpadas vertientes. Aunque la navegación costera estaba muy extendida, no fue posible surcar los mares, en pos de nuevas tierras, hasta la construcción de embarcaciones aptas para la navegación de altura. El problema fue solucionado con la aparición de las ágiles y marineras naves vikingas. El ancho casco de fondo plano, de escaso calado, permitía navegar por aguas poco profundas, a lo largo de la costa o remontando los ríos, a menudo bien adentro en tierra extraña.

Gracias a sus luengas y gráciles naves, el pueblo vikingo fue de los primeros, en la Edad Media, que se lanzaron a empresas de descubrimiento.

Las incursiones vikingas

En los primeros tiempos, las expediciones vikingas constaban de pocas embarcaciones, pero paulatinamente fue aumentando su número, llegando a contar con centenares de barcos las soberbias flotas que se hacían a la mar rumbo a las costas de Europa occidental: Inglaterra, Escocia, Francia o Irlanda. Los vikingos arribaban como expoliadores, asolando y matando, y se dice que su fama sembraba el terror por las costas de Europa occidental. Su reputación, empero, no era del todo justa, pues los vikingos eran también hábiles comerciantes y administradores competentes. En muchos lugares fundaron ciudades, como Dublín, y establecieron colonias, como Normandía, en Francia. De 879 a 920 colonizaron Islandia, isla que, a su vez, fue punto de partida para la colonización de Groenlandia.

En 986, el noruego Eirik Thorvaldsson — más conocido como Erico el Rojo — partió para Groenlandia y exploró su región suroccidental, antes de afincarse en la inmensa isla. El hijo de Erico el Rojo, Leiv Eiriksson, fue el primer europeo que pisó tierra norteamericana, convirtiéndose así en el primer noruego que ocupa un lugar destacado entre los grandes descubridores.

No se sabe con exactitud el lugar y fecha de nacimiento de Leiv Eiriksson, pero se da por cierto que se crió en Groenlandia. La saga de Erico el Rojo cuenta que marchó a Noruega en 999, donde estuvo al servicio del monarca de aquel país, Olav Trygvasson. Una año más tarde fue enviado de vuelta a Groenlandia para convertir al cristianismo a las gentes que se habían afincado allí con Erico el Rojo.

Sobre los acontecimientos posteriores hay diversidad de opiniones. Unos dicen que, de regreso a Groenlandia, Leiv Eiriksson perdió el rumbo y, accidentalmente, desembarcó en la región nororiental de América del Norte hacia el año 1000, es decir, casi 500 años antes de que el italiano Cristóbal Colón "redescubriera" América.

Según otra versión, basada en la saga groenlandesa, considerada normalmente como fuente digna de crédito, el descubrimiento de América por parte de Leiv Eiriksson no fue en absoluto fruto de la casualidad: la saga cuenta que preparó una expedición para comprobar el relato del mercader islandés Bjarni Herjulfsson sobre la tierra de lomas cubiertas de bosques, en los confines de Poniente. Durante una travesía de Islandia a Groenlandia, en 986, Herjulfsson perdió el rumbo, y fue probablemente el primer europeo que avistó tierra americana, aunque nunca llegó a poner pie en ella. Al regreso del mercader islandés, Leiv Eiriksson adquirió su barco, con el que realizó el viaje que la posteridad hizo tan famoso.

El primer lugar donde desembarcó Leiv Eiriksson fue llamado Helluland — tierra de piedras planas —, ahora tenida comúnmente por Tierra de Baffin. Otro paraje descubierto recibió el nombre de Markland o Tierra de Bosques, que se supone fue lo que hoy conocemos como Labrador. El emplazamiento exacto del tercer desembarco, Vinland (Tierra de verdes prados), es discutido por los eruditos, pero bien pudo haber sido una región tan al Norte como la zona septentrional de Terranova, o tan al Sur como Cape Cod, o quizás más meridional todavía.

Leiv Eiriksson invernó con sus hombres en Vinland, en un lugar que llamaron Leifsbudir, regresando a Groenlandia al año siguiente, en 1001.

