La literatura infantil noruega:
Juegos lingüísticos y seriedad – variedad de géneros y experimento con la forma
El escritor noruego Tormod Haugen ganó, en 1990, el Premio Hans Christian Andersen, principal galardón internacional de literatura infantil. Un año más tarde, El mundo de Sofía, la historia de la filosofía escrita por Jostein Gaarder, desencadenó una avalancha de premios literarios y records de ventas. Estos dos acontecimientos hicieron Noruega -comunidad lingüística minoritaria de la periferia europea- visible en el mapamundi literario. La literatura noruega de alta calidad para niños y jóvenes se ha convertido en artículo de exportación cultural. Comenzaré esta breve presentación sobre la literatura infantil noruega abordando ciertos aspectos preliminares.
Por Karin Beate Vold
"…se trata de encontrar el tema idóneo y la presentación adecuada que conecten lo infantil con lo poético […]. El niño no se conforma con que lo entretengan. El niño quiere pensar, sentir, crecer y desarrollarse en todos los sentidos; es un imperativo de la naturaleza humana […] se trata de encontrar el camino que conduce al corazón".
Así se expresa un pedagogo con ambiciones artísticas por cuenta de los niños. Y en estos términos escribió un pedagogo que a fines del XIX fijó un alto estándar para la literatura y la ilustración de libros infantiles. Un hombre con fe en el importante papel que desempeñan la palabra y la imagen en la formación de los jóvenes. Se llamó Nordahl Rolfsen y fue un importante impulsor del concepto del niño como lector, con lo cual también lo fue de la literatura y del arte de la ilustración que actualmente, un siglo más tarde, se ofrece a los niños y jóvenes noruegos.
La cita procede del prólogo del Libro de texto para la escuela pública, de 1892. Los libros de texto de Nordahl Rolfsen fundamentaron el arte de escribir libros y el placer de la lectura en Noruega. La obra presentaba textos literarios, de poesía popular y dibujos que orientaban la vida hacia el arte, distanciándose claramente de la pedagogía de corte pietista hasta entonces imperante en las instituciones escolares noruegas y en la producción de libros infantiles.
La literatura infantil se convierte en manifestación de una literatura nacional
Alrededor de 1890, surgió una nueva generación de escritores que rompió radicalmente con la tradición didáctica. Auténticos conocedores de la vida afectiva y de las necesidades del niño, estos autores crearon un tipo de literatura que se nutría de las tendencias de la literatura noruega en general. Las corrientes románticas habían despertado el interés por la psicología y el desarrollo del niño. De este periodo datan retratos literarios infantiles que han pasado a la posteridad como grandes clásicos de la literatura infantil. Además, las corrientes realistas que dominaron la literatura noruega a partir de 1870 y 1880 dieron paso a un tipo de literatura más crítica y creadora de actitudes positivas en los niños. La "Literatura de la Edad de Oro" (1890-1914) es una literatura infantil que describe fundamentalmente las circunstancias en que se desarrolla la vida de los pequeños y sus condiciones familiares y sociales.
A principios del siglo XIX, la política y la vida cultural noruegas giraban en torno a la lucha por la soberanía nacional. La Unión con Suecia duró hasta 1905 y mientras Noruega luchaba por su independencia, la literatura infantil fue un instrumento más para la formación de la identidad nacional.
La alta calidad artística de la literatura infantil noruega fue pronto más importante que sus intenciones pedagógicas y didácticas. Un rasgo característico de la literatura infantil finisecular es que los autores se dirigían tanto al lector adulto como a los niños. Y a decir verdad, en la literatura infantil y juvenil noruega se sigue dando este fenómeno, que podemos calificar de "cultivo rotativo" por parte de los escritores.
