Arte popular noruego
Arte popular es un término relativamente nuevo que se emplea para describir los objetos decorativos de la artesanía rural correspondientes al período pre-industrial. Los objetos del arte popular se crearon antes de que las grandes redes de carreteras y los ferrocarriles hicieran crecer el comercio y los viajes, y que con la aparición de la radio crearon una forma de vida totalmente nueva. Estos enormes cambios en las culturas nacionales tradicionales comenzaron hace poco más de cien años y trajeron consigo un modo de pensar enteramente nuevo. La antigua sociedad rural había ofrecido un entorno establecido con tradiciones sociales y económicas que no desaparecerían fácilmente. Pero entonces la gente empezó a pensar en el progreso, en el cambio y en los adelantos.
Por Trond Gjerdi
Los núcleos de la vieja sociedad eran la granja, la comunidad y el valle. Aunque casi ninguna comunidad estaba totalmente aislada, sus habitantes eran prácticamente autosuficientes y tenían poca necesidad del contacto con las ciudades, excepto, ocasionalmente, para comprar y vender. Los principales medios de comunicación entre los campesinos y el mundo exterior eran la iglesia, los representantes gubernamentales de la zona y los mercaderes. Así, cuando las nuevas tendencias artísticas de la sociedad urbana llegaron hasta el medio rural, su aceptación fue parcial y sufrieron unas considerables modificaciones que añadían las características locales peculiares. Las diversidades regionales que se produjeron en consecuencia han merecido distintas valoraciones a lo largo de los años. En estos momentos sentimos una gran apreciación por ellas, como parte muy valiosa de nuestra herencia.
¿Quiénes fueron los autores de esta forma de "arte" en la Noruega rural? Sólo en contadas ocasiones fueron los grandes terratenientes que habían heredado ancestrales propiedades, tierras ricas en cereales y ganado. El arte popular fue obra sobre todo de pequeños granjeros por cuenta propia o ajena, que dedicaron a ello su tiempo de ocio. Encontramos también artesanos que iban de granja en granja para llevar los encargos que les habían hecho sus distintos patronos. En casa quedaban otros artesanos, trabajando en sus propios talleres, que luego saldrían a los caminos a vender sus mercancías. La mayor parte de los llamados artistas populares eran personas que se veían obligadas a buscar un poco más de trabajo para completar sus escasos ingresos. Sólo en casos excepcionales descubrimos a algún campesino independiente que se dedicaba a la pintura decorativa, a la carpintería o a la talla de muebles y de utensilios para el hogar si no era urgido por una necesidad económica. Es importante tener en cuenta que el requisito previo del arte popular noruego es la lucha por la supervivencia. No es algo que reste en lo más mínimo calidad al arte popular, sino que sirve para explicarnos las condiciones sociales y económicas que tan decisivas fueron en el desarrollo del arte popular en las antiguas sociedades agrícolas.
Como ya queda dicho, los habitantes de las zonas rurales vivían en un aislamiento mucho mayor que hoy. No obstante, en el siglo XVII comenzaron a llegarles numerosas ideas de las ciudades, que a su vez recibieron nuevos impulsos de sus contactos con todo el mundo. Fue algo que se produjo por muy diversas rutas. Ante todo, la iglesia tuvo un papel de gran importancia en la propagación de los estilos artísticos. Encontramos en este ámbito el rico arte ornamental y figurativo de las zonas urbanas, introducido por artesanos profesionales. En ocasiones se encargaba a artesanos de otros países la decoración de las iglesias, y así los habitantes de la zona conocían los últimos estilos artísticos y los más novedosos colores. Estos mismos artesanos a veces se dedicaban también durante su estancia en las zonas rurales a decorar muebles que luego vendían a los lugareños. Los representantes gubernamentales locales muchas veces llevaban las tendencias urbanas a sus hogares, donde sin duda las conocerían los artesanos del lugar. Por último, muchos artesanos del campo aprendieron mucho trabajando durante algún tiempo en las ciudades. Así, tras un examen más atentos, podemos ver que los artesanos rurales de las primeras épocas no constituyen ni mucho menos un grupo homogéneo. Aunque la mayoría de ellos permanecieron en sus comunidades rurales y fueron autodidactas, hubo otros que vivieron cierto tiempo en la ciudad como aprendices de grandes artesanos y que después volverían a su lugar de origen.