Fue el hermano de Leiv, Thorvald, quien realizó el siguiente viaje a la tierra recién descubierta, pues, aunque parezca extraño, Leiv nunca regresaría a ella. Varios intentos de establecer una colonia en Vinland no dieron resultado, debido mayormente a las rencillas entre los colonos normandos y la población autóctona: indios o esquimales.

A pesar de que muchos siguen considerando a Cristóbal Colón el descubridor del Nuevo Mundo, el honor de este título fue reconocido oficialmente en los Estados Unidos, en 1964, al proclamar su presidente, Lyndon B. Johnson, con la aprobación unánime del Congreso, el 9 de octubre como el "Día de Leif Ericson", en recuerdo del primer europeo que pisó tierra americana.

Renace el interés por Groenlandia

Después del descubrimiento del Nuevo Mundo por el normando Leiv Eiriksson, la hegemonía descubridora pasó a otras naciones, y habrían de transcurrir muchos siglos antes de que un noruego figurase entre los primeros que hicieran avanzar las fronteras de la civilización.

Al nacer Fridtjof Nansen, en 1861, no quedaba ya ningún continente por descubrir. El contorno del mapamundi, tal y como lo conocemos, ya estaba trazado, quedando sólo la tarea de insertar y matizar los detalles.

Sin embargo, Nansen llegaría a ser mucho más que un audaz explorador, aunque su posición relevante como tal sea indiscutible. Al hacer el balance de su vida y obra, es de notar que los viajes de exploración constituyen tan sólo una pequeña parte de sus logros. Nansen fue también científico, investigador, estadista y filántropo laureado con el Premio Nobel de la Paz. Su abnegada labor humanitaria contribuyó a salvar la vida de muchos millares de refugiados tras la Primera Guerra Mundial. No obstante, prefería considerarse a sí mismo, sobre todo, como explorador y científico, papel en el que se sentía feliz y satisfecho.

Nansen nació en el seno de una familia con un largo pasado glorioso al servicio de la nación. Uno de sus antepasados, por parte de padre, Hans Nansen, había sido alcalde de Copenhague, además de haber tomado parte en la exploración del Mar Blanco. Acuciado por el mismo anhelo de indagar lo desconocido, el joven Nansen decidió organizar una expedición para cruzar los vastas regiones heladas del interior de Groenlandia. Tenía a la sazón sólo 26 años de edad. Ya en 1882 tuvo ocasión de contemplar por vez primera la seductora y salvaje costa oriental groenlandesa, a bordo de un barco noruego dedicado a la caza de focas. Tal vez fue entonces cuando nació la idea de atravesar los hielos seculares de la enorme isla, donde ningún europeo había puesto el pie hasta entonces.

En 1888 partió la expedición, compuesta de seis hombres. Hielos flotantes y corrientes marinas unieron fuerzas para impedir que Nansen y sus cinco compañeros pudieran desembarcar en una franja costera donde crestas escarpadas se erguían casi verticales sobre el mar. Al cabo de doce días lograron pisar tierra y, otros doce jornadas más tarde, yendo hacia al Norte, consiguieron hallar un adecuado punto de partida para el viaje. Finalmente, el 15 de agosto, iniciaron la marcha por el desierto helado. La expedición tuvo que avanzar en condiciones infrahumanas, y al fin, el 29 de septiembre, alcanzaron la costa occidental. Durante la marcha por el gélido caparazón, se llevaron a cabo observaciones meteorológicas y de otra índole.

Los expedicionarios regresaron a Noruega, donde fueron recibidos en triunfo. Nansen, empero, no deseaba dormirse en los laureles. Observaciones anteriores le habían convencido de que existía una fuerte corriente marina que, de Este a Oeste, fluía de Siberia al Polo Norte, y de allí bajaba hacia el Sur, a lo largo de las costas de Groenlandia.