Cambios de paradigmas en el siglo XX
Dos cambios de paradigmas acaecidos en la segunda mitad del siglo XX han sido esenciales para la modernización de la literatura infantil y juvenil noruega. En 1950, el arte de la escritura y la narración se alió con la radio, por aquel entonces el medio de masas más popular en Noruega. Mediante esta alianza se vigorizó, ante todo, la literatura destinada a los más pequeños. En los años setenta y ochenta, las tendencias de crítica social presentes en la literatura para adultos abrieron una brecha en la protegida literatura infantil, que también se hizo eco de las ideas políticas radicales y de la reacción contra el poder establecido; se aceptaron temas que antes eran tabú, como por ejemplo los de la adolescencia y el despertar de la sexualidad. Estas tendencias revitalizaron particularmente la literatura para jóvenes y el libro juvenil se estableció como género propio. La tendencia antiautoritaria y problematizante acabó influenciando también los libros para los más pequeños. Hay un tercer fenómeno que afecta a la literatura infantil noruega más allá de las tendencias vigentes, a saber, la vitalidad de la poesía infantil.
Los renovadores de los años 50, tanto por lo que respecta a la narrativa como en el campo de la canción para niños, son Thorbjørn Egner (1912-1990), Alf Prøysen (1914-1970) y Anne Cath. Vestly (*1920). Estos tres artistas eran polifacéticos. Con sus dotes musicales y teatrales lograron una enorme popularidad a través de las ondas de la Radio Nacional Noruega (NRK). Cada uno de ellos representaba un género distinto: Egner creó universos de ficción propios, como el bosque de Hakkebakke (Hakkebakkeskogen) y la ciudad de Cardamomo (Kardemomme by) y personajes fantásticos como Carius y Baktus, los trolls de los dientes. Prøysen creó su propia figura fantástica: la señora Cucharita, que tenía el don de volverse diminuta. Vestly es la narradora realista del trío, aunque también creó mundos de ficción ambientados, por lo general, en ciudades-dormitorio, a los que ha dado seguimiento en su quehacer literario de más de cuarenta años. En la amplia galería de personajes de la escritora destaca Mormor, la abuela materna, figura central y omnipresente en el universo imaginario de Anne Cath. Vestly. Los temas principales de las obras de estos escritores son la tolerancia, la iniciación en la vida social de la comunidad y la democracia; tanto la señora Cucharita como Mormor son portavoces del antiautoritarismo. Los tres escritores dominaron la literatura para los más pequeños durante más de 20 años y forman parte, desde hace tiempo, del canon de la literatura infantil de Noruega. Sus libros están traducidos a muchos idiomas.
Alf Prøysen alternó las obras para adultos y para niños, las letras de canciones y la prosa. Sus canciones infantiles tienen un alto valor poético. Sin embargo fue Inger Hagerup (1905-1985) quien con la colección Qué raro (Så rart), de 1950, logró el lanzamiento de un tipo de poesía infantil caracterizada por su modernidad. La escritora era ya entonces una autora consagrada. Sus poemas infantiles con elementos nonsense, juegos linguísticos antiautoritarios y resonancia lírica, dieron paso a innovaciones estilísticas y retos literarios en la literatura noruega para niños. Tras sus pasos siguieron otros poetas de renombre como André Bjerke (1918-1985) y Arnljot Eggen (*1923). Pero la pionera fue Zinken Hopp (1905-1987), única escritora noruega de literatura infantil adscrita al nonsense. Con su original obra en prosa La tiza mágica (Trollkrittet), de 1948, traducida a varios idiomas, es la única representante de géneros literarios de difusión restringida con éxito también fuera de Noruega.
