Edvard Grieg
EL compositor que puso Noruega en el mapa musical del mundo
Edvard Grieg (1843-1907) es considerado como un auténtico símbolo de Noruega en la música. Pocos noruegos han llegado a ser tan conocidos ni han causado tanta impresión. Junto con Jean Sibelius y Carl Nielsen se le considera el compositor más destacado de los países nórdicos en todos los tiempos.
Con su tremenda riqueza melódica y su vitalidad, el arte de Grieg ha sido muy apreciado por distintas genera-ciones de amantes de la música en todo el mundo, y tiene la misma actualidad hoy en día que en la época en la que se compuso. Su fuerte impacto no se debe principalmente a que tenga un carácter noruego, sino que expresa los senti-mientos universales y humanos a través de los tonos. Con su música, Grieg logró imponer un testi-monio convincente del lema que acom-pañó todos sus actos: "En primer lugar hay que ser humano. Todo el arte verdadero surge de lo humano".
La sinfonía desconocida
En sus primeras obras, en las que Grieg se basa en el estilo del romanticismo alemán, muestra rasgos de lo que iba a ser una de sus principales características: la creación de enlaces entre acordes extraordinarios e innovadores.
Pronto en sus veintes dio una demostración de sus aptitudes de compositor y sus grandes habilidades como orquestador en la Sinfonía en do-menor (1863-64). No obstante, no estuvo satisfecho con la obra, y tras algunas representaciones en Escandinavia escribió en la partitura: "¡No se deberá representar nunca!" Afortunadamente se ha vuelto a descubrir la sinfonía, y el 30 de mayo de 1981 se realizó un nuevo "estreno" en el Festival de Música de Bergen. Post-eriormente se ha representado en varios lugares del mundo y se ha grabado varias veces en disco.
Identidad nacional
En un par de meses en 1865 Grieg compuso tres obras que mostraron que había encontrado su estilo propio. Humorescos (opus nº 6), Sonata de piano en mi-menor (opus nº 7), y la Sonata de violín en fa-mayor (opus nº 8). Había llegado a tener plena conciencia de su vocación: quería crear música que uniera su estilo individual con la idiosincracia nacional.
Tras estas obras pioneras, Grieg continuó con dos composiciones con todavía más madurez y originalidad, la Sonata en sol-mayor (opus nº 13) y el Concierto de piano en la-menor (opus nº 16). Esta última (de 1868) destaca entre los conciertos de piano más representados en todo el mundo. Está llena de ideas melódicas, rítmicas y armonías que suenan a la música popular noruega.
No fue ninguna innovación revolucionaria que un compositor basara su estilo en rasgos sacados de los tonos de su patria. En Polonia Federico Chopin y en Rusia, Michail Glinka habían marcado el camino a seguir, y en varios países, entre ellos los nórdicos, habían compositores que tenían ideas similares. En Noruega fueron precursores Ole Bull (1810-80), Halfdan Kjerulf (1815-68) y Rikard Nordraak (1842-66), con cuyas ideas Grieg se entusiasmó, en su busqueda de identidad como compositor creativo. Con su genio particular logró trascender mucho más de lo que pudieron lograr sus precursores.
La obra del coleccionista de canciones populares L. M. Lindeman (1812-87) fue también sumamente importante para él, en particular su voluminosa recopilación de Canciones Antiguas y Nuevas de la Montaña de Noruega (1853-67), con sus propios arreglos de la música popular noruega. Intentó alcanzar una meta que se había propuesto, que era desvelar las armonías escondidas en nuestras canciones popu-lares, como escribió en una carta. Entre las obras en las que usa melodías de la recopilación de Lindeman, se encuentra Veinticinco cánticos y danzas noruegos (opus nº 17), Balada en sol-menor (opus nº 24) — su obra más destacada para solo piano, Album para voces masculinas (opus nº 30), Danzas noruegas (opus nº 35), Danzas sinfónicas (opus nº 64) y Cuatro salmos (opus nº 74) — su última com-posición.
En dos de sus obras para piano, caracterizadas por una originalidad fascinante, encontró la materia prima en otras fuentes: Diecinueve cánticos noruegos (opus nº 66) se basa principalmente en melodías recopiladas por su amigo Frants Beyer, mientras que Slåtter (opus nº 72) contiene diecisiete arreglos de danzas noruegas. El excelente virtuoso del violín de Hardanger Knut Dahle (1834-1921) de la localidad de Tinn, Telemark del este, que había sido aprendiz de Myllarguten y de Håvard Gibøen, había tocado las danzas en Cristianía en 1903 ante Johan Halvorsen, que a instancias de Grieg las había anotado.