Nansen, firmemente decidido a probar su teoría en la práctica, quería construir una embarcación que fuera lo suficientemente fuerte para soportar la enorme presión de los hielos. Su plan era navegar hacia Oriente, por el paso del Nordeste, hasta el archipiélago de Nueva Siberia, con objeto de dejarse apresar por los hielos. Nansen y la tripulación se quedarían a bordo, deslizándose con las masas heladas hacia Poniente, en dirección al Polo Norte, para después bajar hacia Groenlandia.

Antes de partir, Nansen dio conferencias sobre su teoría: primero, en la Sociedad Geográfica de Noruega; más tarde, en la Royal Geographical Society, de Londres. En Noruega, la reacción fue entusiástica, aunque se alzaron también algunas voces críticas. En Londres, por el contrario, sus planes recibieron una fría acogida. Muchos no creían siquiera que se pudiera construir una embarcación como la pensada por Nansen.

Sin embargo, Nansen no se dejó intimidar. En poco tiempo quedó concertada la financiación de la empresa, pudiendo iniciarse la construcción de la nave polar "Fram" (Adelante). La embarcación no constituía, ni mucho menos, una vivencia estética en el sentido tradicional: de formas redondas, casi parecía tosca, pero era de recia construcción. De ahí que se adaptara de modo excelente a los fines de Nansen. La forma cóncava del casco no dejaba resquicio en que afianzarse el hielo opresor, y cuando la presión de las masas heladas empezara a sentirse, la embarcación sería simplemente elevada por la misma. Al menos, en teoría. Afortunadamente, en la práctica también resultó así.

La expedición partió de Cristianía (ahora, Oslo) en junio de 1893, con provisiones para cinco años y combustible para ocho. El "Fram" puso rumbo a Oriente, bordeando la costa de Siberia. A unos 160 kilómetros antes de llegar a la isla de Novosibirsk, Nansen cambió de rumbo, dirigiéndose al N. El 20 de septiembre, a 790 de latitud, quedó la embarcación apresada por los hielos. Nansen y sus compañeros se dispusieron a dejar que la corriente decidiera la ruta hacia el O. y Groenlandia.

Los expedicionarios pasaron tres largos años totalmente aislados del mundo exterior. El "Fram" avanzaba con extrema lentitud , pero el pequeño barco de 400 toneladas superó la prueba con brillantez; las masas de hielo no lograron hundir la embarcación. Durante años fue la nave un refugio acogedor y seguro para los expedicionarios.

Los interminables y tediosos meses a bordo, casi sin avanzar, pusieron a prueba el temperamento inquieto de Nansen. Parecía como si el barco fuera a ir la deriva hasta apromixarse tanto al Polo Norte como había esperado. Por tanto, decidió abandonar la embarcación y encaminarse por las masas heladas hacia el punto extremo boreal, seguido sólo del más fuerte y resistente de sus compañeros: Hjalmar Johansen. Según el plan, los dos hombres continuarían hasta Svalbard o la Tierra de Francisco José, una vez alcanzado el Polo Norte. El "Fram" quedó al cargo de su avezado capitán, Otto Sverdrup.

El intento, empero, fracasó. Las condiciones eran mucho peores de lo que habían imaginado. A menudo impedían su paso crestas heladas y vías de agua entre los hielos. Finalmente, a lo 88° y 14’ de latitud N., decidieron ir hacia la Tierra de Francisco José. Fridtjof Nansen y Hjalmar Johansen no lograron su objetivo de alcanzar el Polo Norte, pero se acer caron a él más que nadie hasta entonces.

Después de cinco meses y más de 500 kilómetros de incruentos esfuerzos, llegaron ambos a la isla más septentrional de la Tierra de Francisco José, bautizada más tarde como Isla de Jackson, en honor del explorador británico Frederick Jackson, con quien, por caprichos del destino, se encontraron en la soledad del desierto helado. Anteriormente, los dos expedicionarios noruegos habían pasado un invierno completo en una cabaña que habían construido con piedras y cubierto con pieles de morsa.