Campo de acción de política cultural y de estudios de investigación
Las nuevas actitudes, los nuevos estilos y géneros que encontramos en la literatura infantil noruega de los años ochenta pueden describirse desde varias perspectivas. En esta década se dieron a la vez varias circunstancias que sin duda cambiaron sustancialmente las condiciones-marco de la literatura infantil y crearon el caldo de cultivo propio para las innovaciones. En la década de los sesenta se aplicaron medidas de política cultural de amplio alcance destinadas a mantener en vigor la literatura nacional de Noruega. Entre ellas, cabe mencionar la creación del Sistema de Adquisición Estatal de nueva literatura noruega de ficción. La literatura infantil se incorporó de pleno al Sistema en 1978, mejorando con ello las condiciones de editoriales y escritores. Atrás quedaban largas sesiones de negociación entre las partes implicadas; en estos años se reforzaron el sentido de pertenencia profesional y la autoevidencia de los autores de literatura infantil.
Las ideas políticas imperantes en la década de los setenta afectaron también a las instituciones de educación superior, suscitando el interés de los estudiantes por la literatura que se salía de los canones convencionales; entre otras, la literatura de género, el cómic, la novela de intriga y la literatura infantil, se convirtieron en objetos de trabajo para estudiantes con una actitud crítica hacia la especialidad. Más adelante, aunque no sin encontrar oposición, acabaron convirtiéndose en campos de investigación autorizados. La literatura infantil estaba por entonces en pleno desarrollo, como objeto de la política cultural y en los círculos académicos. Esta circunstancia conllevaba status, repercutiendo favorablemente en la literatura. Entonces se contemplaba con ojos nuevos y se daba crédito a un sector de la literatura que durante mucho tiempo había quedado al margen de la vida cultural seria. Pero no hay que perder de vista que el impulso ascendente de la espiral procedía de la literatura misma.
A partir de 1968: cambio de generación. Perspectiva solidaria de la infancia
A comienzos de los años setenta, subió a la palestra una vigorosa generación de escritores que veía en la literatura infantil nuevos retos lingüísticos y literarios.
Las figuras más destacadas de la nueva literatura de los años setenta son escritores de renombre como el poeta Einar Økland (*1940), el autor de fábulas en prosa Tor Åge Bringsværd (1939) y el escritor novel Tormod Haugen (*1945). Torill Thorstad Hauger (*1943) es también una autora importante, por haber renovado la novela histórica para niños. Tras ella y dotados de una fuerte capacidad para fabular llegaron Ragnar Hovland (*1952), poeta y escritor de textos en prosa de diversos géneros, Fam Ekman (*1946), original prosista y pintora y Rune Belsvik (*1956), escritor de literatura juvenil. Estos autores practicaron diferentes géneros literarios durante décadas y prosiguen su actividad creadora al concluir los años noventa.
Los autores jóvenes encontraron en el libro para niños un canal a través del cual promover cambios de actitud en tiempos ideológicamente turbulentos.
A excepción de Tormod Haugen, todos los arriba mencionados escriben indistintamente para los adultos y los jóvenes. El libro para niños se convirtió en ámbito de experimentos literarios y juegos lingüísticos, en campo de investigación sobre la infancia. Las intenciones didácticas que, bajo ropaje literario, siempre habían estado presentes en la mayor parte de la literatura infantil de tiempos pasados cedían terreno, cada vez más, a las ambiciones artísticas. Del mismo modo que la literatura de la década de 1890 fue la primera en contemplar al niño desde su propio punto de vista, la de los años setenta y ochenta de nuestro siglo creó una perspectiva infantil solidaria, de carácter innovador, que incorporaba tendencias ideológicas actuales a un modo de escribir contemporáneo.
La poesía y el libro de ilustraciones. "Cultivo rotativo" y variedad de géneros
Con la colección de poesía para niños titulada Eres tan raro (Du er så rar), de 1973, Einar Økland (*1940) hizo del niño el "yo"poético" con autoridad renovada. Más que juegos lingüísticos para niños, tan comunes en la poesía de los años cincuenta, en su producción poética y en sus últimas obras en prosa para niños crea diálogos y se plantea interrogantes desde la perspectiva infantil. Økland juega con los géneros y las convenciones en materia narrativa. Destacan a continuación poetas como Arild Nyquist (*1937), Oskar Stein Bjørlykke (*1939), Per Olav Kaldestad (*1947), Marit Tusvik (*1951) y Arnt Birkedal (*1959) por sus textos para niños a la vez serios y llenos de humor. Un rasgo presente en toda la producción de estos autores es su afán por hacer resaltar la poesía de la vida diaria y de lo cotidiano.
