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Historia de Noruega

Los primeros pobladores de Noruega surgen de la oscuridad prehistórica al retirarse los glaciares continentales (innlandsis) que cubrían Escandinavia. Hace unos 10.000 años, los primeros antecesores del pueblo noruego llegaron persiguiendo al reno y otras presas de caza, adentrándose por el territorio hacia el lejano Norte. El país que recorrían había estado cubierto por inmensas masas heladas durante milenios; y la línea costera se alzaba 200 metros más sobre el nivel del mar que en la actualidad. Los restos de actividad humana más antiguos que se conocen se encuentran en un cerro de la provincia de Østfold, no lejos de la frontera meridional con Suecia. Probablemente, la colina fue en otro tiempo una isla situada frente al litoral, al sur del borde de las masas heladas.

Por Tor Dagre

No se sabe con certeza de dónde procedían los primitivos noruegos, ni que rutas siguieron hacia el Norte. Seguramente, una de ellas pasaba por Østfold. Los hallazgos en poblados de esa zona son del mismo tipo que los descubiertos en Suecia meridional y Dinamarca. Otro camino posible podría haber sido desde el llamado continente del mar del Norte al SO. de Noruega.

Los primeros noruegos eran un pueblo cazador que vivían en pequeños grupos allí donde las condiciones naturales lo permitían. Se han encontrado vestigios de aquellos primitivos pobladores en forma de herramientas de sílex, vasijas de barro y, sobre todo, grabados rupestres. En todas las regiones del país se han hallado ejemplos de este arte prehistórico, tallados en rocas y cavernas. Las figuras representan presas de caza: reinos, ciervos alces, osos y peces; y más raramente, hombres y embarcaciones.

La transición a la cultura agrícola comenzó en Noruega hace cinco o seis milenios; primero en la región que rodea el fiordo de Oslo. En el material arqueológico de la Edad del Bronce (1.500-500 a.C.) predominan las forma culturales de la agricultura, especialmente en la Noruega meridional, mientras que el Norte se han hallado considerables restos de actividad cazadora pertenecientes al mismo período. En muchos lugares de Finnmark hubo numerosos poblados de cazadores que atestiguan una intensa actividad colectiva en ciertas épocas del año.

En los hallazgos funerarios de la época romana (0-400 d.C.) se han encontrado pruebas del contacto con los países civilizados del Sur: cazuelas de bronce, vasos, armas. La escritura, en forma de caracteres rúnicos tallados, también se conocía en Escandinavia por aquella época.

El período de las grandes migraciones (400-450 d.C.) fue una época efervescente en Europa. Los hallazgos realizados en Noruega indican que también fue turbulenta en ese país. Hasta entonces, en la región meridional (Sørlandet), había habido granjas en plena actividad en las comarcas marginales, lo que muestra que la expansión demográfica había alcanzado su punto de saturación. Por otra parte, análisis de polen indican que las regiones costeras occidentales estaban, por aquel entonces, totalmente deforestadas. La turbulencia de la época obligó a las comunidades tribales a erigir forticaciones. En la ribera oriental del lago Mjøsa se encuentran todavía tales obras de defensa diseminadas por una zona de 50 km.

La época de los vikingos (aprox. 800-1050 d.C.)

La época de los vikingos (o normandos) marca el final del período prehistórico en Noruega. Siguen faltando testimonios escritos, y el estudio de esa época se base, principalmente, en hallazgos arqueológicos. No obstante las sagas nórdicas también sirven de fuente de conocimiento del período. Estas leyendas poéticas están basadas en la tradición oral. En conjunto, sabemos que la época de los vikingos debe haber sido, sin comparación, la de mayor esplendor de la era prehistórica en los países nórdicos.

El saqueo del monasterio de Lindisfarne, en la costa oriental de Inglaterra, el año 793, marca, para muchos, el inicio de la era vikinga. En gran parte de Europa occidental y meridional, se sigue creyendo que los vikingos eran unos crueles depredadores que, incendiando y asesinando, robaban y sembraban la desolación. Esto, empero, es sólo una cara de la verdad: las expediciones de los normandos también significaron pacífica actividad comercial y colonización. Los vikingos noruegos se afincaron en las islas Orcadas, Shetland, Hébridas y Man, y también mostraron interés por la Escocia septentrional e Irlanda. Dublín, fundada por los normandos en el decenio de 840, fue la sede de un reino nórdico hasta 1171.

En Islandia y Groenlandia, los vikingos noruegos descubrieron tierras deshabitadas. Se afincaron allí y crearon unidades político-administrativas. La nación islandesa actual tiene sus raíces en la colonización vikinga. En Groenlandia, por el contrario, las comunidades fundadas por los antiguos noruegos se extinguieron al cabo de unos siglos. Sus causas son desconocidas.

En su mayor parte, los vikingos noruegos procedían de la región meridional y occidental del país. Sus incursiones en tierras foráneas aliviaban la presión demográfica en distritos donde la base económica estaba poco menos que agotada. Por el contrario, en la región oriental y en el Norte, tuvo lugar una "colonización interior", cultivándose la tierra y desarrollándose otras actividades económicas en territorios deshabitados hasta entonces, particularmente en valles y comarcas montañosas.

Una condición previa de las expediciones de los normandos era su capacidad para construir naves veloces y marineras y orientarse en mar abierto. El hecho de que los vikingos llegaran hasta América en varias ocasiones demuestra su dominio del arte de la navegación. Las sagas cuentan que fue Leiv Eiriksson quien descubrió "Vinland" el año 1001, pero hoy día se cree que otros vikingos habían visitado el continente americano antes que él. La era vikinga concluye en el año 1066 con la derrota de Harald Hardråde y su ejército en Stamford Bridge (Inglaterra).

