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Noruega, país cristiano

Londres, año 994 d.C.: De rodillas ante la pila bautismal se halla Olav Tryggvason, vikingo noruego. Dos veces ha conquistado con sus hombres el sudeste de Inglaterra; dos veces el rey Ethelred se ha visto obligado a pagar un gran rescate para que los normandos devuelvan lo que han usurpado. Ahora, Olav Tryggvason se ha convertido al cristianismo. Por fin se librará el pueblo anglosajón del azote de los hombres del Norte.

Por Erling Bø

Así cuenta la saga: Olav Tryggvason regresó a Noruega. Allí le esperaba una gran y difícil misión: ganar el vasto y poco poblado país para la fe cristiana.

En verdad que su última expedición por tierras inglesas tendría consecuencias dramáticas. Los historiadores discrepan en mucho, pero no ponen en duda que el caudillo vikingo fue un cristiano devoto y ferviente. La creencia en el Dios cristiano marcaría su andadura vital después de ser bautizado. Noruega no ha producido jamás un misionero más poderoso: Había que convertir a los paganos a la fe de Cristo.

La fe noruega

El católico foráneo que llega a Noruega se queda sorprendido... ¿Que es pecado bailar, beber vino? ¿Pecado decir tacos y palabrotas?

"¿Cuándo fuiste redimido?" pregunta el cristiano noruego. "¿Redimido...?" repite el católico, interrogante. "Sí, ¿cuándo te convirtieron?" dice el noruego.

El católico sigue sin entender nada. Ha nacido católico, se confiesa una o dos veces al año y, para él, eso es precisamente ser cristiano. El pobre católico espera sólo que Nuestro Señor sea más indulgente que sus discípulos noruegos...

Noruega es especial

Pero el país no ha sido tan especial, en el aspecto religioso, como lo es hoy día más que durante una cuarta parte del milenio que celebra la Iglesia en 1995 y 1996.

Lutero y Pontopiddan

Olav Tryggvason importó el cristianismo de Europa. Pero pronto –tan sólo unos cinco siglos más tarde–, la nueva doctrina religiosa se convertiría en algo bastante diferente en Noruega: Primero, debido a la Reforma protestante, después, al influjo del pietismo.

Un alemán, Martín Lutero, sería el primero en influir notablemente en la vida cristiana noruega. Lutero veía en las Sagradas Escrituras la única autoridad. Por eso tradujo la Biblia al alemán usual, a fin de que fuera de dominio público, y no sólo reservada a exégetas y eruditos. Lutero sostenía que las obras, ya sean o no de carácter religioso, no conducen a la salvación del hombre. "Sola gratia per fidem": Sólo por la gracia puede el pecador volver a Dios misericordioso.

Con el advenimiento del protestantismo disminuyó el poder político y religioso del Romano Pontífice. Con su doctrina introdujo Lutero una marcada distinción entre fe religiosa y secularidad. Jesucristo había dicho: "Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios." Lutero estaba de acuerdo.

La Reforma protestante se introdujo en Noruega en 1536, y ello supuso un énfasis, mucho mayor que antes, en la fe del individuo. Dos siglos más tarde, esa evolución daría un salto más en el mismo sentido con el advenimiento del pietismo, procedente también de Alemania. Por orden del Rey de Dinamarca-Noruega, escribió Erik Pontopiddan el libro de texto "Por la verdad a la piedad", en 1737. Dos años más tarde, la Iglesia fundaría la escuela pública noruega, precisamente para preparar a los jóvenes para la confirmación. En ella, además de doctrina cristiana, se enseñaba a leer y escribir.

El pietismo hacía hincapié en le entrega personal a Dios; es decir en el individuo. De ese modo, un concepto como "ser personalmente cristiano" pudo incorporarse con naturalidad al idioma noruego, mientras que esa misma expresión carecía y carece de sentido en un país católico. En tanto que el pietismo veía una fuerte conexión entre moral y fe, los católicos estimaban más importante el sentimiento de comunidad: la vida cristiana estaba vinculada a la participación en actos religiosos colectivos.

Pero aunque, en su interpretación de la fe cristiana, discreparan -y sigan discrepando- católicos y protestantes en muchos aspectos, al menos unos y otros no se niegan el derecho a llamarse "cristiano". Lo que ya es algo.