Los poetas que además suelen escribir obras cortas en prosa para niños se alían de preferencia con pintores, dibujantes e ilustradores cuyo estilo armoniza con el propio; así se crean libros ilustrados muy originales. Tor Åge Bringsværd ha transmitido sus fábulas en prosa con ilustraciones de Thore Hansen (*1942). Un ejemplo de ello es Los azules y la fábrica de caramelos (Det blå folket og karamellfabrikken), de 1974, un cuento destinado a los más pequeños que trata de la contaminación del medio ambiente. Las intenciones pedagógicas de este tipo de literatura se dirigen ahora, sobre todo, a los adultos y enfocan el tema de la gestión de los valores. La posterior producción de Bringsværd se compone de libros con ilustraciones sobre los principales personajes de la mitología nórdica. Økland ha escrito varias de sus obras en colaboración con ilustradores como Kari Bøge (*1950), Wenche Øyen (*1946) y Gerhard Stoltz (*1948), mientras que Nyquist se ha aliado con Hans Norman Dahl (*1937), Finn Graff (*1938) y Fam Ekman (*1946).
Ilustradora y escritora, Fam Ekman es, ante todo, una artista autónoma. Esto ya se percibe en su primer libro ¿Qué hacemos con la pequeña Lill? (Hva skal vi gjøre med lille Jill?), de 1976. Con su prosa melancólica, humorística y minimalista y por medio de un lenguaje lleno de imágenes originales y experimentales, Ekman es la pionera del proceso que tantos talentos ha aportado a Noruega en este campo y que, con el tiempo, ha desplazado los límites del libro ilustrado para niños, en el que tradicionalmente imperaba el realismo a ultranza, tanto por lo que se refiere a los textos como a las ilustraciones.
En la actualidad predominan la inventiva y el despliegue de la imaginación. Los ilustradores, que antes, por lo común, se limitaban a dibujar, manejan ahora la pluma además de los lápices. Rune Johan Andersson (*1946), Iben Sandemose (*1950) e Ingri Egeberg (*1951) ilustran frecuentemente textos propios. Además, al igual que Harald Nordberg (*1949), Hilde Kramer (*1960) e Inger Lise Belsvik, colaboran con escritores, obteniendo buenos resultados. La aportación de artistas como Malgorzata Piotrowska (*1957) y Akin Düzakin (*1961) representa una influencia positiva de otras culturas en las artes visuales de Noruega. Todos estos artistas fueron galardonados en 1os años ochenta y noventa. A partir de la década de los noventa, los dibujantes Kim Hiortøy (*1973), Per Dybvig (*1964) y Anders Kaardal (*1949) se expresan por medio de un trazo menos depurado y sumamente humorístico. La política cultural estatal que desde los años sesenta apoya la producción nacional de libros ilustrados ha dado frutos. Hoy día existe una vital diversidad en este ámbito.
Prosa para niños
Otro tanto se puede decir sobre el libro para niños en prosa. La novela infantil ha dejado de ser el único género existente. Abundan ahora también las obras cortas en prosa, con ilustraciones o sin ellas. A partir de los setenta, destaca Tormod Haugen en el campo de la novela infantil con narraciones sobre la situación vulnerable de los niños expuestos a la insensatez de los adultos. Desde el libro de su debut en 1975, Los pájaros de la noche (Nattfuglene), hasta la novela de aventuras posmoderna El grito de la selva (Skriket fra jungelen), de 1989, ha ido profundizando en su temática. En 1990, se premió su labor con el más importante galardón internacional de literatura infantil: el Premio Hans Christian Andersen. "Considero un gran desafío personal el escribir sobre estos temas […] Se trata de atreverse a sentirse de nuevo tan indefenso como un niño", ha expresado Haugen comentando su trabajo literario. Haugen se ha posicionado en favor de la ruptura con la tradición realista imperante en la literatura infantil noruega al introducir gradualmente en sus obras elementos imaginarios, creando con ello, poco a poco, literatura fantástica nacional.