Unificación de Noruega

Hasta el siglo IX no existió ningún sentido de comunidad en los territorios que, más tarde, compondrían el reino de Noruega. Sin embargo, por aquel tiempo, hubo cierta actividad unificadora que resultó en unidades político-administrativas de dos tipos:

•distritos judiciales organizados en torno a la asamblea nacional (allting), y

•pequeños reinos.

Seguramente, el proceso fue impulsado por varias fuerzas. En particular, los campesinos sentían necesidad de paz, sobre todo en las comarcas costeras, debido, entre otras cosas, a la inquietud y el temor causados por el acoso de los piratas y, también, por la conducta de los vikingos regresados del extranjero. Por aquella época, las zonas del litoral habían acumulado enormes riquezas, fruto del saqueo y el comercio. Allí gobernaban reyezuelos cuyas relaciones mutuas- bien por parentesco o matrimonio-, les daban fuerza y capacidad de acción.

Los reyezuelos de Viken (las comarcas que circundan el fiordo de Oslo) se distinguieron en el proceso de unificación, sometiendo a su poder cada vez más territorios. A raíz de la batalla naval de Hafrsfjord (probablemente en el año 872), Harald Hårfagre consolidó su posición como soberano de gran parte de Noruega. El proceso de unificación continuó durante varios decenios, salpicado con sangrientos combates entre nobles noruegos y entre éstos y otros caudillos nórdicos. Parecer ser que, hacia 1060, la unificación de Noruega en un solo reino era un hecho.

El advenimiento del cristianismo

La cristianización de Noruega tuvo lugar a lo largo de mucho tiempo, tal vez un par de siglos. La evolución fue resultado de los contactos con los pueblos cristianos de Europa a través de las relaciones comerciales y las incursiones de los vikingos. También la actividad misionera de las Iglesias de Inglaterra, Alemania y Dinamarca contribuyó al retroceso de las viejas creencias paganas. El proceso de cristianización culminó con los tres reyes "misioneros": Håkon Adalsteinfostre, Olav Trygvason y Olav Haraldsson. La muerte del último en la batalla de Stiklestad, en 1030, le dio fama de santo y aceleró la victoria de la Iglesia.

Desde mediados del siglo XI, la legislación, las epopeyas y los monumentos atestiguan el arraigo de las nuevas creencias. Poco antes del año 1100 se crean las primeras diócesis, entre ellas la de Nidaros (Trondheim), donde tuvo su sede el arzobispo desde 1152. El arzobispo noruego desempeñó un importante papel político en la Edad Media. La Reforma protestante fue introducida, por decreto real, en 1537. Noruega estaba entonces sometida a Dinamarca, y la introducción de la nueva doctrina se llevó a cabo haciendo que el llamado precepto eclesial noruego-danés se aplicara también a Noruega. En los albores del siglo XVII, la Reforma luterana quedaba implantada en todo el país.

La Edad Media

En la Historia de Noruega, el año 1130 marca una línea divisoria, el final de una época. Al período de paz siguió otro de luchas intestinas que duró hasta 1227, conocido como "las guerras civiles".

Ese mismo año se asocia también con el inicio de la Baja Edad Media, una época de expansión demográfica, consolidación de la Iglesia, nacimiento y desarollo de las ciudades, una organización pública y autoridad más fuertes al someter a su dominio cada vez más territorios la Monarquía y la Iglesia. Afirman los historiadores que, por primera vez, Noruega podía llamarse un reino.

El poder real aumento en los siglos XII y XIII, acabando venciendo al clero y a la nobleza. La antigua aristocracia secular fue sustituida por una nobleza de funcionarios. También sufrió cambios la situación de los campesinos en la Baja Edad Media, que pasaron de propietarios a arrendatarios. Por lo general, éstos tomaban sus granjas en arriendo de por vida, pero tenían condición de hombres libres, cosa poco común en la mayoría de los países europeos. Los esclavos de la época vikinga desaparecieron en la Baja Edad Media.

Por aquel entonces, el centro de gravedad político de Noruega se trasladó de la región occidental (Vestlandet) a las comarcas circundantes del fiordo de Oslo. Durante el reinado de Håkon V, en el siglo XIII, Oslo se convirtió en la capital de la nación. A la sazón, la población se componía de un insignificante conglomerado de casas al fondo del fiordo de Oslo. Al advenimiento de la pesta bubónica, en 1350, se calcula que la capital no tendría, como mucho, más de 2.000 habitantes. Bergen debería tener 7.000 vecinos y Trondheim, 3.000.

A escala europea, los ingresos de las arcas del Estado eran muy modestos en la Baja Edad Media, y apenas llegaban para mantener el vasto aparato administrativo y militar de la Monarquía. La peste negra había reducido la población a la mitad, o quizá a una tercera parte, de lo que había sido antes de 1350. La evolución condujo a que el rey y la nobleza intentaran obtener ingresos con propiedades y feudos, sin tener en cuenta las fronteras nacionales, lo cual contribuyó a la creación de "uniones" políticas.

De 1319 a 1343 Noruega y Suecia formaron una unión dinástica, institución que se fue ampliando, entre otras cosas, mediante matrimonios reales interescandinavos. Håkon VI, hijo del rey sueco Magnus Eriksson y la hija de Håkon V, Ingebjørg, era, según las normas de sucesión, el heredero legítimo de la Corona de Noruega. Håkon VI contrajo nupcias con Margrete, hija del monarca danés Valdemar Atterdag, a cuya muerte, fue elegido rey de Dinamarca el hijo de aquéllos, Olav, en 1375. En 1380 Olav sucedió a su padre en el trono de Noruega. De ese modo, Noruega se unió a Dinamarca. La unión duraría hasta 1814.