La Iglesia

En el caso de Noruega, el concepto de "nación cristiana" debe explicarse jurídica, cultural e históricamente. En el artículo 2º de la Constitución, redactada en 1814, al separarse Noruega de Dinamarca, se establece que "todos los ciudadanos del Reino gozan de libertad religiosa. La religión evangélica luterana seguirá siendo la religión oficial del Estado. Los ciudadanos que la profesen están obligados a educar a sus hijos en ella".

La polémica en torno a las relaciones entre Iglesia y Estado se plantea seriamente en el decenio de 1850, y desde entonces ha sido tema más o menos candente.

Desde el Medievo, el poder de la Iglesia era tan grande que podría hablarse de "Estado de la Iglesia". ¿Se invirtieron los términos al instaurarse la "Iglesia del Estado"? ¿O era éste sólo un modo nuevo de afianzar su autoridad los hombres de la Iglesia?

Según iba evolucionando el régimen democrático, la mayoría de los estamentos privilegiados fueron perdiendo su poder desmesurado. Desde la introducción, en la década de 1730, del "pietismo cortesano", hasta el decenio de 1880, hubo una "Iglesia sustentadora del Estado". A raíz de la instauración del parlamentarismo, en 1884, surgió un "Estado

sustentador de la Iglesia".

Sin embargo, el que la Iglesia, durante ese tiempo, hubiera seguido siendo una institución que los políticos habían de tener en cuenta, se debía, entre otras cosas, al gran número de personas vinculadas a ella. Es decir, que existía un significativo potencial electoral en el seno de la misma; de ahí que se evitara llegar a una plena confrontación con el estamento clerical. Hasta cierto punto, esto sigue teniendo vigencia hoy día.

También es verdad que la Iglesia, en gran medida, ha prestado atención al Estado. Cuando los políticos han ejercido su poder sobre la Iglesia, casi siempre han surgido conflictos. Pero, igualmente, la tirantez, en general, ha desaparecido al cabo de unos años.

De acuerdo con el régimen establecido, el Rey de Noruega es la máxima autoridad de la Iglesia. A veces, un jefe se ve obligado a adoptar decisiones controvertidas. Así sucedió con Olav V cuando, en 1961, por primera vez, una mujer fue ordenada sacerdote.Y con el monarca actual, Harald V, al nombrarse el primer obispo femenino.

Iglesia del Estado

Se ha hablado de disolver la unión de Iglesia y Estado, pero los motivos de tal pretensión son divergentes e incluso antagónicos: Hay quien desea la separación porque -dicho de un modo categórico- no les gusta el Estado. Mientras que a otros –dicho también categóricamente– no les gusta la Iglesia.

Especialmente en el decenio de 1970, hubo muchos que dejaron de pertenecer a la Iglesia Nacional, bien porque, conscientemente, se consideraran "no cristianos" o, al contrario, porque estimaran que la Iglesia oficial no era "suficientemente cristiana". (En protesta por la ley sobre el aborto provocado, aprobada por el Parlamento noruego, dimitió un obispo, a quien secundaron algunos sacerdotes. Sin embargo, ello no supuso deserción multitudinaria alguna.)

De hecho, la tendencia actual es al contrario. Cada año se retiran unos cinco mil, pero ahora se habla constantemente de miembros dados de baja que vuelven a inscribirse en el censo de la Iglesia. La "revuelta" ha pasado; al menos, en gran medida. Y quienes hoy día muestran mayor fervor y entusiasmo en aflojar los vínculos entre Iglesia y Estado se hallan en la esfera menos popular de la Iglesia Nacional; a saber, en la cumbre de su jerarquía.

No obstante, incluso esos medios se muestran razonablemente satisfechos con la situación actual. Ahora, la Iglesia se gobierna a sí misma, el Estado paga y los ciudadanos son miembros.

El pueblo

Una Iglesia Nacional sin nación, sin pueblo, no es una iglesia.

En relación con el número de habitantes, Noruega es uno de los países con mayor cantidad de cristianos activos. Alrededor de setenta organizaciones celebran en verano sus reuniones, asambleas generales, conferencias y congresos. Decenas de millares participan, al calor del estío, para recibir inspiración y formación que llevarse al quehacer cotidiano de su existencia cristiana.