Rune Belsvik, cuyo debut fue con vigorosa prosa realista para jóvenes, ha aportado innovación y poesía a la literatura infantil noruega a través de los libros sobre Dustefjerten y sus amigos, personajes de ficción en un paisaje noruego imaginario.
Los interrogantes existenciales en prosa poética para niños están presentes en la obra de Jon Fosse (*1959), por ejemplo en Infinitamente tarde (Uendeleg seint), de 1989, y de Rønnaug Kleiva (*1955) en No se te olvide acariciar al gato (Ikkje gløym å klappe katten), de 1997. Los textos cortos en prosa de Sissel Solbjørg Bjugn (*1947) y Marit Kaldhol (*1955) invitan a lecturas diferentes y establecen también la comunicación con lectores adultos de distintas clases. Son autores que con frecuencia colaboran con artistas de lo visual. Los escritores y los ilustradores tienen temperamentos y estilos narrativos que difieren entre sí, aunque todos ellos buscan captar la perspectiva del joven lector. De modo consciente o inconsciente, se adentran cada vez más en la psique del niño y rompen con la convención del género infantil que exige situar la acción en una atmósfera apacible y protegida. Uno de los nuevos talentos en este campo es Erlend Loe (*1970). Su humor ingenuo desarma al lector, por ejemplo en ¿Quo vadis, Kurt? (Kurt, quo vadis?), de 1998, y ha demostrado atraer la atención de los lectores de todas las edades.
Libros de intriga y aventuras que hacen crítica social
Al libro para niños de alta calidad problematizante y psicologizante de los años setenta y ochenta le salió, poco a poco, un competidor en el libro de intriga con compromiso social. La creación de series susceptibles de competir con la literatura de masas fue un proyecto editorial en el que se embarcaron también varios escritores notables. Aparte de que tenía un aspecto pedagógico y literario, varios escritores asumieron este reto por razón del propio carácter del género, a caballo entre las producciones en serie para niños y la novela policiaca, destinada a los adultos.
El escritor Ingvar Ambjørnsen (*1956) debutó en el mercado de la literatura juvenil con los libros sobre los "detectives" Pelle y Proffen; en ellos, los héroes protagonistas resuelven misterios criminales relacionados con asuntos de importancia social tales como la contaminación por la actividad de las industrias y el tráfico de estupefacientes. También las escritoras se dieron cuenta de las posibilidades del género. Por ello, dirigiéndose a las jóvenes, crearon series protagonizadas por heroínas, como los libros sobre Daniella D, de Erna Osland (*1951) y la serie Mina sigue la pista (Mina på sporet), de Pia Ibsen (*1956). La actitud de crítica social se mantiene en estas obras destinadas a mujeres jóvenes, aunque en ellas también esté presente el romanticismo.
Los temas históricos han sido tradicionalmente el marco de los libros de aventuras para niños y jóvenes. Torill Thorstad Hauger (*1943) ambienta sus obras en tiempos remotos, por ejemplo en la época vikinga, e igualmente en los años de la emigración noruega a América durante el siglo XIX; Mette Newth (*1942) describe con mordacidad los abusos cometidos contra la población autóctona de Groenlandia y Stig Holmås (*1946), en su serie de aventuras de corte antimperialista sobre el joven guerrero apache Vinterhauk, se ocupa de los indios norte-americanos como grupo étnico oprimido.