La época danesa

La Baja Edad Media representó una época de fuerte retroceso económico en Noruega. La peste bubónica y otras plagas redujeron la población en el siglo XIV. Gran número de granjas situadas en comarcas remotas fueron abandonadas. Los ingresos descendieron. Se dice que el empeoramiento del clima y el predominio de la Liga Hanseática en la economía noruega fueron las causas de tal evolución. Algunos investigadores se inclinan por creer que el agotamiento de la base económica de la agricultura debió influir, en parte, en lo sucedido.

El período de recesión en Noruega tuvo consecuencias políticas: Dinamarca aumentó su hegemonía en los países nórdicos; nobles daneses y alemanes ocuparon los principales cargos oficiales. Los predios y las diócesis, en grado creciente, fueron a parar a manos extranjeras. La nobleza noruega fue decreciendo en número rápidamente, con la consiguiente debilitación de la voluntad y capacidad de reivindicación nacional.

En 1450, la unión con Dinamarca fue refrendada mediante un tratado que garantizaba la participación del Consejo del Reino noruego en la elección de monarca, pero esta previsión nunca fue cumplida. Asimismo, ninguno de los dos reinos sería "superior al otro". En la práctica, se demostró lo contrario.

En 1536, Noruega dejó de existir como reino independiente: En una sesión del Consejo del Reino, en Copenhague, Christian III tuvo que prometer a la nobleza danesa que, en el futuro, Noruega estaría sometida a la Corona danesa como cualquier otro territorio bajo su dominio. Se abolió el Consejo del Reino noruego y la Iglesia noruega perdió su independencia. La nobleza danesa obtuvo libre acceso a los feudos noruegos y la posibilidad de beneficios económicos en Noruega.

Las estrechas relaciones entre ambos reinos fueron causa de que Noruega fuese arrastrada a las guerras de Dinamarca con Suecia por la hegemonía del Báltico. A consecuencia de ello, el monarca danés tuvo que ceder territorios noruegos a Suecia: Jemtland y Herjedalen en 1645, el feudo de Trondhjem y Båhuslen en 1658. El feudo de Trondhjem sería devuelto dos años más tarde.

En la asamblea de los estamentos celebrada en Copenhague, en 1660, fue proclamado rey Fredrik III y la monarquía declarada hereditaria, dejándose al soberano la responsabilidad de redactar una nueva Constitución para Dinamarca-Noruega. De ese modo, se implantó en ambos reinos la monarquía absoluta, circunstancia que influyó notablemente en la situación de Noruega durante el resto del período de unión con Dinamarca. Noruega, ciertamente, era gobernada desde Copenhague, pero, como los monarcas absolutos a menudo eran incapaces para dirigir las asuntos de Estado, el verdadero poder residía en los altos funcionarios públicos, lo que, en general, supuso una ventaja para Noruega, ya que la clase dirigente fue mostrando cada vez más comprensión de la situación del país, y a menudo su punto de vista prevalecía en asuntos netamente noruegos.

Durante el período de absolutismo, se siguió conscientemente una política integrista, en cuyo contexto Dinamarca y Noruega formaban una unidad económica. De ese modo, Dinamarca obtuvo el derecho exclusivo a la venta de cereales en el sudeste de Noruega (1737), mientras que un similar monopolio noruego del hierro fue implantado en Dinamarca. En virtud de los privilegios de las ciudades, todo el comercio de maderas se concentró en los núcleos urbanos, donde los ciudadanos ostentaban el derecho exclusivo de adquisición a campesinos y propietarios de serrerías. El Gobierno veía con buenos ojos la creación de una clase burguesa económicamente fuerte en las ciudades; como así sucedería.

La burguesía que surgió al calor del desarrollo económico, representaba una cierta conciencia nacional, que se manifestó sobre todo a lo largo del siglo XVIII. Ello tal vez se debiera al fuerte progreso económico experimentado por dicha clase social, pero quizá fuera determinante la creciente oposición a los esfuerzos del Gobierno por hacer de Copenhague el centro económico de todo el Estado. En la competencia con las poderosas casas comerciales de Copenhague, los comerciantes noruegos difícilmente podían salir airosos.

En las postrimerías del siglo XVIII, la mayoría de las importaciones se hacían por Copenhague. Los comerciantes de maderas de Østlandet reivindicaron la creación de un Banco central para Noruega, apoyando también la pretensión del alto funcionariado de que se fundara una Universidad en el país. Estos deseos no fueron satisfechos, pues el Gobierno temía que Noruega lograra una posición más independiente, con el consiguiente debilitamiento de los vínculos entre los dos países. Poco a poco, la reivindicación de un Banco central y una Universidad en suelo noruego fue convirtiéndose en símbolo de un creciente sentimiento nacionalista.

El proceso se aceleró durante las guerras napoleónicas (1807-14). Dinamarca-Noruega era aliada de Francia, lo que, entre otras cosas, provocó un bloqueo que aisló a Noruega de la metrópoli danesa y de los mercados. El comercio de maderas y el negocio naviero quedaron paralizados; el resultado fue hambre y carestía. Al no poder ser administrada Noruega desde Copenhague, se creo una Comisión gubernamental de altos funcionarios públicos para realizar ese cometido. El rey, Frederik VI, se doblegó a la exigencia de creación de una Universidad, en 1811, la primera del país. Todo esta evolución fue preparando el terreno a los acontecimientos de 1814.

La separación de Dinamarca en 1814

En la batalla de Leipzig, en octubre de 1813, Napoleón sufrió una gran derrota. Uno de sus enemigos, Suecia, que con anterioridad había cedido Finlandia a Rusia, pretendía el dominio de Noruega para asegurarse de que su frontera occidental dejara de ser una amenaza. Sus aliados habían prometido Noruega a Suecia una vez cesadas las hostilidades.