Tradiciones medievales
Si nos remontamos un poco más lejos, hasta la Edad Media, nos será difícil dibujar una línea entre la artesanía urbana y la artesanía rural, tal y como las hemos definido. No es en absoluto cierto que existiera una diferencia. Es posible que hubiera grupos de artesanos especializados, pero no corresponden necesariamente a nuestras modernas categorías de artesanía urbana y rural. Puesto que muchos objetos medievales están realizados de forma heterodoxa y primitiva, muchas veces es demasiado tentador llegar a la conclusión de que son obras de artesanos rurales.
Fechar los objetos más antiguos plantea un problema similar. Muchos son de estilo medieval y de hecho pueden corresponder a aquella época. aunque también pueden ser resultado tardío de la tradición medieval.
Los diseños de estilo totalmente medieval, claramente relacionados con el período románico y en parte también con el arte gótico e incluso con el pre-cristiano, aún se encuentran en la arquitectura, la decoración y el mobiliario en fechas tan avanzadas como mediados del siglo XVIII. Estas piezas anacrónicas se descubren sobre todo en las zonas centrales del sur de Noruega: Telemark, Hallingdal y Setesdal, zonas que conservaron durante mucho tiempo las viejas tradiciones. Son objetos realizados con una sencillez y una robustez características por completo de la Edad Media, cuando los carpinteros no sólo construían casas, sino que también hacían muebles. No existía como tal la figura del ebanista. La forma de la ornamentación y las escenas figurativas de estos objetos demuestran claramente su afinidad con ejemplos del arte románico y gótico tales como las tallas de las iglesias de los siglos XII y XIII. Estas tallas, a su vez, presentan elementos del arte pre-cristiano en motivos como los dragones, las serpientes y los animales mitológicos. Este mismo estilo antiguo de ornamentación estaba presente en los artículos cotidianos, y así lo encontramos en muebles y en utensilios del hogar, en las jambas de las puertas y en los pilares de los pórticos hasta el siglo XVIII.
Arte popular posterior
La Reforma de 1537 marcó una frontera en la historia noruega, no sólo en lo que se refiere a la religión, sino también en términos económicos y culturales. Coincidió con una mayor prosperidad y unas mejores comunicaciones entre las ciudades de Noruega y los centros culturales del resto del continente, lo cual dio nuevo ímpetu al arte popular. Fue algo que se reflejó ante todo en la artesanía urbana. Con el aumento de la demanda creció el número de artesanos. Por diversas vías se introdujeron nuevos motivos estilísticos. Quienes encargaban los trabajos estaban cada vez más familiarizados con el mundo exterior y los artistas noruegos hacían viajes bajo los auspicios del sistema de gremios a países como Alemania y Dinamarca. Desde Alemania, por ejemplo, fueron muchos los artesanos que llegaron a Noruega y que recibieron encargos para remodelar las iglesias de la Reforma. Por último, se utilizaba artículos importados como prototipos para las artesanías nacionales.
En la carpintería, que cada vez tenía más importancia, observamos un marcado cambio. Comenzaron a utilizarse muchas herramientas especiales y se perfeccionaron los métodos de fabricación. Es típico de las nuevas tendencias el empleo de paneles en las puertas, en los muebles y en las paredes. Una de las características más destacables del estilo renacentista es la utilización de las construcciones con marcos y con paneles. Después de que este estilo hiciera su aparición en Noruega en el siglo XVII, alcanzó un gran desarrollo en las ciudades.
El trabajo del ebanista estaba muy lejos de limitarse a la humilde tarea de serrar y lijar las superficies. Lo que llamamos tallado o esculpido de la madera formaba también parte de su arte. En algunas ciudades había artesanos que únicamente se dedicaban a esto último y a los que se llamaba escultores, aunque los carpinteros también practicaban con toda seguridad el tallado de la madera. Dibujaban hojas de acanto y motivos figurativos tanto de naturaleza religiosa como profana.
Los artesanos rurales adoptaron las nuevas ideas de la artesanía y las bellas artes europeas, pero no había reglas fijas en cuanto a la forma de fundir tales ideas con las tradiciones locales. Y es esto precisamente lo que confiera al arte rural sus rasgos específicos. Una de las características más propias del arte popular es cómo la imaginación transformó el arte académico, a lo largo de diversas fases, en estilo local lleno de fuerza. Es algo evidente, por ejemplo, en el aprovechamiento absoluto de los colores del arte rural, de los que se extrajo toda su fuerza. Durante el siglo XVII no era extraordinario que los techos de los hogares de la clase media alta urbana estuvieran pintados y decorados con rosetas, aunque en forma y en color eran más académicos de lo que normalmente asociados con este término. Esta forma de pintar, de origen claramente urbano, se ha conservado fundamentalmente en las iglesias de todo el entorno rural. Los pintores profesionales que las decoraron trabajaron siguiendo los estilos renacentista y barroco del siglo XVII. Fue este estilo de rosetas lo que aprendieron, copiaron y transformaron los artesanos rurales. Añadieron pámpanos de vid, flores y figuras humanas formando composiciones imaginativas, tomando motivos de las biblias ilustradas y combinándolos con escenas de la vida cotidiana.