En estas dos últimas obras se podrá decir que Grieg en su forma innovadora para elaborar la música popular, de hecho trazó el rumbo para los compositores más progresistas de la siguiente generación; Igor Stravinski y Béla Bartók, por mencionar los más destacados. En cierta medida deberían agradecer a Grieg sus intentos acertados de crear un estilo desafiante y moderno, en el que se integra y aplica en formas nuevas la música popular de su país.
En una serie de composiciones de Grieg que no están basadas en las canciones populares existe una utilización muy amplia y muy característica de elementos derivados de raíces noruegas: entre ellas escalas tonales eclesiásticas y variadas, uso característico de adornos, ritmos punteados, apoyaturas largas, y quintas abiertas, disonancias agudas, y lo que es igual de importante, el uso extendido de la segunda descendiente menor (o mayor), seguida por la tercera mayor (o menor) — una fórmula denominada "el motivo de Grieg". Asimiló estas características en una forma natural y orgánica, vinculándolas a ideas nacidas en su fantasía exuberante y armoniosa.
El pionero de las armonías
Grieg mismo dijo en una ocasión que "el reino de las armonías representa mi mundo soñado desde siempre, y la relación entre mis sentimientos armónicos y las melodías populares noruegas siempre han sido un misterio aún para mí. He encontrado que la oscura profundidad de nuestras melodías se debe justamente a las insospechadas posibilidades armónicas".
Se le podría considerar a Grieg como uno de los armonistas más valientes de su época justamente por sus refinadas armonías. Sin embargo, con su aversión contra las exageraciones y los efectos supérfluos nunca realizó experimentos por sí solos. En muchas de las obras llenas de una tremenda riqueza de matices, muestra el arte sutil de armonías del impresionismo. Sin duda alguna se presenta como precursor importante para Claude Debussy y Maurice Ravel. Este último declaró en una ocasión que no había hecho ninguna obra que no estuviera influenciada por el maestro noruego. El gran maestro noruego influenció profundamente también a compositores muy diferentes como Edward MacDowell, Frederick Delius y Percy Grainger.
Más que un miniaturista
Los frecuentes problemas de salud de Grieg fueron uno de los motivos por el que no compuso muchas grandes obras, y algunos le han llamado "miniaturista". No obstante, una parte considerable de su producción pertenece a las mejores obras de la época. Sin embargo, debido a la reacción contra el romanticismo que tuvo lugar antes de la primera guerra mundial y que posteriormente ha marcado el gusto de nuestra época, la música de Grieg ha pasado desapercibida a nivel internacional gran parte del siglo veinte, y en cierto grado, también ha sido desestimada. Pero, el péndulo de la historia no es inmóvil, y ahora está surgiendo un nuevo interés por él y su música. Se empieza a descubrir de nuevo a este compositor tan original e inspirado.
Muchas de las obras de piano de Grieg han conserv-ado su popularidad a través del tiempo. Aficionados en todo el mundo han repre-sentado muchas de las composiciones entrañables de los diez folletos de Piezas líricas (1867-1901).
Como compositor de cantos debemos considerar a Grieg al nivel de Johannes Brahms, Hugo Wolf y Richard Strauss, como uno de los maestros del post-romanticismo. Lamentable-mente, algunos de sus romances más bellos, entre ellos los Cantos de Vinje (opus nº 33) y el ciclo de Garborg Haugtussa (opus nº 67) no han tenido el mérito merecido debido a traduc-ciones deficientes a idiomas extranjeros. Esto se ha intentado apaliar en la nueva edición (1991) de todas las canciones en los tomos 14 y 15 de las Obras Completas de Grieg. En ellos se han presentado traducciones nuevas al inglés y en parte al alemán también.
La producción limitada de Grieg de música de cámara culminó en dos obras destacadas, el Cuarteto en sol-menor (opus nº 27) y la Sonata de violín en do-menor (opus nº 45). El cuarteto está escrito en un estilo particularmente atrevido y característico; recuerda en muchos sentidos al cuarteto de Debussy en la misma tonalidad. La Sonata de violín contiene algo de la música más intensa y profunda que ha creado.
Varias de las composiciones para orquesta de cuerdas se representan muy a menudo: Dos melodías elégicas (opus nº 34), Desde los tiempos de Holberg (opus nº 40) y Dos melodías nórdicas (opus nº 63).