La victoria sobre Napoleón en Leipzig fue seguida de presión diplomática en Copenhague y del ataque a la monarquía dual por el ducado de Holstein. En enero de 1814 capituló Fredrik VI, que rompió con Napoleón y cedió Noruega a sus enemigos suecos. Así acabó la unión de Noruega y Dinamarca, que había durado 434 años.

El acuerdo firmado por Dinamarca y sus adversarios contemplaba aspectos políticos significativos para Noruega. Se decidió que Noruega volviera a ser un reino independiente... en unión con Suecia. En una proclamación subsiguiente del monarca sueco, Carl XIII, se estableció también que Noruega sería un reino independiente con su propia Constitución libre, Asamblea Nacional, Gobierno y ordenamiento fiscal propies.

Noruega, sin embargo, no estaba dispuesta a aceptar sin más este estado de cosas. Por aquel entonces, era gobernador el príncipe Christian Fredrik, sobrino del monarca danés, quien, de acuerdo con su tío, instigó a la rebelión en Noruega para evitar la toma de posesión sueca y –sin duda– asegurar la reunificación de los reinos de la antigua Unión.

La iniciativa del príncipe resultó en la convocatoria de una Asamblea legislativa en la ciudad de Eidsvoll, que, el 17 de mayo de 1814, aprobó una Constitución y proclamó a Christian Fredrik rey de Noruega. (Hoy día, la Fiesta Nacional se celebra el 17 de mayo.)

Sin embargo, los vencedores de Napoleón no estaban dispuestos a aceptar el incumplimiento del acuerdo concertado. Se hizo presión diplomática, pero, al no conseguirse resultados suficientemente rápidos, Suecia, hacia fines de julio, emprendió una campaña con tropas aguerridas que derrotaron fácilmente a las huestes noruegas. A mediados de agosto, se firmó un tratado en Moss, en virtud del cual Suecia reconocía la Constitución de Eidsvoll, con las modificaciones necesarias para la unión de los dos reinos. El rey Christian Fredrik abdicó el 10 de octubre y abandonó seguidamente el país. Una vez más, Noruega formaba parte de otra unión.

La unión con Suecia

1814-1905

Los primeros años posteriores a 1814 fueron de pugna continua por mantener la existencia del Estado recién organizado. Por entonces, Noruega fue víctima de la peor depresión económica de su historia. El mercado común con Dinamarca fue disuelto, y el mercado británico estaba cerrado al comercio de maderas noruego. Las minas y serrerías carecían de clientes en el extranjero. Muchos magnates de Østlandet fueron a la quiebra. La crisis sería larga y profunda.

En esos años de dificultades económicas, midieron sus fuerzas la Asamblea Nacional noruega (Storting) y el poder real sueco. La Constitución fue utilizada como medio para abolir la nobleza noruega, con el fin -entre otras cosas- de que el monarca sueco no consiguiera partidarios leales en Noruega mediante el otorgamiento de títulos nobiliarios. En el año 1821, una situación crítica provocó incluso la concentración de tropas en las afueras de Cristianía (hoy, Oslo), para obligar al Storting a aceptar el aumento del poder real. Pero las propuestas del rey fueron rechazadas.

A partir del decenio de 1830, Noruega experimentó un progreso económico general, que actualizó el deseo de una legislación mercantil y arancelaria más liberal. Se amplió el derecho a desarrollar actividades comerciales, y las tarifas aduaneras adquirieron un carácter más librecambista. En otros campos, Noruega participó también del desarrollo europeo general. El primer ferrocarril del país, que hacía el recorrido Cristianía-Eidsvoll, fue inaugurado en 1854. Se tendieron líneas de telegrafo. En la agricultura se introdujeron nuevos métodos de explotación.

En el curso del decenio de 1840 se creó el fundamento de la industria moderna con el establecimiento de las primeras fábricas textiles y talleres mecánicos. Entre 1850 y 1880 aumentó la flote mercante noruega de forma espectacular.

El desarrollo económico fue acompañado de un recrudecimiento de los antagonismos sociales. También en Noruega, la Revolución de 1848 tuvo consecuencias para el movimiento político de la clase obrera. La exigencia de reformas democráticas se hizo más patente.

En el Parlamento, aumentó gradualmente la rivalidad entre los representantes del grupo de altos funcionarios civiles encargados de la administración de la nación, y los diputados que defendían los intereses de campesinos y radicales. Ya en el año 1833, la Asamblea Nacional contaba con una mayoría agraria. En 1859 fracasó el primer intento de creación de un partido político; pero, diez años más tarde, surgió el primer bloque liberal, aunque no organizado como partido. El primer partido político, el radical Venstre (liberal) fue fundado en 1884, y su homólogo conservador, Høyre, algunos meses más tarde.

Las divergencias con el poder real sueco se hicieron pronto más patentes en el contexto de la Unión, sobre todo porque la política exterior, en su totalidad, era dirigida desde Estocolmo. Ya en 1827 el Storting había pedido al soberano que el primer ministro noruego pudiera participar en la discusión de los asuntos diplomáticos. También se intentó reafirmar la igualdad de condiciones con Suecia en el ámbito de la Unión; por ejemplo, reivindicando pabellón propio para la Marina mercante noruega.

No obstante, la verdadera pugna con el poder real se suscitó al plantearse la cuestión de la introducción del parlamentarismo, el principio de Derecho Público por el que un Gobierno debe tener la confianza de la Asamblea Nacional para poder seguir en el poder. Como condición previa, el Storting aprobó, en 1874, 1879 y 1880, enmiendas a la Constitución que posibilitaban el acceso de los ministros a los debates y deliberaciones parlamentarios, pero, en las tres ocasiones, el Rey denegó su sanción.

