Noruega y la II Guerra Mundial
El ataque alemán a Noruega, lanzado con gran despliegue de fuerzas el 9 de abril de 1940, causó gran sorpresa general. Tanto el poder político como la población habían confiado en que el país pudiera mantenerse al margen de la contienda, como en la I Guerra Mundial. Se creía, simplemente, que Noruega era un remoto rincón estratégico, protegido por el poderío naval británico, y que su neutralidad en el conflicto armado sería conveniente para los intereses de las naciones beligerantes.
Por el redactor Tor Dagre
A la ruptura de las hostilidades, en el otoño de 1939, el Gobierno, pues, declaró la neutralidad de la nación noruega. El consenso político era general a este respecto. Los efectivos militares fueron dispuestos con miras a la vigilancia de las fronteras y para impedir la violación de la neutralidad. Todavía durante el primer invierno de la contienda, Noruega mantenía negociaciones sobre acuerdos comerciales con Alemania y el Reino Unido, que finalizaron en febrero de 1940: los británicos consiguieron fletar parte de la flota mercante a cambio de que Noruega siguiera comerciando con Alemania al nivel normal de anteguerra. En cualquier caso, en el supuesto de que la nación no consiguiera mantenerse al margen del conflicto armado, la intención del Gobierno de Nygaardsvold era de no ponerse al lado del Tercer Reich.
La neutralidad no se respeta
La neutralidad noruega no sirvió de mucho. Consideraciones de índole estratégica hicieron que los países beligerantes forjaran planes que presuponían violación de fronteras y operaciones en territorio noruego. Desde mediados de diciembre de 1939, tanto alemanes como aliados planearon acciones bélicas en Escandinavia.
Primeramente, los aliados proyectaron enviar un cuerpo expedicionario a Finlandia a través de territorio escandinavo, pasando por Narvik y los yacimientos minerales de Suecia septentrional. A tal fin, habría que asegurarse puertos noruegos. El plan fue arrinconado al firmarse el armisticio ruso-finés el 13 de marzo de 1940. Las dos divisiones aliadas destinadas a la operación fueron trasladadas a Francia.
Los planes de Alemania eran más ambiciosos. Su objetivo era la invasión de Dinamarca y Noruega. La armada del Tercer Reich deseaba establecer bases en Noruega para sus operaciones navales, y no olvidaba que sus unidades de superficie quedaron bloqueadas en el mar Báltico durante la I Guerra Mundial. Por otra parte, los submarinos podrían ser más eficaces disponiendo de puntos de apoyo avanzados en el Atlántico.
La utilidad de tales bases se puso de relieve en diversas acciones navales de la contienda. En diciembre de 1939, dos buques al servicio del Reino Unido, que transportaban minerales, fueron torpedeados por un submarino alemán frente a las costas noruegas. Todos los barcos participaban en el transporte de mineral de hierro sueco, que se exportaba por la pequeña ciudad noruega de Narvik.
También los alemanes mostraron gran interés en el transporte de mineral de hierro por el puerto de Narvik. Los aliados criticaron duramente la política de neutralidad noruega y sueca con respecto al tráfico de mineral y al tránsito por aguas jurisdiccionales noruegas. La crítica alcanzó su punto álgido cuando un navío de guerra del Reino Unido atacó, en el fiordo noruego de Jøssing, un buque auxiliar alemán, liberando prisioneros británicos. El 8 de abril de 1940, los aliados notificaron que habían colocado minas en aguas noruegas para impedir el transporte alemán de mineral de hierro. Sin embargo, la acción no estaba planeada como primer paso de un eventual ataque aliado a Noruega.
La invasión alemana
Por entonces, la invasión alemana de Noruega ya había empezado. Una poderosa flota había zarpado de puertos alemanes, con tropas y pertrechos. En el ataque participó casi toda la armada del Tercer Reich, además de seis divisiones del ejército y numerosos efectivos aéreos. Los primeros objetivos de las fuerzas invasoras eran ocho ciudades del litoral noruego.
Contra la abrumadora superioridad de la máquina bélica germana, las fuerzas de la defensa noruega resultaron insuficientes. La marina de guerra, en su mayor parte, había sido movilizada, pero sólo para proteger la neutralidad de la nación. Las fortificaciones costeras tenían, por término medio, la mitad de la dotación. En el Sur había 7.000 hombres en pie de guerra, mientras que toda la 6ยช brigada, compuesta de 4.800 hombres, se encontraba estacionada en el Norte.