Un informe presentado no hace mucho mostraba que hay 918 misioneros noruegos repartidos por un total de 69 países de cuatro continentes. Tras esos 918 hay cientos de miles de simpatizantes en Noruega.

También en el territorio nacional es ingente la tarea del voluntariado cristiano: 18 organizaciones e instituciones de asistencia pública. 12 organizaciones de misiones en el exterior bajo los auspicios de la Iglesia Nacional. 21 organizaciones de evangelización interior y labor en pro de la infancia y juventud. 28 entidades en el campo de la cultura y los medios de comunicación. Seis organizaciones ecuménicas y 33 instituciones docentes.

A ello hay que añadir la significativa contribución de los miembros de las doce "comunidades disidentes" del país, miembros de congregaciones distintas de la Iglesia oficial: pentecostalistas, adventistas, baptistas, metodistas, Iglesia Libre, católicos y otros. Cuando sabemos que a todo ello hay que añadir la labor que realizan 1359 parroquias y feligresías de la Iglesia de Noruega, se puede, sin duda, proclamar que los cristianos activos constituyen, indiscutiblemente, el movimiento popular más importante de Noruega.

El hecho de que exista una significativa "Asociación Humano-Ética" en el país –una comunidad de personas unidas por la creencia religiosa en nada en absoluto– demuestra, en cierto modo, la posición de que goza el cristianismo en el país.

Fuerte posición

Anualmente, a nivel mundial, tal vez se publiquen unos cien mil nuevos libros sobre Cristo y la fe cristiana. Se hacen innumerables programas televisivos. Miles de misioneros son enviados a tierras extranjeras para ayudar y confortar a los pobres. Millones van a la iglesia, y todavía son más los que juntan las manos en oración cada noche.

Todos los años, solamente en Noruega, se escriben trescientos nuevos libros sobre temas puramente cristianos y se registran más de siete millones de visitas a los templos.

Como ya se dijo, todos los veranos se demuestra la fuerte posición del cristianismo en Noruega. Es la época en que las organizaciones cristianas celebran sus más importantes concentraciones, poniendo de manifiesto que su fe religiosa es mucho más que una tradición nacional.

Pero eso ocurre no sólo en verano. Durante todo el año tiene lugar una -digamos- increíble (sic) actividad. El movimiento popular cristiano discurre ininterrumpidamente: reuniones de fieles para rezar y adquirir más formación espiritual, ayuda a necesitados y a una gran obra social.

Raramente las organizaciones cristianas son objeto de grandes titulares en los medios informativos. Para ello, son demasiado serias y consistentes, más preocupadas por el bimilenario Mensaje Divino que por salir en las noticias.

Consideremos, por ejemplo, la Asociación Luterana de Misiones de Noruega (Norsk Luthersk Misjonssamband), la más importante organización misionera. No habrá muchos que asocien grandes actividades con ese nombre. Y sin embargo, la organización reúne a cuatro mil sociedades y agrupaciones. Cuatrocientos empleados están vinculados a la Junta Central y los 18 distritos. Sus 17 centros docentes ocupan a 215 profesores, que enseñan a dos mil alumnos. El número exacto de templos y oratorios apenas se conoce, pero, particularmente en la región occidental de Noruega, abundan como hongos. La organización dirige y administra 33 campamentos y 44 guarderías infantiles con 280 empleados. Emite programas radiofónicos misioneros en 23 idiomas y posee 30 emisoras locales en el país, así como 30 librerías, una compañía para la producción de libros y una sociedad de música. La "Asociación" cuenta con seiscientos misioneros, repartidos por Etiopía, Kenia, Costa del Marfil, Japón, Hong Kong, Macao, Taiwan, Indonesia, Perú y Bolivia.

Otro mundo

¿Impresionante? Evidentemente... La Asociación de Misiones opera con un presupuesto de 125 millones de coronas noruegas y publica nada menos que cuatro revistas, con una tirada total de más de cien mil ejemplares. La remuneración anual de su secretario general apenas llega a las doscientas mil coronas, no mucho más de lo que gana un obrero especializado. ¿Qué ejecutivo responsable de 125 millones aceptaría tal retribución?

En ciertos círculos se habla de descristianización. Con el tiempo, tal vez haya quien crea que Hans y Grete fueron los primeros pobladores de la Tierra, o que Job fue el fundador de la Oficina de Colocación. Aun así..., estamos muy lejos de ser una nación descristianizada.