Entonces se planteó la cuestión de si las enmiendas constitucioneles requerían la aprobación del Rey y del Storting. El Gobierno y los diputados conservadores opinaban que sí. Los liberales, por su parte, estaban decididos a llevar adelante el asunto mediante el procesamiento del Gobierno. Después de la campaña electoral de 1883, llevada con una violencia sin igual, el Partido Liberal obtuvo 82 representantes en el Storting, contra 32 de los conservadores. El Gabinete Selmer fue procesado y, en 1884, condenado por haber "delinquido en sus funciones", en primer término por haber desaconsejado la sanción real de la cuestión ministerial. El Rey se vio obligado a destituir al Gabinete Selmer. Después de un interludio con otro gobierno conservador, el soberano tuvo que nombrar primer ministro al líder del partido Liberal, Johan Sverdrup. El parlamentarismo había triunfado en Noruega.

Con los liberales en el poder, se alcanzaron varios de los objetivos principales del Partido: el sistema de jurados, un nuevo régimen para el Ejército, una nueva ley de educación primaria.

Hacia finales del siglo XIX, se recrudecieron los antagonismos políticos en torno a la cuestión de la Unión. La exigencia, por parte de Suecia, de que el ministro de Asuntos Exteriores de la Unión hubiera de ser sueco, y la reivindicación noruega de un cuerpo consular propio, derivaron en una acerba rivalidad. El poderío militar sueco impedía a Noruega la realización de sus propósitos. Como contrapartida, Noruega reforzó considerablemente su organización militar en las postrimerías del siglo XIX.

A la postre, sería la cuestión consular lo que provocara la confrontación final entre las dos naciones. El 11 de marzo de 1905 se formó el Gabinete Michelsen para hacer prosperar la cuestión consular como acto unilateralmente noruego. El 7 de junio, el Gobierno renunció a su poder en favor del Storting, que, a continuación, pidió que el Gobierno continuara provisionalmente, de conformidad con la Constitución y la legislación vigente y "con las modificaciones necesarias para que la unión dinástica con Suecia sea disuelta por haber dejado el Rey de actuar como monarca noruego".

Bajo el punto de vista noruego, la Unión había dejado de existir. Suecia, empero, exigió la celebración de un referéndum para esclarecer si la población noruega estaba de acuerdo en la separación de los reinos, además de negociaciones para establecer las condiciones de la disolución de la Unión.

El referéndum se celebró en agosto de 1905. 368.392 se pronunciaron a favor de la disolución, y 182 en contra.

Las negociaciones con Suecia tuvieron lugar en la ciudad de Karlstad hacia fines de agosto y primeros de septiembre, acordándose una disolución pacífica bajo ciertas condiciones.

Noruega desde 1905

La cuestión de la futura forma de gobierno de Noruega suscitó agrios antagonismos. Un plebiscito resultó en una gran mayoría a favor de la monarquía, en lugar de una república. El 18 de noviembre de 1905, el Storting proclamó rey de Noruega al príncipe danés Carl, que tomó el nombre de Haakon VII e hizo su entrada en la capital el 25 de noviembre, acompañado de su consorte, la reina Maud, y el príncipe heredero Olav, posteriormente Olav V. El monarca actual del país, el Rey Harald, es hijo de Olav V, que falleció en 1991.

La separación de Suecia coincidió con un período de prosperidad económica que duró hasta la implantación de la economía de guerra, en 1914. El producto nacional bruto aumentó en un 55 por 100; es decir: un promedio anual del 4 por 100. La población creció con rapidez y aumentó el empleo. Ello era consecuencia de la segunda fase de la revolución industrial, caracterizada, en Noruega, por la utilización de energía hidroeléctrica barata y las inversiones de capital extranjero. Por primera vez se desarrolló la industria electroquímica y electrometalúrgica en Noruega, y aparecieron nuevos productos, creándose grandes empresas, como la Norsk Hydro, y nuevas plantas industriales.

A pesar del progreso económico, se experimentó una considerable emigración de Noruega a Norteamérica hacia fines del siglo XIX y principios del XX.

El movimiento obrero había hecho su aparición en la palestra política noruega antes de la separación de Suecia. Las primeras agrupaciones sindicales surgieron en 1872; el Partido Laborista (Arbeiderpartiet) fue fundado en 1887. El sufragio universal para varones se introdujo en 1898, y para la población femenina, en 1913.

En las elecciones generales de 1903, el Partido Laborista obtuvo 4 representantes en el Parlamento. En 1912, logró la adhesión del 26 por 100 del electorado y 23 escaños. Con ello, se convirtió en el segundo partido en importancia, después del Liberal. La fortaleza del movimiento obrero fue puesta a prueba en los grandes conflictos laborales –con huelgas y cierres patronales– de 1911-12. Los dos últimos años anteriores a la I Guerra Mundial se caracterizaron por una profunda radicalización del obrerismo noruego.

No obstante, la industrialización de los primeros años se tradujo en cambios relativamente modestos de la estructura social. En 1910, el 42 por 100 de la población activa todavía seguía dedicada a la agricultura y la explotación forestal. En 1920, las cifra correspondiente era del 37 por 100. Hoy día, las estadísticas indican que se ha descendido al 6 por 100.

Tras la separación de Suecia, hubo que crear un ministerio de Asuntos Exteriores y un cuerpo diplomático propio, pero se disponía de muy escasos recursos para ello. En las directrices de política exterior trazadas por el Gabinete Michelsen, en 1905, se hacía resaltar la conveniencia de mantener a Noruega al margen de alianzas que pudieran involucrar a la nación en acciones bélicas. Esta política de neutralidad gozaba del apoyo popular. Por otra parte, Noruega participó activamente en la labor impulsora de acuerdos arbitrales internacionales.