En seguida tuvieron lugar cruentos enfrentamientos. Efectivos de la armada británica trabaron combates encarnizados con tropas alemanas, produciéndose numerosas bajas por ambas partes, especialmente en la zona de Narvik. Al cabo de un tiempo, también intervinieron en las acciones bélicas otras unidades británicas, francesas y polacas. No obstante, la capacidad de resistencia a la bien organizada campaña alemana no fue suficiente. Al cabo de 24 horas, los ochos primeros objetivos fueron conquistados, y también caería la base naval de Horten. La ocupación del resto del país tardó algo más. La fortaleza militar de Hegra, en la provincia de Trøndelag, fue el último bastión que resistió el empuje del enemigo en la Noruega meridional.
A principios de mayo, toda resistencia militar en el Sur había sido aplastada. En la zona de Narvik, por el contrario, las tropas alemanas, en inferioridad numérica, se vieron obligadas a retroceder hacia la frontera sueca. Sin embargo, los aliados decidieron retirarse debido a las derrotas sufridas en el frente occidental. Al cabo de 62 días de campaña, la victoria alemana era completa... y la política noruega de defensa y seguridad había sufrido una derrota equivalente. El 7 de junio de 1940, el Rey y su Gobierno abandonaron el país a bordo del crucero británico "Devonshire". Y no regresarían a Noruega hasta cinco años después.
Las bajas de guerra en 1940
Las acciones bélicas en territorio nacional causaron bajas numerosas: 850 muertos noruegos, 4.000 británicos, 530 franceses y polacos. Los alemanes tuvieron 1.300 muertos y 1.600 heridos.
Posteriormente, la campaña alemana en Noruega sería considerada como una acción extraordinariamente afortunada y audaz -para su tiempo-. Era la primera operación combinada de la historia militar donde actuaban conjuntamente fuerzas de tierra, mar y aire; y la primera vez que se transportaban considerables efectivos militares en buques de guerra, y que se enviaban tropas por avión hasta el mismo campo de batalla.
La guerra continúa desde Londres
El Gobierno noruego reanudó sus actividades en Londres. Inmediatamente después del ataque alemán, la Asamblea Nacional (Storting) otorgó los necesarios poderes al Gobierno para seguir las operaciones militares. La rotunda negativa del rey Haakon VII y el Gabinete Nygaardsvold a las exigencias de sumisión del invasor, al principio de las hostilidades, significó mucho para la capacidad de resistencia del pueblo noruego.
De la derrota sufrida, sólo se salvaron insignificantes efectivos militares noruegos. El poder disponer de la flota mercante –a la sazón, la tercera del mundo– proporcionó al Gobierno cierta libertad de acción. Con los ingresos derivados del negocio naviero, se pudo poner en pie de guerra nuevas unidades. Por otra parte, la aportación de la flota mercante contribuyó a fortalecer la posición del Gobierno en el exilio ante los aliados, además de procurar afluencia de divisas, tan necesitadas para la reconstrucción del país en la posguerra.
Con el tiempo, el Gobierno conseguiría reunir fuerzas armadas de tierra, mar y aire. Al final de la guerra, la armada noruega contaba con 52 buques, que habían tomado parte en operaciones navales y servicio de convoy, así como en la invasión de Normandía. El destructor noruego "Stord", por ejemplo, desempeñó un papel importante en el hundimiento del acorazado alemán "Scharnhorst", de 26.000 toneladas, al N. del Cabo Norte, en diciembre de 1943. Una unidad naval noruega, popularmente conocida como "Shetlandsbussen", facilitó, durante todo el tiempo que duró la contienda, una ruta de transporte secreta entre las Islas Shetland y la Noruega ocupada.
En Canadá se estableció un centro de entrenamiento de aviadores noruegos, "Little Norway", y pilotos y aviones noruegos tomaron parte en operaciones aliadas, desde Islandia al Reino Unido, y en la última fase de la guerra, también en Francia.
Se organizaron contingentes armados noruegos en Escocia, reservados para acciones bélicas en Noruega, y comandos noruegos participaron en misiones especiales, como el "raid" de Dieppe y el ataque a la isla belga de Walcheren, en 1944.