En agosto de 1896, Nansen y Johansen fueron a Vardø, Finnmark, en una de las embarcaciones de la expedición de Jackson. Sin saberlo ellos, ese mismo día el "Fram" había logrado liberarse de los últimos témpanos flotantes, en la cercanía de Svalbard, e iba navegando rumbo al S. por vez primera en más de tres años. Con ello, se corroboraba la tesis de Nansen. Todo el tiempo, la nave había seguido la corriente marina cuya existencia había anticipado. La expedición consiguió también reunir y catalogar, metódicamente, datos inapreciables sobre corrientes, vientos y temperaturas, demostrando, una vez por todas, que no había tierras cercanas al punto polar en el lado eurásico, solamente una profunda región marina cubierta de hielos. Para la nueva ciencia, oceanografía, la expedición del "Fram" fue de máxima importancia. Para Nansen, constituyó un momento crítico en su carrera: en posteriores años, la oceanografía se convertiría en su mayor vocación.

La época del Nansen explorador había concluido; pero antes de consagrarse a asuntos de Estado y al auxilio y protección de innumerables refugiados, tomó parte en varias expediciones al Mar de Noruega y al Atlántico, donde reunió datos científicos que serían analizados posteriormente en tierra.

Aunque siguió manteniendo su pasión por las expediciones polares, interesándose en particular por las posibilidades que los dirigibles ofrecían en ese campo, Nansen dedicó el resto de su vida (murió en 1930) a otras tareas. Su ambición de toda la vida -dirigir una expedición al Polo Sur- no llegó a realizarse.

La carrera al Polo Sur

Constituye una singular coincidencia histórica que los dos exploradores polares más grandes de Noruega, Fridtjof Nansen y Roald Amundsen, fueran contemporáneos. Amundsen nació en 1872, once años después que Nansen, cerca de Sarpsborg, localidad industrial de la región suroriental de Noruega. Al morir sus padres, renunció a sus planes de estudiar Medicina, resolviendo dedicarse a las exploraciones e investigaciones polares. Empezó a navegar muy joven, y ya como avezado marinero se enroló en un barco mercante que recorría aguas árticas, antes de servir, como segundo piloto, a bordo del "Bélgica", primer barco que invernaría en el Antártico, en 1897-1899.

La experiencia adquirida le animó a abordar una empresa que había desafiado a los navegantes desde hacía más de 300 años: el paso del Noroeste. Desde antaño, había despertado curiosidad la legendaria ruta marina, atajo entre Europa y Asia, al N. del continente americano, pero ninguna embarcación había conseguido forzar el paso en toda su longitud. Amundsen adquirió una robusta embarcación, con el nombre de "Gjøa", provista de velamen y un motor de 13 caballos. El verano de 1903, el "Gjøa" partía del fiordo de Oslo. Con una tripulación de seis hombres, Amundsen se enfrentaba a la formidable tarea de surcar, en toda su longitud, el peligroso paso del Noroeste, plagado de hielos.

La expedición fue coronada por el éxito. En agosto de 1906, el "Gjøa" dejaba atrás las masas heladas, surcando el estrecho de Bering, entre Alaska y Siberia. Durante la travesía, la tripulación había reunido material científico. Entre los datos más importantes, figuraban precisas observaciones sobre el magnetismo terrestre, así como la localizacion del Polo Norte magnético. Además, se había obtenido material etnográfico sobre la población esquimal que habitaba a lo largo del paso del Noroeste.

Animado por este temprano éxito, dirigió entonces su atención al Polo Norte. Esperaba poder llegar más cerca del punto extremo polar que Nansen, dejando que el barco quedara aprisionado por los hielos al N. del estrecho de Bering. Sin embargo, se mostró difícil financiar un proyecto de tal índole. Por otra parte, en septiembre de 1909 llegó la noticia de que los norteamericanos Robert Peary y Frederick Cook habían logrado alcanzar el Polo Norte. Entonces resolvió Amundsen aplazar la expedición a las regiones árticas, intentando, entretanto, llegar el Polo Sur antes que el británico Robert Falcon Scott, quien a la sazón se hallaba ya de camino a la Antártida con una numerosa expedición.