Durante la I Guerra Mundial, Noruega se mantuvo neutral. Sin embargo, su flota mercante sufrió grandes pérdidas debido a la guerra submarina y los hundimientos causados por las minas. Alrededor de 2.000 marineros perdieron la vida. Por otra parte, las coyunturas económicas de la guerra proporcionaron considerables beneficios, que posibilitaron la readquisición de grandes empresas noruegas en manos de compañías extranjeras (Borregaard, las minas de carbón de Svalbard, etc.). En virtud del tratado firmado a raíz del final de la guerra, Noruega consiguió, en 1920, seguir manteniendo su soberanía sobre Svalbard.

En las elecciones generales de 1918, el Partido Liberal perdió su mayoría en la Asamblea Nacional. Hasta los comicios de 1945, ningún partido político detentó la mayoría en el Storting, lo que provocó una turbulenta situación parlamentaria. En 1928, se encomendó a los laboristas la formación de su primer gobierno, que fue derrocado, al cabo de sólo 19 días, por la mayoría no socialista del Storting

Con anterioridad a la formación del gabinete laborista, el partido había atravesado un período agitado. Entre otras cosas, estuvo afiliado, de 1921 a 1923, a la Internacional comunista. Tras la ruptura, provocada –entre otras cosas– por la exigencia de reconocer la "dictadura del proletariado", el Partido Laborista experimentó progreso en las urnas.

El cambio coyuntural de la economía mundial, en 1920, afectó también a Noruega. La política monetaria del Gobierno intensificó los problemas. El comercio y el sector naviero sufrieron grandes pérdidas. Varios bancos fueron a la quiebra. Descendió la cotización de la corona, y la escasez de divisas se dejaba sentir. Los ingresos del Tesoro Público escasearon y muchos municipios padecían dificultades. Se redujeron los salarios, elevados por sentencia arbitral, en 1920, ante las protestas violentas de los trabajadores, que, a la sazón, estaban influidos por ideas revolucionarias. Hubo conatos de creación de guardas "rojas" y "blancas". El desempleo se mantuvo a un alto nivel hasta el estallido de la II Guerra Mundial.

Sin embargo, en 1932, comenzó un período de prosperidad económica que se tradujo en una mejora espectacular de la balanza comercial. De 1935 a 1939, la renta nacional aumentó en más de 1.400 millones de coronas, cifra considerable en aquellos tiempos.

Desde 1920, Noruega fue miembro de la Sociedad de las Naciones, renunciando a su anterior política aislacionista. La cooperación internórdica, iniciada durante la I Guerra Mundial, siguió fomentándose en el seno de la Sociedad de las Naciones, donde los países nórdicos manifestaban su apoyo a las medidas para el mantenimiento de la paz, aunque evitando comprometerse a la aplicación de sanciones militares. El presidente del Storting, Carl Joachim Hambro, era el presidente efectivo de la Sociedad de las Naciones al estallar la II Guerra Mundial.

Ante el riesgo de conflicto armado, hacia fines del decenio de 1930, la cuestión de la defensa nacional ocupó un lugar preeminente en la polémica política Anteriormente, los socialistas se habían distinguido por su marcada oposición al presupuesto de las fuerzas armadas, postura que apoyaban en parte los liberales. Otra razón de la aversión socialista al estamento militar debe atribuirse a la circunstancia de que Vidkun Quisling -posteriormente, nacionalsocialista-, desempeñara, a principios de la década de los treinta, la cartera de Defensa, en calidad de ministro del gabinete formado por el Partido Agrario (Bondepartiet). En 1936, los laboristas volvieron al poder, con apoyo parlamentario de los agraristas. Fue nombrado primer ministro Johan Nygårdsvold. Se incrementó el presupuesto de las fuerzas armadas, aunque demasiado tarde para que pudiera influir en la capacidad militar de la nación. Al estallar la guerra, en 1939, Noruega volvió a declararse neutral.

Noruega en la II Guerra Mundial

La declaración de neutralidad no sirvió de mucho. El 9 de abril de 1940, tropas alemanas atacaron Noruega. Al cabo de dos meses de lucha, las fuerzas noruegas fueron derrotadas, pese a cierto apoyo militar por parte del Reino Unido y Francia. La familia real, el Gobierno y parte de los dirigentes militares y la administración civil acompañaron en su retirada a las fuerzas aliadas hasta Gran Bretaña. Durante la guerra, el Gobierno noruego en el exilio dirigió sus operaciones desde Londres.

La flota mercante fue el principal recurso que Noruega puso a disposición de los aliados. Contaba con 1.000 barcos y más de 4 millones de toneladas de registro bruto. En el Reino Unido se reorganizaron unidades de todas las armas del Ejército, que participaron en las batallas navales del Atlántico, en las operaciones posteriores al desembarco aliado de 1944, y en combates aéreos sobre Gran Bretaña y Europa continental. En las postrimerías del conflicto armado, y con permiso sueco, también se adiestraron efectivos militares noruegos en Suecia. Parte de ellos tomaron parte en la lucha contra los alemanes, después de que las tropas soviéticas hubieran atacado y liberado una pequeña región de Noruega, al extremo más nororiental de Finnmark. En la Noruega ocupada, la oposición de la población a los invasores aumentaba de día en día. También se organizaron efectivos militares secretos, que representaron cierta amenaza para los alemanes.

Noruega estuvo ocupada hasta la capitulación alemana, en 1945. En el momento de la rendición, había nada menos que 400.000 soldados germanos en el territorio nacional, que por entonces apenas contaba con cuatro millones de habitantes. La ocupación supuso la explotación alemana de la economía noruega; el terror nazi causaba ejecuciones y exterminaciones masivas. Pero, en comparación con otros países invadidos por los alemanes, Noruega salió relativamente bien parada de la II Guerra Mundial.

La liberación

El 8 de mayo de 1945, efectivos noruegos de la llamada Resistencia comenzaron a hacerse cargo de Gobierno en el exilio, al que acompañó, el 7 de junio, el rey Haakon, llegado a bordo de un buque de guerra británico.