Con todo, la aportación más significativa del frente "exterior" noruego a la estrategia aliada fue la de las tripulaciones de los buques mercantes que arriesgaron sus vidas navegando en tiempo de guerra. La moderna flota mercante noruega transportaba petróleo, material bélico y víveres para los combatientes y la población civil de todos los frentes, y por todos los mares. Unos 4.000 marineros perdieron la vida en la II Guerra Mundial.
Efectivos noruegos en Suecia
A partir de 1943, las autoridades suecas permitieron la organización y adiestramiento de "efectivos policiales noruegos" en su territorio. Algunas de esas tropas fueron estacionadas en Finnmark, mientras fuerzas alemanas y soviéticas combatían en esa provincia del Norte de Noruega.
El resto de los efectivos policiales fue trasladado a Noruega a raíz de la capitulación alemana, en mayo de 1945: ocho batallones policiales de reserva, ocho compañías de Policía nacional y unidades de estado mayor y tropas auxiliares; en total, 13.000 hombres.
El nazismo en Noruega
Una vez aniquilada toda resistencia aliada en territorio noruego, se procedió a la reorganización de la sociedad noruega para que sirviera a los intereses alemanes, sobre todo, por supuesto, al progreso militar del Tercer Reich. Por otra parte, la reestructuración también iba encaminada a promover las ideas nacionalsocialistas, que, poco a poco, fueron influyendo en la evolución social del país. Desde un principio, Noruega tuvo un comandante general alemán en la persona de Nikolaus von Falkenhorst, además de un comisario del Reich, Josef Terboven. Con el apoyo de las tropas alemanas, y por medio del terror y la opresión, la nación quedó poco menos que paralizada durante cinco largos años.
Como en los demás países ocupados, el poderío nazi también tuvo sus adictos en Noruega. En su visita a Hitler, en el invierno de 1939/40, Vidkun Quisling, presidente y "führer" del partido nacionalsocialista Unión Nacional (Nasjonal Samling), señaló la importancia que tendría para Alemania la invasión de Noruega. Inmediatamente después del ataque nazi, en la mañana del 9 de abril de 1940, Quisling se proclamó jefe del Gobierno noruego, ordenando a las fuerzas nacionales que cesaran en su resistencia a las tropas alemanas. La intervención de Quisling espoleó la voluntad de resistencia de la población. Los ocupantes descubrieron pronto que Quisling –de momento– no era conveniente a los intereses de Alemania y prefirieron basar la administración de la nación en cierto grado de coordinación con las autoridades civiles existentes. Algún tiempo más tarde, un veterano del partido nazi, Terboven, sería enviado a Oslo para hallar una solución apropiada a la cuestión de la administración del país. Las negociaciones con el Storting y algunas personalidades noruegas resultaron en mero ejercicio del poder alemán. Se creó un "consejo comisarial" compuesto de colaboracionistas noruegos, con el comisario del Reich como "líder supervisor" y real ostentador del poder. De hecho, este régimen se mantuvo hasta el final de la guerra, pese a ciertas artimañas políticas como la creación de un "gobierno nacional" encabezado por Quisling, en febrero de 1942.
Además del colaboracionismo de parte de la población, algo más de 6.000 noruegos combatieron al lado de los alemanes, especialmente en el frente oriental. Tampoco pasó desapercibido el que un escritor de la talla de Knut Hamsun, Premio Nobel de Literatura, apoyara la difusión del nazismo en Noruega.
Voluntad de resistencia
Tras un período de confusión e incertidumbre, durante el verano de 1940, empezó a manifestarse la voluntad de resistencia del pueblo noruego, y se combatió el influjo del nacionalsocialismo en todos los ámbitos, especialmente en iglesias y centros docentes. La Unión Nacional no pudo hacerse, más que en grado modesto, con el "alma popular" y se mantenía gracias a la protección de las armas germanas.
A la vez que aumentaba la oposición civil, fueron creándose grupos paramilitares secretos, especialmente para misiones de espionaje e información secreta a favor de los intereses noruegos y aliados. Esos grupos realizaron una importante labor de información sobre el tráfico marítimo, registrando el transporte y traslado de tropas alemanas, en particular en relación con las acciones bélicas de la península de Kola. El servicio noruego de información secreta desempeñó un papel destacado en la operación que culminó con el hundimiento del acorazado "Tirpitz", de 41.700 toneladas, en un fiordo no lejos de Tromsø, en noviembre de 1944.