En agosto, Amundsen se hizo a la mar con rumbo al Atlántico meridional, a bordo del barco "Fram", que Nansen gentilmente había puesto a su disposición. Para pasar por el estrecho de Bering, los barcos de aquel entonces tenían que doblar el Cabo de Hornos. Por esa razón, nadie se extrañó de que el "Fram" pusiera proa al Sur.

Durante su estancia en la isla de Madera, en pleno Atlántico, Amundsen puso a la tripulación al corriente de sus planes, haciéndolos públicos al mismo tiempo. Asimismo, se envió un telegrama a Scott, informándole de que el "Fram" ponía rumbo a la Antártida. De ese modo, daba comienzo la dramática carrera hacia el Polo Sur.

Amundsen no quería tropezarse con Scott, eligiendo el mismo punto de partida, la isla de Ross, que varias expediciones británicas ya habían utilizado anteriormente, y estableció, por consiguiente, su base principal en la bahía de las Ballenas, situada más cerca del punto extremo polar. El explorador noruego, empero, corría un gran riesgo al intentar recorrer las tierras ignotas sitas entre la bahía de las Ballenas y el Polo Sur, mientras que Scott podría seguir la ruta trazada por su compatriota Shackleton, en 1908.

El 19 de octubre de 1911, Amundsen abandonaba su base principal con cuatro acompañantes, cuatro trineos y 52 perros. Tras el arriesgado cruce de la Barrera de Ross, alcanzaron el pie de una impresionante cordillera, con enormes glaciares entre montañas de cuatro mil metros de altura. ¿Se podría llegar arriba? Gracias a su destreza, y no poca suerte, los expedicionarios consiguieron remontar el glaciar Heiberg, atravesar la cordillera y llegar a la altiplanicie antártica.

Al cabo de dos meses escasos, la expedición alcanzó el Polo Sur el 14 de diciembre de 1911, cinco semanas antes de que Scott y sus extenuados hombres llegaran al punto extremo austral y encontraran la bandera y la tienda de Amundsen.

En el mundo de habla inglesa, era parecer común que la victoria de Amundsen fue debida a la sorpresa inicial, conseguida al guardar el secreto durante tanto tiempo. La posteridad, empero, ha puesto de manifiesto que Amundsen había planeado su expedición mucho más minuciosamente que Scott. El noruego había estacionado depósitos de provisiones bien surtidos, mientras que los de Scott no contenían víveres y combustibles suficientes. Y sobre todo, Amundsen era un explorador polar más experimentado: como bestias de tiro había elegido perros fuertes, mientras que Scott se basaba en la fuerza de caballos ponis y trineos a motor, que pronto se malograron.

Para un explorador de la talla de Amundsen, no quedaba ya mucho por hacer, a excepción de lo que seguía ambicionando: explorar el Ártico en avión. En 1925 hizo un audaz viaje con dos hidroaviones, el N24 y N25. La expedición se vio obligada a realizar un aterrizaje forzoso sobre los hielos, a 880 de latitud, pero uno de los aparatos consiguió despegar, regresando todos sanos y salvos a Svalbard, tres semanas más tarde.

Había financiado y participado en la expedición el norteamericano Lincoln Ellsworth, y al año siguiente, éste, Amundsen y el italiano Umberto Nobile realizaron un vuelo en el dirigible "Norge", desde Svalbard a Alaska por el Polo Norte, sobrevolando territorios desconocidos hasta entonces y llenando algunos de los últimos vacíos del mapa terrestre.

Para Amundsen, su vida era explorar las regiones polares. Ello sería también causa de su muerte... Al emprender Nobile, dos años más tarde, su segundo vuelo ártico con el "Italia", dirigible gemelo del "Norge", el explorador italiano se perdió en el desierto helado. Pronto Amundsen se incorporaría a una expedición de rescate. En un avión francés, voló rumbo al Norte, desapareciendo en el mar cuando se dirigía a Svalbard.