En los últimos diez años ha sido abundante la producción de historietas gráficas de alta calidad y se han publicado numerosos libros de cómics. Se vuelve otra vez a las narraciones de temas históricos en forma dramatizada a base de texto e ilustraciones. De esta manera le ha salido un brote popular al relato de aventuras.
La nueva novela juvenil
Tras experimentar un crecimiento cuantitativo y cualitativo considerable en los años setenta y ochenta, la literatura infantil y juvenil noruega de los noventa se caracteriza por su vitalidad y variedad. Nuevos talentos son atraídos hacia el campo y el "cultivo rotativo" de la literatura para niños y para adultos ha demostrado ser muy fructífero.
Comparada con el resto de la literatura infantil y juvenil nórdica, la literatura noruega más bien se orienta hacia al individuo que hace crítica social. Las obras de los escritores y las escritoras noruegas tratan de jóvenes inquietos, a la búsqueda de identidad existencial y sexual. Desde los años ochenta, la nueva novela juvenil noruega está bien representada por Kari Bøge (*1950), Toril Eide (*1950), Tor Fretheim (*1946), Per Knutsen (*1951) y Erna Osland.
La innovadora literatura infantil y juvenil de los años ochenta y noventa presenta la infancia desde una nueva perspectiva. En lugar de oponerse abiertamente a la generación anterior, muchos jóvenes luchan contra los adultos porque están ausentes. En estas obras, los papeles están frecuentemente invertidos: los adultos rehuyen tanto la convivencia con los jóvenes como la toma de responsabilidad, mientras que los jóvenes buscan su identidad y el sentimiento de pertenencia fuera de la familia. Suelen caracterizar a los protagonistas de estas narraciones los rasgos típicos del antihéroe, si bien en ellas se crean también modelos con fortaleza de carácter en circunstancias vitales de difícil solución.
"Es como si ya nadie se hiciera adulto […] Antes por lo menos aspiraba uno a eso, a hacerse adulto, porque entonces se acabarían las tonterías. Pero ahora nadie se hace adulto.", leemos en Una motocicleta en la noche (Ein motorsykkel i natta), 1992, de Ragnar Hovland (*1952). Hovland se convirtió pronto en figura clave de este tipo de literatura. Sus libros se basan en el juego con los géneros y la intertextualidad, ya escriba para los niños, los jóvenes o los adultos.
En los años noventa, la novela juvenil pasó también a ser objeto de experimentos formales, rupturas de géneros y nuevos estilos narrativos. Desde su debut en 1955, con el libro juvenil Vidrio roto (Glasskår), Harald Rosenløw Eeg (*1970) se hizo notar por la musicalidad y riqueza en imágenes de su lenguaje. Muchos de los escritores de los noventa han experimentado con música y textos de rock. Esto queda de manifiesto tanto en el estilo como en la temática de Løpe Løpsk 1998, de Sverre Knudsen (*1955).
La literatura juvenil de 1os años noventa deja espacio a una cierta nostalgia con la adscripción al género de varios autores que escriben, con ternura y mucho humor, sobre las primeras fases de la adolescencia; cabe aquí citar a
El día que desapareció, de Tormod Haugen. Traducción de Lorena Catalina. Juventud, Col. Juventud 86. 1a ed, 1992, 136 pp,
ISBN 84-261-2653-7.
Los pájaros de la noche, de Tormod Haugen. Traducción de Roser Berdagué. Juventud, Col. Juventud 71. 1a ed, 1984, 144 pp,
ISBN 84-261-2056-3.
La señora Cucharita, de Alf Prøysen. Traducción de Herminia Dauer. 5a ed, 1993, 82 pp,
ISBN 84-261-1671-X.
Secuestro, de Mette Newth. Traducción de Jesús Pardo. SM, Col. Gran Angular 122. 2a ed, 1993, 176 pp,
ISBN 84-348-3782-X.
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