Conforme las bandas secretas iban logrando armarse (por ejemplo, con equipos y pertrechos lanzados desde aviones aliados o transportados por la "ruta de Shetland"), sus actividades causaron creciente preocupación al aparato militar alemán y –sobre todo, quizás– a Terboven y la Gestapo. Hacia el final de la guerra, realizaron algunos actos de sabotaje contra medios de transporte y tomaron parte en enfrentamientos menores. Los combates más conocidos e importantes librados entre noruegos y alemanes tuvieron lugar en el macizo de Matre, al NE. de Bergen, en las postrimerías del invierno de 1945.
La mayoría de los actos de sabotaje fueron realizados por comunistas. Su línea activista fue combatida durante mucho tiempo por el resto del movimiento de resistencia, que estaba sometido a la política de guerra del Gobierno noruego en Londres y los aliados.
La "operación Vemork"
Un acto de sabotaje que tuvo gran resonancia y que posiblemente influyera un tanto en la marcha de la guerra, fue la llamada "operación Vemork". Soldados noruegos adiestrados en el Reino Unido fueron enviados a las cercanías de la pequeña población de Rjukan, donde la empresa Norsk Hydro fabricaba agua pesada, un elemento integrante de la labor de investigación nuclear de entonces. A pesar de la vigilancia alemana, el equipo de producción fue destruido, así como el agua pesada fabricada, pero al precio de muchas vidas civiles.
Al finalizar la guerra, los grupos secretos paramilitares noruegos (Milorg) contaban, en total, con 44.000 hombres.
La maquinaria opresora
La oposición civil y militar en Noruega movilizó la maquinaria de opresión nazi. En 1940 cayeron fusilados los primeros ciudadanos noruegos, después de ser juzgados por un consejo de guerra. Desde 1941, no faltó tarea a los pelotones de ejecución y, a partir de 1942, fue aumentando el número de fusilados "en represalias". Miles de civiles fueron encarcelados o enviados a campos de concentración de Alemania, Polonia o Francia.
En Noruega, la persecución de los judíos comenzó realmente en mayo de 1940, pero hasta el invierno del 41/42 no se efectuaron detenciones significativas. La verdadera ola de arrestos llegaría en octubre/noviembre de 1942. De un total de 760 judíos noruegos deportados a Alemania, solamente sobrevivieron 25. De unos 1.800 que vivían en Noruega a la ruptura de hostilidades, la mitad, aproximadamente, consiguió ponerse a salvo huyendo a Suecia.
Otros muchos ciudadanos abandonaron el país. Al acabar la guerra, 92.000 noruegos residían en el extranjero; de ellos, 46.000 en Suecia.
El poder ocupante efectuó numerosas detenciones de ciudadanos noruegos. Profesores, oficiales y estudiantes fueron arrestados y otros muchos civiles encarcelados por actos diversos o resistencia al régimen. Un gran número fue enviado a campos de concentración alemanes, donde el porcentaje de mortalidad era enorme. En total, 40.000 ciudadanos noruegos sufrieron cautiverio nazi durante la guerra.
La penuria civil
Junto a la opresión política y militar, lo más peculiar de la vida cotidiana noruega durante los años de ocupación era la escasez de víveres y provisiones. Con su bajo nivel de autosuficiencia alimenticia, Noruega siempre tuvo que basarse en las importaciones. Durante la guerra, éstas se paralizaron casi por completo. A esto hubo que añadir los problemas de suministro que causaba el estacionamiento de grandes efectivos militares alemanes en el país, que, en su momento culminante, llegaron a rebasar la cifra de 400.000 hombres. De hecho, Noruega era el país que, en relación con el número de habitantes, tenía el mayor contingente de tropas ocupantes en su territorio.
La escasez de alimentos que sufrió Noruega en los años de guerra se refleja en la cantidad media de calorías ingerida por habitante. A partir de 1942 fue de 1.500 por día, frente a 2.500, normalmente. En 1944 descendió a 1.315 y, en el invierno de 1945, a 1.237.
La penuria nutritiva del tiempo de guerra aquejaba principalmente a la población urbana. No obstante, en comparación con otras muchas naciones afectadas por la contienda, la mayoría de la población noruega -pese a todo- no sufrió grandes privaciones.