De las regiones polares a los Mares del Sur

La nieve y el hielo son elementos naturales para el pueblo noruego, acostumbrado a largos y severos inviernos. Nansen y Amundsen actuaron en condiciones no muy diferentes de las conocidas en su patria, aunque, naturalmente, fueran mucho más extremas. En nuestros días, el explorador noruego más famoso es Thor Heyerdahl, que ha viajado por latitudes diametralmente opuestas. En sentido estricto, no se puede llamar "explorador" a Heyerdahl, puesto que su labor se centra en el estudio de civilizaciones antiguas, no en la exploración de territorios o regiones marinas. Thor Heyerdahl es un explorador del paisaje histórico...

Heyerdahl nació en 1914, en la pequeña población costera de Larvik, en la región suroriental de Noruega. En enciclopedias y diccionarios figura como zoólogo y antropólogo, y en su capacidad como tal, ha sido objeto de la atención y el reconocimiento mundial.

Después de extensos estudios etnográficos y arqueológicos en Polinesia, el continente americano y el Sudeste asiático, Heyerdahl desarrolló una teoría basada en que la Polinesia no había sido poblada por inmigrantes del Sudeste asiático, según creían los eruditos hasta la fecha, sino por gentes oriundas de América.

Esta hipótesis tuvo una acogida bastante fría, y al igual que había hecho Nansen anteriormente, decidió Heyerdahl, en 1947, probar su teoría en la práctica. La embarcación que utilizaría para surcar el Pacífico era una balsa de troncos, copia idéntica de las construidas por los indios sudamericanos en tiempos prehistóricos. El punto de partida de la expedición fue el puerto peruano de El Callao. La balsa "Kon-Tiki" y sus seis tripulantes navegaron por el Pacífico hasta embarrancar en una de las islas Tuamotú, en la Polinesia. De ese modo, Heyerdahl demostró la posibilidad de su teoría, además de adquirir fama universal.

El viaje de la "Kon-Tiki", que duró tres meses y medio, no sólo fue una experiencia osada y excitante, sino también una hazaña científica. En el libro que Heyerdahl escribiría más tarde, "American Indians in the Pacific" ("Amerindios en el Pacífico"), sustentó su teoría con una profusión de datos. Entre otras cosas, el antropólogo noruego afirma que los primeros pobladores de la Polinesia vinieron por mar desde el Perú, hacia 500 d.C., y que una nueva oleada de inmigrantes llegó procedente de la costa noroccidental de América del Norte, entre 1000 y 1300 d.C.

A fin de apoyar su teoría más todavía, Heyerdahl planeó y dirigió una expedición arqueológica a las islas Galápagos, en 1953. La expedición realizó varios hallazgos valiosos que también respaldaban las teorías de Heyerdahl: objetos de origen amerindio, de las civilizaciones incaica y preincaica.

Tres años más tarde, en 1955-1956, Heyerdahl dirigió una expedición de más de 25 miembros a la isla de Pascua, donde se llevaron a cabo extensas excavaciones arqueológicas. Los hallazgos de la isla de Pascua revelaron la existencia de tres distintas épocas culturales en la misma. Fue durante la segunda época cuando fueron erigidos los famosos monumentos de piedra. También se descubrieron estatuas todavía más antiguas, muy parecidas a otras halladas en Bolivia. Ha de mencionarse que las teorías de Heyerdahl, respecto a la población de Polinesia y la emigración de culturas antiquísimas a esa región, siguen encontrando oposición en ciertos medios antropológicos.

Heyerdahl volvió a cultivar su vocación principal, el mar, iniciando la primera de las expediciones "Ra", en 1969. El objetivo era, en general, el mismo que el del viaje de la "Kon-Tiki". En una embarcación de papiro bautizada con el nombre del dios egipcio del Sol, la expedición partió de Safi, en la costa marroquí, en un intento de atravesar el Atlántico y demostrar con ello que las embarcaciones de papiro usadas por los antiguos egipcios habrían estado en condiciones de cruzar los vastos océanos. Heyerdahl sostenía que las civilizaciones antiguas de América y Egipto podrían haber ejercido influjo cultural en los indios de América Central.