El arte popular adquirió numerosas formas de expresión y se utilizó un amplio abanico de técnicas y de materiales. Era lógico que la madera en concreto tuviera un papel preponderante. Además, disponían de otros recursos naturales como el hierro, la lana, el lino y los tintes. A continuación examinaremos las técnicas y los materiales que utilizaban los artistas rurales.
Talla de madera
Hay una forma especial de tallar la madera, denominada "karveskurd" o talla de astillas que tiene una rica tradición en Noruega. Este tipo de ornamentación es fácilmente reconocible por sus figuras geométricas, realizadas con ayuda de un compás y una regla. Con el compás podían formarse estrellas de seis y ocho puntas y también formas triangulares y cuadradas. Partiendo de esta base podían realizarse numerosas variaciones y crear una increíble cantidad de diseños distintos. La talla de astillas solía realizarse con ayuda de un cincel en forma de V, de forma que el dibujo se formaba con unos bordes agudos y un acabado en punta en la parte inferior del rebajo. La talla de astillas es una técnica muy extendida que puede encontrarse en toda Europa. En Noruega abunda sobre todo en la parte occidental del país y en la zona costera al norte y al sur.
Es difícil establecer el origen del tallado de astillas, aunque a partir del siglo XVII se importaron de Dinamarca y de Alemania muchos objetos decorativos con una ornamentación más fina y más densa que la del tallado de astillas noruego más antiguo. Es evidente que estos objetos despertaron un nuevo interés por la decoración de los objetos de madera pequeños, como baúles, cajas, cofres o rodillos de escurrir ropa con esta forma de talla más delicada. La talla de astillas coexistió con otras formas de tallado y con las rosetas en las zonas rurales, aunque en algunos lugares esta última variante la sustituyó por completo.
Durante los siglos XVI y XVII llegaron a Noruega varios elementos del estilo renacentista. El "flatskurd" o tallado en bajorrelieve, apareció primero en las obras urbanas y más tarde en el arte rural. Los pámpanos de vid suelen ser simples y sus hojas se abren perpendicularmente en una secuencia regular. También pueden ser pámpanos dobles, como los que encontramos especialmente en los pilares de los silos o en algunos rodillos de escurrir ropa de Telemark. También es típica de este estilo la importancia que se concede a los motivos arquitectónicos, como columnas, pilastras, molduras y arcadas, así como el empleo de la cerrajería ornamental. Estas disposiciones ornamentales procedían del trabajo de los herreros. Otras características de la carpintería del Renacimiento es la construcción con paneles y marcos y la utilización de molduras.
Los ejemplos más antiguos del arte renacentista noruego que se conservan son de finales del siglo XVI. En su mayoría corresponden a los nuevos interiores de las iglesias: retablos, púlpitos, paneles en la parte inferior de los muros, etcétera. Posteriormente muchos de los elementos de la talla y la carpintería del Renacimiento aparecieron en las obras rurales, un poco antes en la parte occidental de Noruega que en el este. El tallado en bajorrelieve empezó a ser conocido paulatinamente en grandes zonas del sur del país, aunque se desarrolló de manera especial en Valdres, Hallingdal, y Telemark. Los pámpanos simples de talla en bajorrelieve es un motivo muy utilizado en muebles, sobre todo en aparadores. En el siglo XIX, el empleo del panel y del marco para la decoración de interiores se llevó a tales extremos que en todo el mobiliario de la casa se repetía esta ornamentación.
A partir de principios del siglo XVIII tuvo una gran relevancia para la talla de la madera en Noruega. La nueva inspiración tomada de la artesanía continental revivió en las regiones del este las tradiciones de la talla de la madera. Uno de los elementos más destacados del nuevo estilo era el acanto. Esta planta, parecida al cardo, tiene abundante follaje y sus hojas tienen una nervadura muy marcada y es muy antiguo su uso como motivo ornamental, puesto que ya se utilizaba en el arte clásico de Grecia y Roma, más tarde se convirtió en importante elemento de las artes decorativas en toda Europa y aún sigue empleándose. La decoración de hojas estaba basada en el acanto, pero fue durante el período barroco cuando alcanzó su expresión más vigorosa.