Agravamiento de la situación
Hacia el final de la guerra, las relaciones entre el poder ocupante y la población empeoraron considerablemente, sobre todo debido al desarrollo general de la contienda, caracterizado por el repliegue alemán en todos los frentes. En Noruega, esto causó, entre otras cosas, la retirada de tropas del frente septentrional, Rusia y Finlandia, y consiguiente traslado a territorio noruego. En el otoño de 1944, los rusos pasaron a Finnmark en persecución de las tropas alemanas y liberaron Kirkenes y la región nororiental del país. En el curso de la retirada alemana, la población noruega de Finnmark y Troms, hasta Lyngen por el S., fue evacuada a la fuerza y tres cuerpos de ejército alemanes se hicieron fuertes en la zona. Acto seguido, se procedió a incendiar y destruir toda la vasta región al N. de Lyngen: 10.400 viviendas y puentes, centrales eléctricas, fábricas, barcos de pesca, instalaciones telefónicas y demás infraestructura. De hecho, la superficie calcinada era considerablemente mayor que la de toda Dinamarca.
Tras las fuerzas soviéticas llegaron una misión militar noruega y algunos efectivos nacionales procedentes del Reino Unido y Suecia. Las tropas soviéticas se retiraron de Finnmark unos meses después de la capitulación alemana, en septiembre de 1945.
Ejemplar capitulación alemana
Conforme se iba acercando la hora de la capitulación alemana, aumentaba la incertidumbre con respecto a lo que harían las tropas de ocupación. Pero todo acabaría bien: El comandante en jefe alemán, general Böhme, cumplió la orden de sus superiores en Alemania -recibida el 7 de mayo de 1945, a las 21.10 horas-de atenerse a los términos de la capitulación. Apenas veinticuatro horas más tarde, llegó a Oslo una misión militar aliada en avión y, posteriormente, arribaron efectivos militares aliados y noruegos. Poco a poco, las riendas del poder fueron pasando a manos de sus legítimos poseedores. El Gobierno regresó del Reino Unido, y el 7 de junio llegaba a la capital el rey Haakon VII.
La capitulación alemana se llevó a cabo de manera ejemplar. No obstante, las tropas ocupantes no abandonaron el territorio nacional hasta varios meses después.
También llevaría tiempo la repatriación de los 141.000 extranjeros traídos por los alemanes a Noruega. De ellos, 84.000 eran prisioneros de guerra soviéticos y 13.000 trabajadores forzados, muchos procedentes de la antigua Yugoslavia.
Los costes de la guerra
El cálculo de los costes de la II Guerra Mundial, en Noruega, arrojó el resultado siguiente: 10.262 muertos. De ellos 3.670 marineros perecidos en naufragio; 366 personas ejecutadas por los alemanes; 39 víctimas de la tortura nazi; 658 prisioneros políticos y militantes de la Resistencia muertos en el país y 1.433 en el extranjero.
Unos 6.000 noruegos combatieron del lado alemán. De ellos murieron 709.
Durante los años de guerra, el poder ocupante se incautó de un 40 por 100 del producto nacional. Además, los daños materiales fueron considerables. La provincia de Finnmark quedó casi totalmente destruida, y varias ciudades y pueblos sufrieron daños enormes a consecuencia de bombardeos o incendios provocados por el invasor. Se calcula que Noruega perdió el 16 por 100 de su patrimonio nacional, y que los costes de la ocupación fueron el doble, por habitante, que, por ejemplo, los de Francia. Sin embargo, en conjunto, Noruega fue uno de los países que salieron mejor parados de la contienda.
Antes de la ruptura de hostilidades, la flota mercante noruega contaba con 1.024 barcos y más de cuatro millones de toneladas de registro bruto (TRB). La flota mercante noruega desempeñó un papel importante en la estrategia aliada. Durante cierto tiempo, más del 30 por 100 de todo el petróleo norteamericano llevado al Reino Unido era transportado en buques noruegos. Pero los costes de la guerra fueron elevados: el tonelaje perdido ascendió a 2,3 millones de TRB.
Los traidores a la patria
Otro aspecto de la guerra fue el procesamiento de los traidores a la patria. Alrededor de 46.000 fueron condenados por traición. De ellos, 18.000 a prisión, 28.000 a multas y privación de derechos civiles. 45 criminales de guerra alemanes y noruegos fueron sentenciados a muerte. 37 de las sentencias fueron cumplidas.
Noruega se recuperaría pronto de los efectos de la II Guerra Mundial, y en 1946, la producción industrial y el producto nacional fueron mayores que en 1938. Tres años más tarde, el patrimonio nacional alcanzó el mismo nivel que había tenido antes de la invasión alemana.
El autor del artículo, Tor Dagre, es ex redactor de Nytt fra Norge.