Al cabo de 5.000 kilómetros de travesía, la embarcación de papiro empezó a desmembrarse, debido a defectos de construcción. Finalmente, el "Ra" escoraba tanto que hubo de ser abandonado. Al año siguiente, empero, Heyerdahl realizó otra travesía con el "Ra II", que fue coronada por el éxito. Después de recorrer 6.100 kilómetros a vela por el Atlántico, arribaron a las Barbados. Así demostraba Heyerdahl que este tipo de embarcación bien podría haber atravesado el océano en tiempos prehistóricos con la ayuda de la corriente de las Canarias.

También se utilizó una embarcación de papiro en el viaje siguiente del antropólogo noruego, con objeto, asimismo, de ensayar en la práctica teorías relativas a travesías oceánicas en la Antigüedad. El objeto de la expedición del "Tigris" era esclarecer las rutas comerciales y el intercambio cultural, desde aproximadamente 3.000 años a.C., entre los sumerios de Mesopotamia y otros emporios de civilización de Oriente Medio, África nororiental y el actual Paquistán.

Después de la expedición del "Tigris", Heyerdahl se dedicó a investigar la historia de las islas Maldivas, en el Índico, incansable en su afán de revelar cómo las primeras civilizaciones podrían haberse propagado de continente en continente.

A pesar de que, en nuestros días, sólo es posible, en general, realizar descubrimientos en el espacio sideral, sigue habiendo muchos jóvenes noruegos que buscan el incitamento de audaces expediciones. La era del turismo de masas y los viajes organizados no ha conseguido aniquilar el espíritu de aventura y el afán explorador.

Ragnar Thorset es un periodista de 42 años que se dio a conocer a la edad de 20, al cubrir, en barca de remos, los 350 kilómetros que separan la costa occidental de Noruega de las antiguas posesiones de ese país en el Atlántico: las islas Shetland. Después de ese viaje inicial, Thorseth ha realizado innumerables expediciones, más o menos arriesgadas, a Groenlandia, Svalbard y las regiones más septentrionales del Canadá, en general con embarcaciones pequeñas, motocicletas de esquís o trineos de perros como medios auxiliares. El invierno de 1981 dirigió una expedición que siguió la ruta de Amundsen por el paso del Noroeste.

En los últimos años, varios grupos de jóvenes noruegos sedientos de aventuras han cruzado Groenlandia esquiando, algunos de ellos con copias exactas de la vestimenta y el equipo empleados por Nansen, así como provisiones preparadas según especificación del gran explorador noruego, en 1888. Imprimiendo, una vez más, el nombre de Noruega, en los anales del Ártico, dos jóvenes alcanzaron esquiando el Polo Norte, sin recibir suministros ni provisiones durante el viaje. Llevaban todo lo preciso en trineos, confiando sólo en el vigor de sus músculos y en su fuerza de voluntad para lograr sobrevivir.

La historia de los descubridores y aventureros noruegos nos habla sólo de hombres y de sus heroicas hazañas. Por ello, causa mayor asombro añadir, a la lista de los "héroes", el nombre de una mujer: Monica Kristensen, glacióloga y meteoróloga de 40 años, que realizó una expedición al Polo Sur en 1986-1987, siguiendo la ruta de Amundsen. El que el mal tiempo y las tormentas les obligaran, a ella y sus acompañantes, a dar la vuelta antes de alcanzar la meta, no puede en modo alguno deslucir su hazaña. Monica Kristensen demostró plenamente ser digna sucesora de sus grandes compatriotas: Eiriksson, Nansen, Amundsen y Heyerdahl.

En la actualidad, Monica Kristensen atrae la atención del mundo científico con su labor investigadora en el Ártico y el Antártico. En 1989 fue galardonada — la primera mujer en la Historia — con la prestigiosa medalla de oro (Founder’s Medal) de la Royal Geographical Society., y en diciembre de 1991 se encargó de coordinar un proyecto de investigación científica en la Antártida. En dicho proyecto, que tiene por objeto medir y estudiar el efecto en los hielos polares de los gases generados por la actividad humana, participan científicos noruegos suecos y británicos.

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