La decoración de la catedral de Oslo, realizada en 1699, marcó la introducción de una nueva forma de tallado en Noruega. Se cree que fue un holandés quien recibió el encargo de tallar un retablo y un púlpito nuevos, y de este modo fue el trabajo de un profesional lo que sirvió de base para una escuela rural de tallado en todo el este de Noruega, que más tarde se extendería hasta el valle de Gudbrandsdalen en el norte. Esta forma de tallar la madera es tan típica de Noruega que prácticamente se ha convertido en un emblema. Su rasgo distintivo es primero y ante todo la hoja de acanto, aunque también son importantes elementos decorativos los motivos florales, las figuras de ángeles y otros temas bíblicos. Algunos talladores urbanos, cuyos nombres conocemos, trabajaron en iglesias de las zonas rurales. Los artesanos locales también recibieron importantes encargos en todas partes, aunque en teoría estos trabajos estaban reservados a los profesionales de las ciudades.
Sin embargo, esta forma especial de trabajar la madera no se encuentra sólo en las obras públicas de carácter monumental realizadas por talladores de madera de renombre. Su estilo ha dejado su marca en muchos otros talladores no tan conocidos, que normalmente realizaban objetos útiles, como aparadores, mesas, sillas, boles para cerveza, cucharones y rodillos de escurrir ropa.
Pintura de rosetas
El término roseta se refiere a un estilo de pintura decorativa caracterizado por hojas de parra y flores, aunque también incluye figuras y paisajes con escenas religiosas y profanas. Se utilizaba para decorar muebles y objetos, recipientes para beber y utensilios de mesa, así como los interiores de casas y silos. Esta pintura decorativa, llena de colorido, floreció durante un período relativamente breve en las zonas rurales de Noruega. En términos generales, duró desde principios del siglo XVIII hasta la segunda mitad del siglo XIX, algo que comparte con el empleo de las rosetas europea en general. En algunas partes de la Europa Central, como Baviera o Suiza, había llegado unos cien años antes a las zonas rurales un estilo similar de pintura decorativa. Las condiciones geográficas de estos lugares hicieron relativamente fácil la propagación rápida desde las ciudades hasta el campo. El punto álgido de las rosetas en Europa se produjo hacia el 1800. A partir de entonces comenzó a decrecer la actividad en la pintura decorativa, o bien asumió otras formas, tales como la imitación de la textura de tipos de madera más cara.
El desarrollo de la pintura de rosetas en Noruega debe contemplarse en relación con el trasfondo de las condiciones económicas y culturales. El crecimiento y la prosperidad de las sociedades urbana y rural fue consecuencia de una mejora de la agricultura y de la expansión del comercio y de las comunicaciones. Los agricultores disponían de más dinero y esta afluencia, especialmente, entre los que trabajaban por cuenta propia, aumentó las posibilidades de desarrollo de las artes y la artesanía. Entre otras cosas, la nueva situación se manifestó en la mejora de las granjas. En el siglo XVIII casi todas las casas tenían chimenea propiamente dicha, en vez del hogar abierto colocado en el centro de la habitación y una salida de humos en el techo. La molestia del humo, que hasta entonces había sido enorme, se redujo considerablemente y las paredes y el mobiliario se veían finalmente libres en parte del hollín. En muchos lugares aparecieron las ventanas y los suelos de madera al mismo tiempo que la chimenea como elementos nuevos del entorno de las construcciones rurales. También había más muebles y de mejor calidad, muchos de ellos pintados y decorados.
La inspiración de las rosetas en el campo llegó de los artesanos profesionales de las ciudades. Se incorporó a los estilos de pintura decorativos renacentistas y barrocos, con las hojas de parra y las flores como elementos destacados de su expresión. Los artesanos urbanos llevaron las rosetas y la talla de la madera hasta las iglesias rurales. En el siglo XVII cada vez había más iglesias de los pueblos con pinturas en los techos, los muros y el mobiliario, y las hojas de parra y las flores aparecían ahora en armoniosa combinación con escenas religiosas tomadas del arte europeo. Poco a poco, las clases altas más cultivadas y los granjeros adinerados comenzaron a adquirir artículos de esta nueva moda para sus viviendas.