Grieg escribió pocas obras para orquesta, que van desde la mencionada Sinfonía en do-menor (1863-64), y el preludio de concierto En otoño (opus nº 11), a las Danzas sinfónicas (opus nº 64). Sus obras más conocidas y queridas son las dos Suites de Peer Gynt (opus nº 46 y 55) de su música escenaria para la obra dramática de Ibsen. Allí encontramos verdaderas joyas como "En la sala del Dovregubben", "La muerte de Åse", "Amanecer", "La danza de Anitra" y el "Canto de Solveig". La música escenaria, escrita por instigación de Ibsen en 1874-75, contribuyó a la fama mundial de Peer Gynt. La partitura completa que contiene 26 piezas individuales se imprimpió por primera vez en 1988 en el tomo 18 de las Obras Completas de Grieg.
Grieg también compuso la música de otras dos obras dramáticas de menor importancia. En 1872 compuso ocho piezas de música escénica para el drama histórico Sigurd Jorsalfar de Bjørnstjerne Bjørnson. Hizo arreglos musicales para orquesta sinfónica (opus nº 56) en 1892, de tres de estas piezas. Otro proyecto de colaboración con Bjørnson en 1873 sobre una opera nacional, Olav Trygvason, fue interrumpido al poco tiempo. El primero — y único — acto de dicha opera no se estrenó hasta 1889 en Cristianía, y al año siguiente se publicó una partitura para orquesta (opus nº 50). No obstante, la opera nunca llegó a completarse.
Edvard Grieg fue el primer compositor nórdico que ganó fama mundial aparte de su colega y buen amigo Johan Svendsen (1840-1911), y dejó una herencia muy valiosa a sus sucesores. Resultaría difícil librarse de su influencia. Sin embargo, los compositores como Fartein Valen (1887-1952), Harald Sæverud (1897-), Klaus Egge (1906-79) y Arne Nordheim (1931-) han logrado hacer sus propios caminos, colocando a Noruega en el mapa mundial de la música en este siglo.
Esbozo biográfico
Edvard Hagerup Grieg nació el 15 de junio de 1843 en Bergen, y falleció en la misma ciudad el 4 de septiembre de 1907. Uno de sus antepasados fue el comerciante escocés Alexander Grieg (1793-1803) que emigró de Aberdeen a Bergen en 1779.
Por iniciativa de su familiar Ole Bull, Grieg estudió desde 1858 hasta 1862 piano, teoría musical y composición en la Academia de Música de Leipzig. Desde 1863 hasta 1865 vivió en Copenhague, y tras una estancia de medio año en Italia se estableció en Cristianía, donde trabajó como director y fundó una academia de música, que no obstante tuvo una vida corta. En 1867 se casó en Copenhague con su prima Nina Hagerup (1845-1935), una cantante muy dotada, que no fue solamente la fuente de inspiración de muchas canciones, sino también — en las palabras de Grieg — fue "la única verdadera intérprete" de las mismas.
Tras una estancia en Roma en 1869-70, donde Franz Liszt le alentó e inspiró, fundó la "Asociación de Música de Cristianía" en 1871, donde fue director de la orquesta hasta 1874, en los últimos tres años en colaboración con Johan Svendsen. El Parlamento les asignó salario de compositor a ambos, y Grieg se mudó al año siguiente a Lofthus en Hardanger, donde se quedó un par de años. Tras nuevas estancias en el extranjero asumió el cargo de director de la orquesta "Musikselskabet Harmonien" en Bergen en 1880-82. El resto de su vida vivió entre Noruega y el continente europeo. En 1884-85 construyó la casa de "Troldhaugen" a 10 km. al sur de Bergen, que es museo desde 1936 y lugar de peregrinación para los admiradores de Grieg de todo el mundo.
Durante la mayor parte de su vida Grieg fue embajador viajante de su música bien como director o bien como pianista en algunas de las metrópolis musicales de Europa, entre ellas Londres, Birmingham, Amsterdam, Paris, Berlín, Munich, Colonia, Viena, Praga, Varsovia, Estocolmo y Copenhague.
Como compositor nórdico líder de su época, Grieg recibió una serie de honores, entre ellos, el de doctor honoris causa de las universidades de Cambrigde y Oxford.
Desde 1977, las Obras Completas de Grieg de 20 tomos se editan por el Comité Edvard Grieg en Oslo, en la editorial musical C. F. Peters Musikverlag (Frankfurt/Londres Nueva York), con apoyo económico del Consejo Noruego para la Cultura.