De los campos de concentración alemanes volvieron también supervivientes noruegos. Al finalizar la guerra, se encontraban nada menos que 92.000 súbditos noruegos en el extranjero, de ellos, 46.000 en Suecia. Además del ejército de ocupación alemán, había 141.000 extranjeros en el país, la mayoría prisioneros de guerra, y de ellos, 84.000 soviéticos.

Durante los años de guerra, el poder ocupante había acaparado el 40 por 100 del producto nacional. A eso había que añadir los estragos de la guerra, muy considerables. A consecuencia de la "táctica de tierra quemada", practicada por el ejército alemán en retirada, grandes zonas de Finnmark fueron arrasadas. Otras ciudades y pueblos quedaron destruidos por los bombardeos o incendios del enemigo.

En total, 10.262 noruegos perecieron en acciones bélicas o en cautiverio. Alrededor de 40.000 estuvieron encarcelados durante la guerra.

A raíz de la liberación, el consenso político otorgó prioridad a la reparación de los estragos de la guerra.

En las elecciones generales del otoño de 1945, el Partido Laborista obtuvo mayoría absoluta y formó gobierno con Einar Gerhardsen como primer ministro. Hasta los comicios de 1961, el partido mantuvo su posición mayoritaria. En 1963, al Gobierno laborista perdió una votación debido a las circunstancias en torno a un accidente en las minas de Svalbard, lo que produjo la formación del primer gobierno no socialista de posguerra, con el conservador John Lyng como primer ministro. Al cabo de breve tiempo, el Gabinete Lyng fue derribado.

El objetivo del Gobierno era reconstruir la nación en el curso de un quinquenio. Se pretendía acelerar el proceso de industrialización apostando por la industria pesada. El desarrollo fue más rápido de lo que esperaban los políticos. En 1946 la producción industrial y el producto nacional sobrepasaban ya las cotas de 1938. En 1948/49 el capital real estaba muy por encima del nivel de anteguerra. Para el pueblo noruego, los años siguientes fueron de continuo progreso y crecimiento.

Durante los primeros años de la posguerra, Noruega desempeñó un modesto papel en el ámbito de la política exterior. El propósito era mantenerse al margen de eventuales conflictos entre las grandes potencias y de la formación de bloques. Se confiaba en que la ONU, cuyo primer secretario general fue el noruego Trygve Lie, brindara suficiente seguridad. Esa seguridad sustituiría a la garantía británica, en la que habían confiado los gobiernos noruegos antes de 1940, pero que había resultado ineficaz ante el ataque alemán. Con todo, los vínculos con Occidente eran muy fuertes.

Conforme fue aumentando la tensión entre el Este y el Oeste, la orientación de la política exterior fue cambiando. Noruega se acogió al Plan Marshall, aunque al principio con ciertas reservas. De la ayuda Marshall, Noruega recibió alrededor de 2.500 millones de coronas durante el período 1948-51.

La toma de poder comunista en Checoslovaquia, en 1948, y la propuesta soviética de formar una alianza con Finlandia según el modelo del Este, provocaron fuertes reacciones en Noruega. Después de un interludio en el que no se logró establecer una alianza defensiva internórdica, Noruega, junto con Dinamarca, se adhirió a la OTAN en 1949. Desde entonces, la opinión pública siempre se ha mostrado favorable a que Noruega siga perteneciendo a la Alianza Atlántica.

En el ámbito de la política interior, los socialdemócratas otorgaron gran importancia a combatir la influencia comunista en la vida política y en organizaciones masivas, como los sindicatos. Su empeño fue coronado por el éxito: Mientras que los comunistas, en las primeras elecciones de la posguerra (1945), obtuvieron 11 escaños de los 150 del Storting, su representación se redujo a cero en 1949. Posteriormente, su ascendiente en el país ha sido marginal; los dos partidos comunistas no sobrepasan en la actualidad el uno por ciento en las encuestas de opinión, lo que, naturalmente, no supone representación alguna en la Asamblea Nacional.

Los años de posguerra se caracterizaron por el progreso constante de la economía noruega, que fue aprovechado, entre otras cosas, para crear un Estado de bienestar con menores diferencias sociales y económicas que en otros muchos países occidentales.

En el decenio de 1960, Noruega entró en la "era del petróleo". La prospección en el mar del Norte descubrió ricos yacimientos, base de una producción considerable de petróleo y gas natural. Posteriormente, también se han descubierto yacimientos en el mar de Noruega y el mar de Barents. La mayor producción del sector tiene lugar actualmente en el mar de Noruega, a la altura de la región central del país.

La era del petróleo ha supuesto una amplia reestructuración de la economía noruega. Debido al fuerte aumento del nivel de costes, la industria tradicional ha sufrido dificultades competitivas en el plano internacional, y ha sido desarbolada notablemente. La economía noruega adolece de problemas que gobiernos de distinto color político tienen dificultades en solucionar. Con el tiempo, las cifras del desempleo también vienen suponiendo una carga, aunque se sitúan entre las más bajas de Europa.

Noruega y la Unión Europea

Sin embargo, el mayor problema con que se ha enfrentado la política noruega en la época de posguerra es la cuestión del ingreso en la Comunidad Europea, más tarde la Unión Europea. A raíz de la victoria electoral de 1965, se formó un gobierno de coalición de centroderecha, con base parlamentaria entre los partidos Conservador (Høyre), Liberal (Venstre), Centro (Senterpartiet) y Demócrata Cristiano (Kristelig Folkeparti), y con Per Borten del Partido del Centro como primer ministro. Con la solicitud de ingreso en la CE del Reino Unido en 1967, el Gobierno se vio obligado a plantear la delicada cuestión de la adhesión de Noruega. El parlamento acordó entonces, con 136 votos en favor y 13 en contra, renovar la solicitud anterior, del año 1962.