Enorme contribución

Probablemente, la sociedad noruega dependa totalmente de la enorme contribución voluntaria de los cristianos activos.

En cualquier caso, no se puede medir en dinero la aportación de la Noruega cristiana a la comunidad en el campo de la educación infantil, activación de la juventud, cultura, deportes, salud, Tercera Edad, lucha contra el alcohol y las drogas, ayuda a países en desarrollo, y mucho más.

En el fondo de todo ello yace una ingenua esperanza de que Jesús venga a salvarnos. La fe cristiana es, evidentemente, una notoria fuente de inspiración; nadie lo puede negar. En verdad que los humano-éticos y otros deben envidiar la fuerza y energía en las que se apoyan y confían las organizaciones cristianas...

Jesús, un hecho histórico

La existencia de Jesús de Nazaret es un hecho histórico. Su resurrección, una cuestión religiosa; no puede demostrarse. Para creer en ella, hay que creer en Jesucristo. Y si se cree en Jesucristo, se puede creer en la resurrección.

No es casualidad que "espirar" signifique "soplar, respirar" en noruego y muchas otras lenguas indoeuropeas. La respiración transmite oxígeno a la sangre y expulsa sustancias residuales: para vivir hay que respirar. Y así también, para ser entes espirituales, hay que tener espíritu. Si indagáramos el sentido de la existencia sólo con ayuda de nuestro entendimiento y facultad de imaginación, la vida sería una sola –y mala– conjetura. Pero, gracias al espíritu, puede ser algo más y mejor. Pentecostés, festividad de la Venida del Espítiru Santo, hace del cristianismo algo más que un buen sistema moral: una religión.

Nuestro legado cultural cristiano, basado en la doctrina de Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo, impregna y caracteriza, más de lo que podamos imaginarnos, a la sociedad noruega. Incluso el calendario está empapado de esa herencia cultural. El obispo Eivind Berggrav escribe: "Lo que vive es el año litúrgico como carácter vital y plenitud de contenido del calendario. Sin él, todos los días del almanaque serían igual de grises y desvaídos. No tendrían fisonomía. Es el año litúrgico lo que da sangre y color al calendario, infundiéndole vida."

Y éste es sólo un ejemplo. El idioma noruego está lleno de palabras y conceptos de origen bíblico, locuciones que no se entienden del todo si no se sabe un mínimo de Historia Sagrada: "un judas", "ramaskrik" (clamor) "uriaspost" (puesto peligroso) "pecador arrepentido", "lavarse las manos", "crucificado", "confusión de Babel", "un camello por el ojo de una aguja" y muchas, muchas más. Es natural, por tanto, que la religión cristiana ocupe un lugar relevante y sea estudiada a fondo en la enseñanza. Así ha sido siempre en nuestro sistema educativo, porque el cristianismo en Noruega es más importante que otras religiones. Y así probablemente seguirá siendo en siglos venideros, independientemente de lo que la mayoría de la gente crea y piense. El 3 de mayo de 1995, una comisión nombrada por el Ministerio presentó una propuesta para ampliar la posición de la asignatura de doctrina cristiana en el sistema educativo noruego. Todos los niños del país se benefician de conocer los principales rasgos del fundamento cultural cristiano de la nación y los pasajes más importantes de la Biblia, afirma el Ministro responsable, añadiendo que "hay ciertas formas de ignorancia que no debieran estar permitidas".

Valores cambiantes

En las últimas décadas, la palabra "valores" ha ido cambiando de significado: de dinero, de bienes materiales, a calidad de vida. Los investigadores de tendencias sociales auguran que la moda del "footing" será sustituida por una ola de lectura y meditación. Y se ha puesto en boga hablar de Dios. Pero ¿de Jesucristo? No; hablar de Jesucristo todavía nos ruboriza e indispone. Es algo demasiado personal para que nos guste abordar el tema. Es más fácil pronunciarse sobre un Dios lejano...

Ello no obstante: Cristo en la cruz ocupa una posición central en el concepto de nosotros mismos y de nuestra sociedad, en la noción del poder del amor y del mal: primero crucificamos a Jesús y luego, durante dos milenios, edificamos nuestra cultura sobre el mensaje que nos dejó.