Pero transcurrieron varias generaciones antes de que los artesanos rurales adoptaran este estilo urbano. Fue ya bien entrado el siglo XVIII, momento en que los pintores urbanos comenzaron a utilizar las formas rococó, cuando algunos pintores de las zonas rurales iniciaron la aplicación de motivos renacentistas y barrocos a la pintura doméstica. La inexistencia de tal tradición en las zonas rurales fue probablemente uno de los factores que contribuyeron al lento desarrollo de la pintura decorativa. No carece de significado el hecho de que, dado que el arte de la pintura era nuevo, era preciso aprender los métodos de trabajo, fabricar las herramientas y conseguir materiales poco frecuentes. Por otra parte, los pintores de las ciudades consideraban que sus colegas rurales eran competidores y muchas veces se resistían en vez de colaborar.
Motivos pictóricos en el arte popular
Los motivos pictóricos han sido objeto de una mayor atención en los estudios del arte popular una vez se han estudiado sus orígenes y se ha interpretado su iconografía. Los entendidos pueden ofrecer ahora algunas respuestas a las preguntas de los tipos de modelos que tuvieron los artesanos rurales y qué significado se atribuía a las imágenes que realizaban.
Las biblias ilustradas eran una fuente importante de composiciones pictóricas. Las ilustraciones tomadas del Antiguo Testamento y de los Evangelios de San Juan tuvieron una especial aceptación en el arte popular. Es posible que la causa sea que los episodios de estos libros se prestaban mucho a una presentación escénica. La biblia de la Reforma se imprimió en una edición de 3.000 ejemplares, y es muy probable que llegara a todas las iglesias noruegas. Por otra parte, los libros de cuentos como la crónica de Carlomagno o la crónica de Holger el danés, con sus abundantes ilustraciones, también inspiraron a los artesanos rurales. Todas estas obras sirvieron para introducir las composiciones y los motivos del arte europeo en el repertorio popular. Algunos de ellos conservaron su significado original y otros quedaron relacionados con antiguas tradiciones rurales. A Holger el danés, por ejemplo, está representado, con muchas variaciones locales, a caballo y con la espada en alto. Los caballos también aparecen con frecuencias en los rodillos. Este motivo procede de una tradición muy anterior. El símbolo del caballo tenía un papel importante en la cosmovisión escandinava pre-cristiana como expresión de fuerza y virilidad. Su aparición en fecha posterior ya no tiene el mismo significado simbólico, pero, a pesar de todo, el caballo ha sobrevivido a través de los tiempos en el arte popular como motivo decorativo y como eco de una antigua tradición.
También el león tiene una historia interesante dentro del arte popular. Aparece en tallas de madera medievales y también puede como motivo en la pintura del siglo XIX. Es posible que ello no sea una tradición sin rupturas, sino más bien una mezcla de fuentes y de significados. En la Edad Media el león simbolizaba la fuerza y el poder. Por esta razón lo encontramos frecuentemente en los diseños con que se decoraban los marcos de las puertas. En un contexto religioso, el león es símbolo de la lucha del bien y el mal. Cuando el león aparece en obras del siglo XVIII, por ejemplo luchando contra Sansón, es obvio que el modelo es la biblia ilustrada. El león también se representa con un hacha o con una alabarda como atributos, y en estos casos su antecedente es el león que figura en el escudo de armas de Noruega. Peter Anker sugiere que el león tuvo tan gran aceptación en el arte popular debido a que los escudos de armas estaban muchas veces grabados sobre los hornos de hierro.
En el arte pictórico aparecen como motivos distintas especies de pájaros y es igualmente habitual que los vasos y copas tengan forma de pájaro. Aunque es difícil hablar del significado simbólico general de los pájaros, sí sabemos que en las creencias populares más antiguas los pájaros auguraban el futuro y que las gallinas y los gansos estaban relacionados con la fertilidad. Por lo tanto, es posible que los recipientes para beber con forma de gallina o de ganso se utilizaran para asegurarse una buena cosecha. En cualquier caso es preciso recordar que muchas veces el contenido simbólico se pierde en las creencias populares mientras que continúa en vigor el elemento puramente decorativo.
El autor de este artículo, Trond Gjerdi, nació en 1938. Se graduó en etnología en 1970 y trabajó como conservador suplente en el Museo de Arte Popular Noruego desde 1970 hasta 1984. Desde aquel año es director del Museo de la Ciudad de Oslo.