La solicitud desató una fuerte controversia en la opinión política noruega. Las divergencias se fueron polarizando, y el Gabinete Borten reventó en 1971. Un gobierno formado por el Partido Laborista (Arbeiderpartiet), con Trygve Bratteli como primer ministro, concluyó las negociaciones de adhesión, cuyo resultado fue sometido a un referéndum en el otoño de 1972. En el l referéndum los noruegos dijeron no al ingreso de Noruega en la CE con el 53 por ciento de los votos en contra, frente al 47 por ciento en favor.

Después de la votación, el Gobierno de Bratteli dimitió. Un gobierno de centroderecha, con Lars Korvald del partido Demócrata Cristiano como primer ministro, negoció un acuerdo de comercio con la CE, el cual estuvo regulando las relaciones entre la Comunidad y Noruega hasta principios de los años noventa.

El referéndum de 1972 sobre la CE dejó huellas en el sistema de partidos políticos del país. El partido Liberal (Venstre) quedó partido en dos nuevos partidos que cada uno perdió gran parte de su influencia. En las elecciones generales de 1973, el Partido Laborista sufrió una importante secesión de contrarios a la CE en la Noruega rural. Estos votos pasaron a la recién formada Agrupación Electoral Socialista (Sosialistisk Valgforbund), que absorbió también el Partido Popular Socialista (Sosialistisk Folkeparti) y a muchos votantes comunistas. La Agrupación obtuvo 16 representantes en el Storting, y se convirtió más tarde en el Partido Socialista de Izquierda (Sosialistisk Venstreparti), que actualmente cuenta con el apoyo del 6 por ciento del electorado.

A pesar del retroceso de 1973, el Partido Laborista dirigió un Gobierno de minoría hasta 1981. En esa fecha, el partido Conservador adquirió el poder gubernamentivo con Kåre Willoch como primer ministro. En 1983, el Gobierno unipartidista del partido Conservador se convirtió en una coalición de tres partidos, con representantes de los partidos Conservador, Demócrata Cristiano y del Centro. Los Gabinetes Willoch gozaron de mayoría parlamentaria de 1981 a 1985. Después de las elecciones legislativas de este último año, los dos representantes del Partido del Progreso (Fremskrittspartiet), de tendencia liberalista, se encontraban en posición bisagra entre los dos grandes bloques de la asamblea nacional. En una votación, el Partido del Progreso votó junto con los representantes socialistas y socialdemócratas, provocando la caída del Gobierno.

Con la excepción de aproximadamente un año de interrupción, de 1989 a 1990, el Partido Laborista ha gobernado el país desde una posición minoritaria, siempre con la señora Gro Harlem Brundtland como primera ministra.

Durante el breve intervalo de 1989 a 1990, el país tuvo un gobierno formado por una coalición de centroderecha, con la participación del Partido Conservador, el Partido Demócrata Cristiano y el Partido del Centro. Su primer ministro fue el conservador Jan P. Syse.

La breve vida de este Gobierno se debió a que había vuelto a plantearse la cuestión del ingreso de Noruega en la Unión Europea. Las diferencias, especialmente entre el Partido Conservador (partidario de la adhesión) y el Partido del Centro (contrario a la CE), venían acentuéndose hasta que se rompió la coalición.

En un nuevo referéndum convocado en el otoño de 1994, el pueblo noruego volvió a rechazar el ingreso de Noruega en la UE. El 52,5 por ciento del pueblo votó en contra, mientras que el 47,5 por ciento votó en favor. También esta vez la cuestión europea despertó gran interés: De hecho, la participación alcanzó el 88,5 por ciento, el 9,4 por ciento más que en 1972.

Suecia, Finlandia y Austria acababan de aprobar el ingreso de sus países en la UE, lo cual implicaba la salida de los mismos de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), de modo que este organismo desde principios de 1995 sólo comprendía los países de Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein.

Contrario al Gobierno laborista de Trygve Bratteli, que en 1972 dimitió después de su derrota en la cuestión de ingreso en la CE, el Gabinete Brundtland continuó 22 años más tarde como si nada hubiera ocurrido.

A pesar de la intransigencia entre los polos opuestos del referéndum de 1994 - tanto entre los distintos partidos políticos como dentro de los mismos, entre profesiones y en la relación ciudad-campo, la situación se fue "normalizando" bastante pronto.

La líder del Partido del Centro, Anne Enger Lahnstein, la indiscutible "reina del no" del debate sobre la UE, combatía durante el período posterior al referéndum lo que su partido llamaba "la continua adaptación a la UE". Sin embargo, esto no pudo impedir que el Partido del Centro sufriera un importante retroceso en las elecciones locales de 1995.

Habrá tranquilizado a muchos la declaración de Gro Harlem Brundtland de que Noruega probablemente no volverá a buscar nuevas negociaciones de adhesión a la UE durante este siglo.

También es muy importante el acuerdo sobre el Espacio Económico Europeo (EEE), firmado entre los países de la UE y EFTA en 1992, el cual asegura la participación noruega en el desarrollo del EEE, ofrece acceso al mercado interior de la UE y abre paso a la colaboración en una serie de áreas afines.

Gracias al acuerdo, la industria noruega gozará de las mismas condiciones competitivas que los demás países de la EFTA y la UE en el mercado europeo occidental. También se han establecido instituciones en las que Noruega podrá influir en la elaboración de nuevas regulaciones en las áreas cubiertas por el convenio.

El autor del artículo, Tor Dagre, es ex redactor de Nytt fra Norge.

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Producido por Nytt fra Norge para el Ministerio de Asuntos Exteriores en enero de 1996. El contenido del artículo es a título personal de su autor. Se permite la reproducción. Impreso en abril de 1999.