El mensaje de paz y gracia del Niño cuyo cumpleaños celebramos cada Navidad, ha mostrado una extraña capacidad de supervivencia, pese a toda la maldad y miseria de la Historia a lo largo de dos milenios. En Noruega, mil años.

La historia

Hace mil y un años arribó un pequeño grupo de extranjeros a Dragseidet, en Selja, Nordfjord. Venían huyendo de los paganos, y llegaron a Noruega con una creencia que iba ganando adeptos por toda Europa, creencia que pronto se impondría en el país... Así cuenta la saga de Sunniva, la santa virgen irlandesa y sus seguidores. El rey Olav Tryggvason creyó en el Dios de Santa Sunniva y empezó la cristianización del país.

Abunda la creencia de que la cristianización de Noruega comenzó en Dragseidet, en los remotos confines de la región noroccidental del país, el año 996. Allí reunió el monarca a los enviados de cuatro provincias, dando la orden de marcha. El año 997, el cristianismo era aceptado como ley por la asamblea legislativa y judicial ("Gulatinget") de la región meridional y occidental del país, con sede en Gulen, provincia de Sogn og Fjordane.

De predio en predio

El rey Olav y sus seguidores comenzaron cristianizando a la clase alta y los prohombres. Luego tuvieron que ir ganando linaje por linaje, hacienda por hacienda. El advenimiento del cristianismo fue una verdadera revolución cultural en el país: la fe de la Europa Occidental desplazó a las antiguas creencias escandinavas. La nueva Iglesia llegó a ser parte integrante de la existencia de todo el pueblo noruego, tanto creyentes como no creyentes.

La población tuvo que ser "influida" -por utilizar una expresion moderna- durante dos siglos antes de completarse la cristianización del país. Y los medios empleados no fueron particularmente piadosos.

Cuenta la saga que Olav Tryggvason mandó construir una iglesia de madera en la gruta donde fue hallada Santa Sunniva. ¿Qué había sucedido?. Existen varias leyendas, pero no difieren mucho unas de otras:

Sunniva era hija de un rey de Irlanda, donde el cristianismo había arraigado pronto. Al ser obligada a contraer matrimonio con un caudillo pagano, Sunniva huyó hacia Oriente, en una embarcación sin velas ni remos. Llegó a la isla de Selja, pero los gentiles, acaudillados por el conde Håkon, intentaron matarla –o al menos ahuyentarla–, pues no querían extranjeros en sus dominios. Ante el acoso, Sunniva y sus seguidores se refugiaron en una gruta de la isla. Allí rogaron a Dios que enviara a sus ángeles para hendir la roca y enterrarlos bajo ella. La roca se agrietó, abatiéndose sobre los fugitivos, y sus almas ascendieron al cielo en una extraña columna de luz que se podía ver desde tierra firme, y se esparció una dulce fragancia.

Olav Tryggvason se enteró de lo sucedido. En 996, al reunir los restos mortales de los mártires, se encontró, entero e ileso, el cuerpo de Sunniva, que fue depositado en un relicario y luego sería llevado a Bergen, junto con la silla episcopal, en 1170. Selja fue la primera diócesis de Vestlandet, le región occidental de Noruega, a pesar de que la Iglesia de Roma prefería centros urbanos para tal fin. El folclorista Kjell Bondevik cuenta que las reliquias de Sunniva fueron lugar de peregrinación de los fieles durante siglos; en mayor número que hoy día acude la genta a Selja como turistas. Se dice que ocurrieron milagros en el lugar donde los fugitivos habían sufrido martirio. Ahora la fe de aquellos extranjeros es nuestra fe, y su cultura, la nuestra.

El niño que se lleva a bautizar a la iglesia en 1995, el mismo bautismo que Olav Tryggvason recibió hace mil años, no sabe nada de la Historia de Noruega. Pero la Historia de Noruega ejercerá gran influjo en la vida del niño.

El autor del artículo, Erling Bø (n. 1957), es secretario de redacción del periódico "Verdens Gang". Ha estudiado filosofía y sociología en la Universidad de Oslo. Durante once años fue periodista y redactor del diario (cristiano) "Vårt Land".

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Producido por Nytt fra Norge para el Ministerio de Asuntos Exteriores en mayo de 1995. El contenido del artícules a título personal de su autor. Se permite la reproducción.Impreso en mayo de 1999.